El 10 de julio de 2021 quedó grabado en los libros de historia del fútbol sudamericano como la jornada en la que la Selección Argentina recuperó su trono continental. El escenario para tal acontecimiento no pudo ser más emblemático: el mítico Estadio Maracaná de la ciudad de Río de Janeiro.
La victoria por 1-0 sobre Brasil representó mucho más que la obtención de un trofeo para el conjunto dirigido por Lionel Scaloni. Significó el cierre de una etapa de frustraciones que se extendió por 28 años, desde aquella consagración en la Copa América de Ecuador en 1993.
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Lionel Messi, el emblema y capitán del equipo nacional, llegó a esta instancia tras haber disputado cuatro finales previas con la selección mayor sin éxito. Su perseverancia fue el eje central de una narrativa deportiva que mantuvo en vilo a millones de aficionados durante todo el mes.
El torneo se desarrolló bajo condiciones excepcionales debido a la situación sanitaria global por la pandemia de coronavirus, lo que obligó a realizar cambios de sede de último momento. Originalmente prevista para Argentina y Colombia, la competencia terminó trasladándose a tierras brasileñas por decisión de CONMEBOL.
El impacto de Messi en la consagración argentina en Brasil
El camino del seleccionado argentino en el Grupo A comenzó con un empate ante Chile, seguido por victorias ajustadas frente a Uruguay, Paraguay y una goleada a Bolivia. En cada presentación, Messi demostró una madurez técnica y un liderazgo vocal que renovó las esperanzas locales.

Durante la fase eliminatoria, Argentina superó a Ecuador con contundencia en cuartos de final y venció a Colombia en una tanda de penales memorable. En ese duelo, el arquero Emiliano "Dibu" Martínez emergió como una figura clave para sostener las aspiraciones del capitán y de todo el grupo.
La final ante la selección brasileña se presentó como el desafío definitivo para el ciclo de Scaloni, quien había asumido el cargo en un clima de incertidumbre. El planteo táctico priorizó el orden defensivo y la explotación de las debilidades en los laterales del conjunto dirigido por Tite.
A los 21 minutos del primer tiempo, Rodrigo De Paul ejecutó un pase largo magistral que superó la resistencia del defensor brasileño Renan Lodi. Ángel Di María controló el balón con maestría y definió por encima del arquero Ederson para marcar el único gol del encuentro decisivo.
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"Necesitaba sacarme la espina de poder conseguir algo con la Selección", reconoció Lionel Messi tras el pitazo final del árbitro uruguayo Esteban Ostojich. Sus palabras, recogidas en crónicas de medios internacionales, resumieron el sentimiento de alivio y júbilo de todo un plantel nacional.
La prensa mundial destacó de forma unánime el triunfo argentino como un acto de justicia deportiva para la carrera del astro nacido en Rosario. Diarios como La Gazzetta dello Sport o The New York Times dedicaron sus portadas a la imagen de Messi siendo elevado por sus compañeros de equipo.
Con este título, Argentina alcanzó las 15 conquistas en la Copa América, igualando en aquel momento el registro histórico que ostentaba la selección de Uruguay. Además, fue la primera ocasión en que Brasil no se coronó campeón siendo el país anfitrión del prestigioso certamen.

Las estadísticas oficiales de la CONMEBOL confirmaron a Lionel Messi como el mejor jugador del torneo, liderando los departamentos de goles marcados y asistencias brindadas. Su influencia fue determinante tanto en la generación de juego como en la ejecución de pelotas detenidas clave.
El regreso de la delegación a Buenos Aires fue recibido por una multitud que rodeó el predio de la Asociación del Fútbol Argentino en la localidad de Ezeiza. Aquel trofeo significó el punto de partida para una racha de éxitos que consolidaría el ciclo conocido popularmente como la Scaloneta.
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La gesta en el Maracaná permitió que una nueva generación de hinchas argentinos viera a su selección nacional levantar un título oficial por primera vez. El liderazgo de Messi fue el motor que unificó a un grupo de futbolistas jóvenes con veteranos que buscaban su revancha histórica.
La mística del fútbol argentino se vio renovada por un triunfo que mezcló la disciplina táctica con el talento individual propio de las grandes potencias. Aquella noche en Río de Janeiro, el fútbol le devolvió a su máximo exponente el reconocimiento continental que tanto se le había negado.