sábado 10 de abril del 2021
DEPORTES San Lorenzo
02-03-2021 14:21

La muerte del fútbol | La Caja de Pandora (séptima entrega)

Así como River Plate es el "rey de las deudas", el monarca de los cheques rebotados es San Lorenzo, club que se embarcó en la innecesaria cruzada por levantar un tercer estadio.

02-03-2021 14:21

Sin cortar el cordón umbilical de la serie, apenas enganchando esta entrega de modo directo con la anterior, "El cuento de la buena pipa", cabe decir que si River Plate es el rey de las deudas, el monarca de los ‘cheques rebotados’ es San Lorenzo de Almagro, el club que preside Marcelo Tinelli, el mismo dirigente que tiene en sus manos a la Liga Profesional de Fútbol. ¿Podrá el conductor televisivo con las dos cosas al mismo tiempo, dado que aparentemente no puede con una sola, el club? ¿Dejará endeudar a la LPF como lo hace con el cuadro de su corazón? ¡Pum para arriba!

A pesar de los rezos que desde el Vaticano suben al cielo, según el Banco Central de la República Argentina, San Lorenzo que debía 473 millones de pesos un trimestre antes, en octubre 2020 ya adeudaba 657 millones (un incendiario 40% más). Sus principales acreedores son la Cooperativa de Crédito, Vivienda y Consumo y los Bancos Credicoop y Ciudad.

La luz roja está encendida. Además, en la cancha, los ‘Gauchos de Boedo’ no parecen escuchar las preces del hincha Jorge Bergoglio. No conquistan nada desde hace un lustro y en el último medio siglo, donde, por ejemplo en la actualidad, se pueden ganar hasta siete títulos por temporada, solo sumaron uno, cualquiera sea, cada cinco años; nada mal, pero tampoco nada impresionante considerando que en esta ruleta de banca abstracta algunos clubes se funden cuando ganan todo y otros por no ganar nada.

San Lorenzo no ganó nada desde hace un lustro y en el último medio siglo, donde, en la actualidad, se pueden ganar hasta siete títulos por temporada, sólo sumaron uno.

Manejo dirigencial del fútbol

 

Ganar o perder ayuda o perjudica indistintamente. No hay regla. El problema no está en los resultados deportivos, está en el manejo dirigencial. Por eso en las grandes ligas europeas se institucionalizó el fair play financiero que reza que los directivos solo pueden gastar en función de los ingresos. Como la ley nativa que prohíbe encender bengalas en las canchas, no se cumple, pero está legislada. El problema no es intrínseco al fútbol y tampoco lo son en sí sus clubes o federaciones, si no quienes los comandan con poco cerebro, ninguna conciencia, llenos de emoción, ocasionales –digamos– cleptómanos y siempre libres de castigo.

 Mientras San Lorenzo aumenta su deuda con pasos gulliverianos, doña sensatez se pregunta: ¿Construirá su innecesario tercer estadio, por segunda vez en Avenida La Plata, en el terreno cuya posesión retomó en julio de 2019?... Aun cuando uno sea acérrimo defensor de las tradiciones, no puede ignorar la reciente presentación de la maqueta ni dejar de observarse la actual realidad, el incierto futuro y las responsabilidades financieras siempre incumplidas y eternamente comprometidas. La inversión efectuada ‘ayer nomás’ –1993– para levantar el actual Pedro Bidegain irá a pérdida. Parece algo tan fuera de lugar como el flamante Coliseo del Norte, en Santiago del Estero, donde su población registra el tercer mayor índice de pobreza del país.

Además, el nuevo estadio, en caso que se haga, nunca será el ‘Viejo Gasómetro’. No solo porque perderá el nombre popular que, en todo caso (si es cierto que la motivación es cultivar la tradición) debiese repetir, cambiado ahora por un oportunista ‘Estadio Papa Francisco’, también porque no habrá tablones ni serán sus privilegiados vecinos los gigantescos depósitos de gas que lo identificaron por décadas. Los tablones están en canchas del interior del país, así como los hierros de su estructura hoy forman parte de un templo en Villa Merlo, San Luís, y los depósitos fueron demolidos. El histórico ‘Gasómetro’ ya fue. Rescatarlo sería lindo y folclórico, pero no será ‘aquel’, como el nuevo Wembley no es el antiguo Wembley donde Inglaterra se consagró campeón mundial, ni el actual Maracaná es el que vio jugar a Pelé aunque el terreno que se pise sea el mismo.

