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DOMINGO / LIBRO / Dos posiciones contrapuestas
domingo 4 marzo, 2018

Debatir el aborto

Todo indica que el debate sobre la legalización del aborto se abrirá paso, tras el vía libre del Gobierno, pese a las convicciones de varios de sus miembros, entre ellos el presidente Mauricio Macri. Aquí, dos libros que muestran el abismo que separa una y otra posición. Mario Sebastiani, un obstetra de vasta experiencia, explica por qué considera imprescindible aprobar la legalización. La otra obra, opuesta, enumera las que ve como consignas falaces en el debate sobre temas como el nacimiento de la vida, el supuesto derecho a elegir o la cuestión religiosa.

Mario Sebastiani / Lucila Mercedes Dondo, Carolina de la Fuente y Juan Ignacio Ravaioli

Derechos del embrión, pero no de las mujeres
Los que están en contra del aborto lo equiparan a un asesinato, dado que, para ellos, el embrión es una persona. Para los pro vida, una célula con cuarenta y seis cromosomas es igual que usted, que yo o que el Papa, por lo que tiene los mismos derechos y la misma significación. Parece una grosería, pero oigo estas ideas cada vez que me enfrento a estos supuestos defensores de la vida. Los que están a favor de la despenalización consideran que el embrión está en vías de constituirse en una persona, pero no lo es aún.
Cada uno cree tener razón, pero lo cierto es que el estado moral del feto ha sido ambiguo para la ciencia, la filosofía, la genética, la moral, la ética y las leyes. Me atrevería a decir que la religión también tuvo distintas perspectivas según las épocas. La diferencia radica en que las disciplinas no religiosas siempre miran el estatus del embrión con una razonable y respetable duda, a diferencia de la religión que asevera expresiones que luego se le vuelven en contra.
Por otro lado, y se ve claro en las distintas encuestas, el enfoque que sostiene que la vida comienza en
la concepción encuentra muchísimos adeptos. No así, en cambio, el que plantea que se es persona desde ese momento. Fácticamente, la concepción es fácil de identificar. Lo que no equivale a decir que sea cuando se inicia una persona. Tampoco es algo único, sino más bien un proceso que, a juicio de los biólogos, dura alrededor de veinticuatro horas.
En efecto, varias cosas suceden durante la concepción, dado que en vez de un embrión se puede generar un tumor placentario, que no posee ni derechos ni protecciones y que, además, puede afectar severamente la vida de una mujer. En otros casos puede convertirse en una quimera celular sin futuro alguno y en el 12% de los embarazos terminar en un aborto espontáneo. En la concepción también se puede generar una masa celular que se divide en dos componentes mayores, el embrioblasto (futuro embrión) y el trofoblasto (futura placenta y futuro cordón umbilical). Ambas estructuras poseen la misma composición genética del feto, sin embargo, el trofoblasto termina descartado en el momento del nacimiento. Asimismo, hay una tendencia popular (grave en la boca de los médicos) que habla de la formación de un nuevo individuo en la concepción, aun cuando algunas veces, al día doce, se divida en gemelos. Este capricho de la naturaleza afecta gravemente el concepto de incorporación del alma, puesto que había un embrión, llamémoslo Pedro o Susana, y a los doce días tenemos dos embriones, por lo que la pregunta sería ¿dónde quedó el alma que era de Pedro?, ¿en el embrión de la derecha o en el de la izquierda? Como vemos, las posibilidades son varias y así es como las manipulaciones del inicio de la vida se tornan impresentables.
Para algunos no es lo mismo un embrión de cinco o seis semanas del tamaño de un poroto que uno que tiene doce semanas, que ya posee la mayoría de los rasgos humanos. Para otros, más radicales, no importa el tamaño del embrión y, peor aún, atacan la anticoncepción manifestando que es abortiva.
Estas afirmaciones no se las escuché a doña Rosa o a un cura, sino a médicos ginecólogos prestigiosos, claramente relacionados con el catolicismo. Si, por algún motivo, los anticonceptivos se prohibieran, las consecuencias de estas manifestaciones serían catastróficas. Esto muestra a las claras que los pro vida son capaces de producir escenografías lamentables en nuestra sociedad, por lo que una cosa es respetarlos y otra muy distinta y no menos válida es tenerles miedo. Un buen ejemplo de esta actitud temeraria es no solo ir en contra de toda forma de anticoncepción, sino la de poner todo tipo de barreras a la anticoncepción de emergencia.
Si miramos a los Estados Unidos, vemos que no solo hablan y piensan de esta manera los grupos de católicos, sino también la Iglesia Bautista, algunos grupos protestantes y el Partido Republicano, que en la actualidad gobierna con mayoría en el Senado. Uno de cada seis hospitales en los Estados Unidos está relacionado con la Iglesia Católica, por lo que los derechos reproductivos se ven severamente cercenados. Lo mismo ocurre en la Argentina con los hospitales o clínicas confesionales. En estas instituciones, y sobre la base de la santidad de la vida, se puede llegar al límite donde no se pueda salvar la vida de una madre por estar vivo su embrión o feto, tanto vale que sea un embarazo ectópico como una gestación avanzada. Es por ello que, para muchos pro vida, no hay que dejar ni una hendija abierta en las cuestiones del aborto, puesto que se derrumba el concepto de santidad de la vida y esto permitiría definir distintas categorías de embarazo. Para ser más claro, este es el motivo por el cual, para algunos, el aborto no debe estar permitido ni luego de una violación o en caso de una grave malformación fetal. Prefieren que algunas mujeres mueran a aceptar ciertos causales de aborto. Mantenerse abroquelado con que la vida comienza en el momento de la concepción es fundamental para poder sostener la prohibición total del aborto. Si no fuera así, esta teoría se caería a pedazos y sería difícil aceptar que una célula con cuarenta y seis cromosomas es una persona. Volviendo a los debates, debatir con el fundamentalismo no es algo sencillo o viable. Lo cierto es que los fundamentalistas tienen agarrados a los legisladores vaya a saber uno por dónde. Por ello, una cosa es la teología y otra son las ciencias o los derechos humanos. (...)

