El 24 de junio de 1990, el Estadio de los Alpes en Turín fue el escenario de uno de los enfrentamientos más desiguales y recordados de la historia de los Mundiales. Argentina llegó al cruce de octavos de final tras una fase de grupos irregular, mientras que Brasil ostentaba un favoritismo absoluto.
Durante los primeros 80 minutos del encuentro, el dominio brasileño fue abrumador. El equipo dirigido por Sebastião Lazaroni estrelló tres balones en los postes defendidos por Sergio Goycochea. La resistencia argentina parecía una cuestión de azar frente al asedio constante del conjunto rival.
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Diego Armando Maradona jugaba infiltrado debido a una inflamación severa en su tobillo izquierdo. A pesar del dolor físico y la marca personal de los volantes brasileños, el capitán argentino esperaba una única oportunidad para desequilibrar el planteo defensivo del Scratch en Turín.
La jugada de Maradona y la definición de Caniggia en Turín
En el minuto 81, Maradona inició una carrera desde el círculo central que cambiaría el destino del partido. Tras eludir a Alemão y resistir el embate de Dunga, el astro argentino visualizó el desmarque de Claudio Caniggia, quien trazaba una diagonal profunda hacia el área de Taffarel.
La precisión del pase entre líneas de Maradona dejó a Caniggia solo frente al arquero brasileño. El delantero del Atalanta, haciendo gala de su velocidad característica, controló el balón con un toque sutil hacia afuera, desparramando al portero antes de definir con el arco vacío.

"Diego me la dio justa, solo tuve que amagar y empujarla", recordó Caniggia en una entrevista técnica años después. El impacto emocional del gol fue inmediato. Argentina, que había sido dominada tácticamente, se ponía en ventaja a falta de pocos minutos para el cierre del encuentro.
El planteo de Carlos Salvador Bilardo se centró en la solidez defensiva y el aprovechamiento máximo de las transiciones rápidas. La estructura táctica argentina resistió los embates finales de Careca y Müller, consolidando una victoria que es considerada un milagro deportivo por la prensa.
En su libro Yo soy el Diego, Maradona describe la jugada como un momento de lucidez absoluta donde el espacio se abrió de forma inesperada. La asistencia del "Diez" es estudiada en escuelas de fútbol como el ejemplo perfecto de visión de juego bajo una presión defensiva alta.
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El diario deportivo El Gráfico calificó el desempeño de Sergio Goycochea como fundamental para mantener el arco en cero antes del gol. Las intervenciones del arquero permitieron que la estrategia de contragolpe diseñada por Bilardo tuviera sentido ante la superioridad física brasileña.
La eliminación de Brasil en octavos de final provocó una crisis institucional en la Confederación Brasileña de Fútbol. Para Argentina, el triunfo significó un impulso anímico que llevó al equipo hasta la final en Roma, superando posteriormente a Yugoslavia y a la anfitriona Italia.
Claudio Caniggia se consolidó como el socio ideal de Maradona en el ataque nacional. Su capacidad para interpretar los movimientos de Diego permitió que Argentina explotara las carencias del sistema de tres centrales que intentó implementar Brasil durante aquel campeonato mundial.

La narración de Víctor Hugo Morales sobre este gol es parte del patrimonio cultural del fútbol argentino. Su descripción del recorrido de Caniggia enfatizó la frialdad del delantero para definir en un contexto de máxima tensión, sellando el destino de la selección brasileña.
Historiadores como Jonathan Wilson en Ángeles con caras sucias destacan que este partido representó el triunfo del pragmatismo argentino sobre el estilo más rígido de Lazaroni. La eficacia de una sola jugada anuló ochenta minutos de posesión y llegadas claras de Brasil.
El tobillo de Maradona, que presentaba un hematoma del tamaño de una naranja, fue el centro de las crónicas médicas de la época. Jugar en esas condiciones físicas añade un componente de épica a la asistencia que habilitó al "Pájaro" para marcar el tanto de la clasificación.
La victoria en Turín alteró el historial entre ambos países en copas del mundo. Fue la primera vez que Argentina eliminaba a su clásico rival en una instancia de eliminación directa, marcando una herida deportiva que aún persiste en el análisis de los enfrentamientos sudamericanos.
El gol de Caniggia es recordado no solo por su factura técnica, sino por la economía de recursos de Argentina. Con solo un par de toques precisos, el equipo albiceleste desmanteló una estructura defensiva que parecía inexpugnable durante toda la fase inicial del torneo.
Al finalizar el partido, los jugadores argentinos celebraron en el campo una victoria que parecía imposible tras el desarrollo del juego. La imagen de Caniggia con los brazos en alto y su larga cabellera rubia al viento quedó grabada como el símbolo de la resistencia en Italia 90.
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La prensa internacional destacó la capacidad de Maradona para influir en el resultado con un solo chispazo de talento. A pesar de sus limitaciones físicas, su presencia en el campo obligó a Brasil a mantener una vigilancia que falló en el momento más crítico del partido.
Este hito deportivo mantiene su relevancia en la cultura futbolística por la combinación de factores: la rivalidad regional, el escenario mundialista y la ejecución perfecta de un contragolpe. Caniggia y Maradona firmaron en Turín una de las páginas más brillantes del fútbol.