 

El problema no es intrínseco al fútbol y tampoco lo son en sí sus clubes o federaciones, si no quienes los comandan con poco cerebro, ninguna conciencia, llenos de emoción, ocasionales –digamos– cleptómanos y siempre libres de castigo.

¿Puede ‘El Ciclón’ darse ese lujo? ¿Realmente necesita resucitar una historia que no tendrá a Pontoni, Lángara o Sanfilippo, solo la ilusión de ser lo que ya no será? Precisa de un costoso palco para exhibir a pataduras como Edilio Cardozo, Matías Mirabaje o el plantel actual? Con suerte podrá responderse que el Nuevo Gasómetro se levantará “porque la gente lo pidetras habérsela estimulado para que lo pida, o “para dejar una marca y quedar en la historia”.

Nadie dirá que se hipotecó al club por capricho”, que se hará “por demagogia” o, claro, “para olvidar la cicatriz de Carrefour”. Sea el motivo que fuere, nada evitará que un ‘olor a raro’ perfume el aire de Boedo... Aun cuando a veces ‘un estadio solo es un estadio’, nadie ni nada está libre de sospechas en el fútbol y en la Argentina, lugares donde el derecho a la desconfianza suena tan legítimo como el del libre pensamiento.

Que personalmente Marcelo Tinelli apruebe su sanlorencismo a muerte con innegables diez puntos y su histórico empresarial sea el de un señor honesto y exitoso, no significa que en el mar azulgrana la red de arrastre no pesque peligrosos tiburones... Estas obras, en cualquier punto del planeta, precisan de rigurosas fiscalizaciones porque son la gran tentación de los débiles y un atractivo foco de desvío de recursos. Criticar este tipo de proyectos parece patear en contra de la nostalgia que se pregona y de la memoria por la que uno lucha, pero hasta la añoranza precisa del abrazo de la cordura. Hay aventuras que no muestran heroicidad sino desatino, a veces demencia y en muchos casos segundas intenciones. O todo junto...

Hay aventuras que no muestran heroicidad sino desatino, a veces demencia y en muchos casos segundas intenciones. O todo junto...

Que lo pida ‘la tribuna’ no significa nada. El hincha piensa con el corazón que no fue puesto en el pecho para pensar, sino para sentir. El hincha es rebaño, va para donde van todos, se lo conmueve con dos triunfos insignificantes –siempre que sean seguidos–, con un gol importante o cuatro promesas demagógicas y populistas. El fanático es harto contradictorio, recuerda fácil y olvida más fácil todavía, es una arcilla fresca, demasiado maleable, y cuando endurece exageradamente rígida.

No es material apto para construir decisiones fundamentales. Por eso los dirigentes necesitan ser lo opuesto; su primera obligación, cuando asumen, es dejar de ser meros hinchas. Tienen 90 minutos por domingo para expresarse como tales, los otros 9.990 minutos de la semana precisan encajonar esa condición y ser almas pensantes. Antes de poner el primer ladrillo, San Lorenzo debiese ser obligado a poner en cero sus deudas. No ocurrirá.

Claro que el pesimismo no transita solo las avenidas Figueroa Alcorta o La Plata, es universal, ya se dijo aquí, en otras entregas, no obstante en algunos lugares florecen islas de esperanza, mínimas dentro del vasto océano que configura el contexto general, pero están ahí para que Boca Juniors, River, San Lorenzo o cualquier otro poderoso club local los tome de modelo.

El hincha es rebaño, va para donde van todos, se lo conmueve con dos triunfos insignificantes –siempre que sean seguidos–, con un gol importante o cuatro promesas demagógicas y populistas.

