Había que ganarle a Inglaterra y, cueste lo que cueste, el domingo la Argentina irá por una nueva hazaña. A la hora de la verdad, en los grandes acontecimientos, el gen del jugador argentino volvió a levantar las banderas del fútbol. La última media hora de la Argentina contra Inglaterra va a quedar guardada en las páginas más extraordinarias de la Selección Argentina de todos los tiempos.
Argentina jugó el partido que en todo momento el juego le pidió, con más temperatura, con más músculo en el primer tiempo, con temple y carácter para recuperarse del único error que cometió a lo largo de todo el juego. Partido grande, partidos de detalle. Y si fallás en un detalle, te terminan convirtiendo.

En esa última media hora en donde el equipo fue igual que contra Egipto, pero ahora no solo con el corazón, sino también con el fútbol. Un vendaval que arrolló, que pasó por arriba, con todas las aristas, con todos los argumentos, con todos los matices a una Inglaterra que vio el parche dorado del campeón del mundo y algo lo paralizó.
Lágrimas por donde uno mira. Lágrimas de Messi, lágrimas de Enzo Fernández, lágrimas de Giuliano Simeone. Lágrimas de alegría, lágrimas de emoción, lágrimas de sentir que lo que estaban haciendo era escribir la historia en tiempo real con un público que acompañó, que no dejó de alentar y que en el cierre de una inolvidable jornada en Atlanta, como si nos volvieran a guiñar un ojo, cantaron que el domingo “cueste lo que cueste”.
Cueste lo que Cueste: Román Iucht y equipo analizan el Argentina vs Inglaterra
El texto corresponde a la apertura de Cueste lo que Cueste del jueves 16 de junio