Después de la tormenta, viene la calma. Eso parece experimentar en estas horas el presidente de la FIFA Gianni Infantino. Luego del fuerte rechazo encabezado por la UEFA por intentar abrir la organización de la Copa del Mundo a inversores privados, el dirigente italo-suizo retiró el proyecto, ofreció disculpas públicas y ahora aspira a reconstruir su poder global, que quedó en evidencia el mes pasado durante el Mundial de Norteamérica. Para evitar el desplome y lograr esa reconstrucción, se sostiene en el apoyo inalterable de las confederaciones de América del Sur y de África, sus principales aliadas para surfear la crisis.
Infantino recibió ayer en Colombia el apoyo de la Conmebol, que ahora busca canjear esa arquitectura política por más partidos en Argentina, Uruguay y Paraguay en el Mundial 2030, algo que explicitó Claudio “Chiqui” Tapia esta semana: el presidente de la AFA confirmó que trabajan junto a la Conmebol en un proyecto para que el Mundial 2030 amplíe su cupo a 64 selecciones y que Sudamérica albergue una fase de grupos completa de 18 partidos repartidos entre Argentina, Uruguay y Paraguay, en lugar de únicamente los tres encuentros inaugurales previstos de manera conmemorativa por el centenario de la competencia (luego, el Mundial se mudará a España, Portugal y Marruecos.
Infantino llegó en la madrugada a la ciudad de Cali para asistir a la posesión presidencial del ultraderechista Abelardo de la Espriella. “Tenemos siempre que mirar en los ojos de estos niños que les da igual lo que hablamos, los discursos y todo esto”, dijo durante un primer evento en la calurosa ciudad del Pacífico colombiano ante decenas de niños vestidos con uniformes de fútbol. “Lo importante es que hacemos todo lo que podemos porque estas niñas y esos niños puedan disfrutar del deporte más mágico”, añadió.
El sismo político autoinfligido tuvo lugar antes de las elecciones de marzo próximo, en las que Infantino espera reelegirse para un nuevo mandato de cuatro años. Para conseguirlo, debe obtener la mayoría de los votos de los 211 miembros de FIFA. La confederación de Europa (UEFA), con 55 afiliados a la institución global, se perfila como su gran opositora.
Y aunque Conmebol no tiene poder numérico en la elección, la que sí lo tiene es la Confederación Africana de Fútbol (CAF), que reúne a 54 federaciones afiliadas, y ayer ratificó por unanimidad su apoyo a la gestión de Infantino. La entidad africana destacó el constante respaldo financiero y de infraestructura brindado por la FIFA al desarrollo del fútbol en su región durante los últimos años. Este bloque uniforme resulta crucial en el sistema de votación de la FIFA.
De este modo, el tablero político del fútbol internacional muestra una clara división: mientras los cuestionamientos por la frustrada privatización parcial del Mundial persisten en Europa y Norteamérica, de dónde podría surgir algún eventual candidato, el bloque sudamericano y el africano configuran el principal sostén de Infantino para mantener el control de la FIFA. Resta saber cómo jugarán Asia y Oceanía.