El Ajax de Holanda y el Olympique de Lyon son dos casos singulares. Ambas entidades están incorporadas al fondo Mapfre AM Behavioral Fund y sus acciones crecen anualmente. Los dos se posicionaron como clubes ‘vendedores’ de jugadores y no se traicionan comprando a Lionel Messi o Neymar ni cometen locuras para ser campeones. Siguiendo ese libreto, juegan la Champions, tienen la caja saneada, son propietarios del estadio donde actúan y con los cuales respaldan las acciones, y poseen ingresos recurrentes. Vale la pena invertir en ellos. Se sabe qué van a hacer y cuáles son sus planes, a diferencia de nuestros clubes y de casi todos los demás del mundo, que son auténticas cajas de Pandora.

Podría suponerse que en esas dos instituciones nadie es amigo de lo ajeno, algo difícil de creer en, por ejemplo, los equipos ingleses que en la temporada 2017/18, según la consultora Deloitte, pagaron 2.910 millones de euros de sueldos a los jugadores de la Premier League. Tampoco puede creerse mucho en la cúpula del Barcelona, la cual en esa misma temporada y de acuerdo a un informe de Sporting Intelligence, pagó un sueldo anual promedio de 12,2 millones de euros a sus jugadores.

Son cifras que obligan a desconfiar de su pureza, no parecen leche materna, parecen clubes argentinos en momentos de rara bonanza... No obstante, lo que este parágrafo deja claro es que aun en la lama de hoy coexisten dos modelos antagónicos. El de la sensatez del Ajax que apuesta a ‘que gane el que mejor juega’ y nadie se endeuda; y la del despilfarro inglés que apuesta todo a ‘que gane el más rico’ y, antes o después, todos quedan con el culo al aire. ¿Usted, cuál prefiere?

 

Coexisten dos modelos antagónicos: el de la sensatez del Ajax que apuesta a ‘que gane el que mejor juega’ y nadie se endeuda; y la del despilfarro inglés que apuesta todo a ‘que gane el más rico’ y, antes o después, todos quedan con el culo al aire. 

 

Dejando Europa y tal como se registró en la sexta entrega y se refuerza en esta, River Plate, entonces, en la Argentina, es el club más endeudado y, por lo visto, San Lorenzo de Almagro el mayor aspirante a alcanzarlo en esa tabla de incómodas posiciones financieras. Curiosamente, las deudas actuales de los otros tres clubes ‘grandes’ del país, que obviamente las tienen porque de lo contrario no se llamarían Boca, Racing Club o Independiente, esta vez atraen la atención por lo estrechas. En promedio, son el diez por ciento de las contraídas por los dos peores ejemplos antes expuestos, River y San Lorenzo. Si eso indica tendencia o es un ilusorio instante de este dramático y ya perdido partido, solo el tiempo lo dirá. Igual: ¡Bravo!

Más que ellos esta vez asusta el pasivo de Estudiantes de La Plata, que a los trancos y barrancos comanda Juan Sebastián Verón, y club que también, por incomprensible orgullo reconstruyó su estadio en una ciudad donde existe un ‘estadio único’ que es modelo subcontinental!!! Los ‘Pincharratas’, hoy por hoy, ocupan el desprestigiante tercer lugar del ranking de mayores deudores del fútbol criollo.

Con un pasivo de casi 400 millones de pesos superan a Rosario Central que se aproxima a los 200 millones y a Vélez Sarsfield que “no consigue recuperarse de la gestión del ex barrabrava y luego titular del club, Raúl Gamez”, de acuerdo a una fuente que coincide con antiguas críticas a esa administración velezana del ex arquero José Luis Chilavert (Don Pepe Amalfitani se prohibiría resucitar). Los tres clubes cierran el top-five de lo que no se debe hacer en gestión deportiva; menos aún en instituciones que tienen condiciones para ser grandes y saludables como las tienen desde hace años Estudiantes, Central y Vélez.

 

Estudiantes, Central y Vélez cierran el top five de lo que no se debe hacer en gestión deportiva.

 

En contrapartida y sin pertenecer al fondo Mapfre AM Behavioral Fund, hasta el 21 de octubre pasado (el informe del Banco Central se retrotrae tres meses), Godoy Cruz de Mendoza, Aldosivi de Mar del Plata, Central Córdoba de Santiago del Estero, Atlético Tucumán y Defensa y Justicia de Florencio Varela, exhiben deudas tan pequeñas que merecen el aplauso.

