Sin duda este torneo, donde se enfrentan las selecciones de fútbol del mundo entero, permite observar y analizar distintas significaciones que enriquecen sus sentidos. Despierta, por supuesto, señalamientos y reflexiones, pero el imperio de la emoción supera ampliamente al ejercicio de la razón.
Hay algunos puntos que quiero remarcar: reunión, pertenencia, competencia, equipo y la seguridad que late en todos que este festejo concluye pero no es una clausura, no es el fin, sino sólo algo transitorio que renacerá dentro de cuatro años con nuevos desafíos.
Pero vayamos a las nociones que mencioné más arriba. Ante todo, decir reunión significa coexistencia de tendencias distintas, estar juntos aceptando las particularidades, y los disensos quedan opacados por deseos, ambiciones y una meta en común.
Presenciamos convivencia y pertenencia, un ejemplo aleccionador que sería tan útil que se expandiera a muchas áreas de una sociedad como la nuestra, que tanto le cuesta conformar a la comunidad. Mencioné la competencia, que es el enfrentamiento, el esfuerzo por ganar y el disfrute del sentimiento de triunfo. Ese que fortalece la indispensable autoestima y también la confianza en uno mismo. Agrego la alegría compartida. Vayamos a un aspecto esencial: la competencia no es hostilidad, vencer a un adversario no es matar a un enemigo y aquí el combate no es bélico sino lúdico. Deporte y no guerra. Fantasías omnipotentes, narcisismos, duelos, identificaciones, admiración y no idolatría. Todo en una intensidad manejable y no fanática.
Esto conduce a la noción fundamental de equipo. La individualidad adquiere fuerza porque habita en el grupo que nutre, protege, elogia y corrige. El esfuerzo, que es clave, y el entrenamiento implican un aprendizaje que supera la ilusión y la magia, que sabemos son dos falacias tramposas.
Esto crea una empatía, un vínculo y una amistad, así como la tolerancia a aceptar la frustración y elaborar lo inesperado si esto se opone a nuestra expectativa. Estoy hablando de madurez.
Hablé al comienzo del festejo, o sea, tensión, ambición, excitación y reconocimiento, en último término, buenos ingredientes para nutrir la fiesta.
*Psicoanalista