El embrión es una persona…
¿Y la mujer?
Es interesante cómo los provida defienden al embrión con la categoría de persona, pero no se la adjudican, en su imaginario, a la mujer. No nos debe llamar la atención puesto que, desde antaño, hombre y mujer no tienen igual estatus para la mirada patriarcal. El hombre es el proveedor del semen (semilla) y es visto desde la Antigüedad, y aun en las Sagradas Escrituras, como el principio activo, mientras que la mujer es suelo, es mera receptora, es matriz y, como tal, solo alberga. El hombre suministra el homunculus, la mujer lo aloja.
Esta desvalorización de la mujer se remonta a épocas antiguas en las que vivía muy poco (escasamente hasta los 25 o 30 años), dado que habitualmente moría durante el parto. No debemos olvidar que una mujer a los 25 años podía haber tenido entre cinco y ocho partos. El hecho de ser madre no era una tarea importante, ya que si el hijo varón era normal y servía para la milicia era el Estado el que se ocupaba de su educación. Para la mitología griega, las mujeres eran aun menos importantes puesto que Zeus había logrado tener una hija de su frente, nacida completamente armada luego de tragarse a su madre y que mantuvo una virginidad de por vida, cosa que no le impidió ser la diosa de la guerra, la civilización, la sabiduría, las artes y la justicia.
No son pocos incluso los que consideran que una vez que un embrión se encuentra en el útero de una mujer no existen motivos para la interrupción de esa vida, dado que ella está en este mundo exactamente para gestar y dar vida. Para los egipcios, la mujer era la tierra fértil para su amo.

Consignas que esconden la muerte de una persona
Eslogan 1: Un feto no es una persona / Un feto es parte del cuerpo de la madre.
Piensa esto: un niño concebido en una probeta ¿es parte de la probeta? ¿No suena ridículo? Ya lo mencionamos muchas veces a lo largo del libro: la medicina demostró que un embrión es un ser humano que será adulto si lo dejan crecer. No es parte del cuerpo de la mamá, o algo no humano que luego se “convierte” en humano. De hecho, los que afirman que un feto no es una persona no saben explicar en qué momento el feto deja de ser “algo no humano” para convertirse en humano. Y no saben explicarlo porque no se puede: desde el principio es humano. Desde la concepción, el código genético es humano y diferente del de la madre.
Y no hace falta mencionar que con el avance de la ciencia (ultrasonido, ecografías, filmaciones intrauterinas) cada día se hace más difícil afirmar que un feto no es humano. Pero, como vimos, muchas veces las leyes de la sociedad tienen “puntos ciegos” y van contra la evidencia y la lógica. O sea, muchas veces se manejan en el oscurantismo, o creyendo elegir el mal menor (logrando lo contrario) o bien movidas por intereses económicos.