No obstante, la palma de oro se la lleva Patronato de Paraná, el único club de Primera División que aparece libre de deudas de cualquier tipo y sin cheques rechazados, demostrando que “sí, se puede”. Si se quiere, claro... Es llamativo que el sexteto de mejor performance administrativo-financiera lo compongan cinco de los seis clubes del interior que juegan en Primera y uno solo de Buenos Aires, cuyo fútbol es gerenciado por un representante de jugadores y no por los dirigentes de la entidad. ¿Es el fracaso de la picardía porteña, una buena muestra de donde está más podrida la manzana de Eva o apenas una casualidad momentánea?

De todos modos, resulta perturbador saber que el inusual orden y la loable prez de Patronato no tendrá recompensa, mientras River, San Lorenzo & Cia serán rescatados como no merecen. La ‘corpo’ del fútbol los redimirá para que sigan empujando la inflada y desgastada rueda del profesionalismo que avanza hacia el precipicio final. El show debe continuar. Es la película más repetida de la historia y todos la vimos infinidad de veces con su mismo final.

 

Godoy Cruz de Mendoza, Aldosivi de Mar del Plata, Central Córdoba de Santiago del Estero, Atlético Tucumán y Defensa y Justicia de Florencio Varela, exhiben deudas tan pequeñas que merecen el aplauso.

El final del fútbol

 

Un día la rueda revienta y cae en el abismo empujando a todos o se quema el filme, the end. Como en ese instante no estarán, allí, los que hoy desmadran al fútbol, nadie se importa. Esa es la imperfecta idea que alimenta este perverso sistema en el que clubes como River elijen el éxito de Marcelo Gallardo y su obsceno contrato de cuatro millones de dólares libres de impuestos cada año, por sobre la dignidad y el honor del gallardete rojiblanco que se ensucia cada vez que le rechazan un cheque.

Así como el enlodado Barcelona y la derrochadora liga inglesa son más mediáticos que el Ajax de Amsterdam y el Olympique de Lyon, aquí, en estas pampas, los Gallardo y los Tinelli son permanente noticia mientras Miguel Ángel Hollman, presidente del inmaculado Patronato, solo lo fue en estos meses por haber contraído COVID-19.

Don Tito, como le dicen en su linda Paraná, a sus 71 años, no será reconocido en el ambiente del fútbol por hacer las cosas bien, algunos hinchas lo insultarán el día que el equipo descienda. Así paga lo correcto, así de ingrato es el bien en la actual sociedad. Su gestión no suma votos en la urna de los pícaros ni aplausos en el campeonato de los vivillos, se quedará solo como los pocos buenos administradores que nunca son convocados a la gran Selección. Son apenas gente honesta y responsable, ¿quién se interesa por ellos?...

Miguel Ángel Hollman, presidente del inmaculado Patronato, solo fue noticia en estos meses por haber contraído COVID-19.

Destilados estos números, la reflexión es obvia: si el mundo del fútbol fuese juicioso, consecuente y cumplidor de sus propias reglas, debió impedirse que en este receso argentino todos los otros clubes, que no los seis más saludables, comprasen jugadores; simplemente porque no obtuvieron ese derecho. Pero no hay caso, el uso es el abuso. ¿Será por ello que Teresa de Lemus, directora hispana de la consultora australiana Brand Finance, dijo que “tener un club de fútbol se ha convertido en un negocio muy lucrativo”? ¿Para quién? ¿Cómo? ¿Inflando la burbuja, ingresando a un fondo, defraudando a todos o abriendo la caja de Pandora?... Vamos avisando: no cuenten con Don Tito Hollman.

Continuará...

TERCER Y ÚLTIMO AVISO: Se comunica a los estoicos lectores de este ensayo fraccionado, que seis entregas (como se anunció originalmente) fueron insuficientes para descubrir la cochambre escondida bajo el manto del fútbol profesional. Tal vez sean diez, doce o más...

* Ex director asociado de ‘Diario Perfil’ y creador de la icónica revista ‘Solo Fútbol’.

CP