La situación caótica que se vivió durante el último fin de semana, con marchas y contramarchas en cuanto a la decisión de parar el fútbol, provocaron divisiones entre varios de los jugadores más importantes del medio, que lentamente han comenzado a quedar expuestas.
Cuando Jorge “Potro” Domínguez salió el domingo a declarar una huelga que finalmente la mayoría de los protagonistas no acató, la unidad presuntamente alcanzada en la reunión del viernes en el Hotel Hilton comenzó a resquebrajarse. En aquel encuentro, la consigna había sido clara: si pasaba algo más, los jugadores irían todos al paro.
Pero las presiones pudieron más y, salvo los jugadores de Banfield, el resto no se mostró tajante a la hora de tomar la decisión de no entrar a la cancha. En la reunión que se sostuvo el lunes en la sede de Futbolistas Argentinos Agremiados (FAA), las diferencias quedaron expuestas: Javier Sanguinetti y Christian Luchetti, representantes del “Taladro” prefirieron mantenerse al margen, al igual que Juan Sebastián Verón y Martín Palermo, dos de los que se habían puesto al frente de los reclamos.
Ahora, aunque siempre se mencionen los remanidos “códigos del fútbol”, las palabras de algunos jugadores permiten darse una idea de las internas que entre ellos han surgido. Gastón Sessa, el arquero de Vélez Sarsfield reconoció, por ejemplo, que a los jugadores de Banfield los habían dejado solos, según una nota publicada hoy por el diario Clarín.
Luchetti y Sanguinetti quedaron muy molestos luego de comprobar que fueron los únicos que quisieron respetar a rajatabla lo acordado el viernes. “Se ve que los intereses económicos son más importantes que la vida humana”, disparó el arquero del equipo del sur.
Las actitudes tomadas por unos y otros derivó en la ausencia de algunos jugadores en la última reunión que se realizó el lunes en Agremiados. Marcelo Gallardo, capitán de River, manifestó que “ hubiera sido bueno que estuviéramos todos”. Otros reconocieron no sentirse representados por el gremio e incluso se mencionaron preferencias entre el “Potro” Domínguez y Sergio Marchi.
Quien fue más claro a la hora de definir el conflicto fue Franco Peppino, jugador de Belgrano de Córdoba: “Se analizaron las actitudes de algunos muchachos que no son buenos colegas”.