Eslogan 2: Educación sexual para no abortar, aborto legal para no morir.
Este eslogan es muy famoso y, a nuestro juicio, es un grave error, porque está incompleto. Analízalo por unos instantes: “Aborto legal para no morir”. ¿Quién no va a morir? La mamá. Estamos de acuerdo, es una persona y no debe morir; su familia, el Estado o las muchas instituciones que existen deben protegerla y acompañarla. El que sí muere es el bebé, solo que esta muerte no está legalmente reconocida. Ya vimos que el aborto ilegal es igual de terrible que el legal, en ambos hay dos víctimas: una muere y la otra queda con profundas consecuencias durante toda su vida. Y ninguna ley puede sanar ese daño. Llegando a esta instancia, es muy común el siguiente pensamiento: “El aborto ya existe, es una práctica ya instalada en la sociedad y que deje de existir no es tarea fácil. Legalizándolo al menos evitamos los riesgos y peligros de muerte tan frecuentes en los abortos clandestinos”. Con respecto a este argumento, muchas veces escuchado, queremos responderte dos cosas: por un lado, por supuesto es doloroso que las mujeres mueran a causa de los abortos realizados. Pero piensa lo siguiente: justificar la legalización sería como decir: como no están utilizando bien la “herramienta” o la técnica del aborto (razón por la cual al matar a otro –al bebé– se matan a ellas mismas), brindémosles todas las condiciones para que la usen bien y le quiten la vida a ese otro sin que corra un riesgo la vida de ellas. ¿No suena esto a una locura? ¿Está bien como sociedad brindarles las condiciones para que puedan matar sin riesgos a sus propios hijos? Por otro lado, está confirmado que en otros países en los que se legalizó el aborto no disminuyeron los abortos ilegales, y por ende no disminuyó la mortalidad materna. Esto ocurre porque muchas mujeres prefieren seguir haciéndolo en forma clandestina, oculta, lejos de cualquier control o posible identificación. (Una prueba más de que, en el fondo, la mujer sabe que lo que está haciendo no es algo bueno para ella ni su hijo).

Eslogan 3: Nosotras
parimos, nosotras decidimos.
Queremos que veas esta frase y la pienses dos segundos, con sentido común. Sería muy cierta si lo parido fuese algo inanimado, como el cabello que uno se corta; algo que el día de mañana no pudiera cuestionar la validez de esa frase diciendo: “Es mi vida, ¿por qué deciden sobre ella?”. Lo trágico de este dilema es que el bebé aún carece de voz, no puede pensar eslóganes, crear afiches o conseguir políticos, jueces o artistas que soporten su causa. Y sobre este eslogan que apela a la libertad de manera tan vacía e incompleta, ¿no habría que preguntarse en nombre de qué libertad se le puede negar a alguien la libertad de nacer?

Eslogan 4: Derecho a decidir.
Decidir sobre uno mismo es un derecho, pero decidir sobre otro tiene un límite. Hoy nos parece inentendible que en ciertos países de Asia la mujer no pueda casarse con el hombre al que ama porque sus padres deciden por ella con quién se tiene que casar. O sea, nos parece horrendo que alguien decida sobre la vida (en este caso, afectiva) de otro. Imagínate entonces que alguien no solo decida por tu vida afectiva, sino, directamente, por tu vida entera. ¿No sería aberrante? Decidir está perfecto, siempre y cuando no haya un tercero en juego.

Eslogan 5:
Dueñas de nuestros cuerpos.
¡Qué cierto es esto! Somos dueñas de nuestro cuerpo, ¿quién puede negarlo? Nadie tiene derecho siquiera a tocarlo sin nuestro consentimiento, y menos aún a lastimarlo o matarlo. Pero, ¿esto se aplica también a los bebés en riesgo de ser abortados? ¿Ellos son dueños de su cuerpo, o ya el eslogan no vale para ellos? Y si son mujeres, ¿tienen ese derecho o no? La libertad para el cuerpo está perfecta, pero su uso no debería ir en perjuicio de otro. Porque en este caso esa libertad es la misma que exigiría el niño si dispusiera de voz: la libertad de tener un cuerpo para poder disponer mañana de él con la misma libertad que hoy le niegan. El derecho a tener un cuerpo debería encabezar el más elemental código de derechos humanos. Como ya vimos, la ciencia dice que un bebé en gestación no es parte del cuerpo de la madre. Es otra persona distinta, que tiene vida propia, solo que depende de la madre para desarrollarse durante unos meses y luego nacer y ser independiente.

Eslogan 6: El aborto es un asunto religioso y de creencias personales.
Ya desde el comienzo del libro vimos que esto no es así. Puede ser que las religiones se opongan al aborto, porque va en contra de un principio fundamental en ellas, que es el de “no matar”, o bien porque promueven ayudar a cualquier ser indefenso. Sin embargo, la defensa de la vida no es un principio exclusivo de las religiones, sino que es inherente al hombre. Tal como vimos, el aborto es un asunto humano, y ante todo propio de la mujer: desde lo físico, lo psicológico y lo emocional. No es necesario creer en algún dios para entenderlo. El hecho de que algunas personas quieran simplificar el tema llevándolo a una cuestión religiosa responde muchas veces a fanatismo, intereses ideológicos o bien al desconocimiento de los dramas humanos que giran en torno al aborto.

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