DOMINGO
libro

La intensidad de 1973

Hechos que marcaron la historia.

2023_11_26_juan_domingo_peron_1973_juansalatino_g
El 73, cuando todo cambió es un libro digital de descarga gratuita donde diferentes autores hacen un recorrido por estos años en la Argentina y el mundo y analizan hechos que cambiaron el rumbo en el ámbito cultural, económico y político, entre otros aspectos. | JUAN SALATINO

Por qué un libro sobre 1973? Porque se cumple medio siglo de un año con una intensidad y una velocidad llamativas: terminó una dictadura, hubo dos elecciones, cuatro presidentes en un mismo año, volvió Juan Domingo Perón tras 18 años de exilio, se produjo la masacre de Ezeiza, el asesinato del líder sindical José Ignacio Rucci, hubo un récord de secuestros extorsivos, el aumento de la represión ilegal, y una mujer –María Estela Martínez de Perón– integró la fórmula presidencial ganadora por primera vez en la historia de nuestro país.

Pero no todo era política en ese año turbulento. La cultura revivía y se renovaba. Julio Cortázar regresaba al país para presentar El libro de Manuel. Rodolfo Walsh volvía a desplegar el cruce entre literatura y periodismo con su obra Caso Satanowsky. Tomás Eloy Martínez publicaba La Pasión según Trelew, y otro escritor proveniente del periodismo, Osvaldo Soriano, lanzaba con éxito de ventas su primera novela, Triste, solitario y final.

En la música también pasaban cosas buenas: María Elena Walsh editaba su disco Como la cigarra, Luis Alberto Spinetta comenzaba con Artaud, una obra fundamental del rock nacional. El español Joan Manuel Serrat llenaba el Luna Park, mientras León Gieco y el brasileño Roberto Carlos peleaban el ranking junto a Palito Ortega, con su tema Yo tengo fe. Pese a que Ortega no era un cantante de protesta, ese tema fue leído dentro de la celebración de la vuelta de Perón a la Argentina. También llegaba al cine Rock hasta que se ponga el sol y los discos Confesiones de Invierno de Sui Géneris y Mi cuarto de Vivencia, entre muchos otros éxitos musicales.

En la pantalla chica también se vivía un cambio: crecía la programación de la TV nacional, se veían series extranjeras a la hora de la cena, continuaba el éxito de telenovelas nacionales como Rolando Rivas taxista, se estrenaba el film de Leonardo Favio, Juan Moreira, censuraban las películas El último tango en París, y nacía el bebé de Crespi en la continuación de un aviso donde –el año anterior–, Hugo Arana se había emocionado al descubrir unos escarpines en la mesa familiar.

Pero sin duda 1973 fue un año eminentemente político. El primero de un breve período de democracia de apenas tres años, truncado por la más oscura de las dictaduras. Pensar que Argentina cumplirá en diciembre de 2023 cuatro décadas ininterrumpidas de gobiernos democráticos, es saber que en apenas tres años no hubo tiempo para nada. Fueron tiempos complejos donde el país no llegó a crecer ni a resolver sus graves conflictos, y la democracia fue aplastada por el golpe militar del 24 de marzo de 1976, que duró casi ocho años.

La intensidad de la vida política en 1973 estuvo marcada por hechos trascendentes: fue el fin del gobierno de facto de Alejandro Agustín Lanusse, se realizaron las elecciones que consagraron a la fórmula Héctor Cámpora-Vicente Solano Lima, que dispuso la liberación de los presos políticos; renunció Cámpora a la presidencia apenas 49 días después de asumir, ante el inminente y definitivo retorno de Perón al país; asumió Raúl Lastiri como presidente interino y una multitud esperó a su líder en Ezeiza el 20 de junio de 1973, en lo que prometía ser una fiesta. Pero hubo muertos y heridos, y el avión que lo traía de regreso terminó aterrizando en el aeropuerto de Morón.

Poco después se realizaron las elecciones que consagraron por amplia mayoría (casi un 62%) a la fórmula Perón-Isabel Martínez; dos días después, asesinaron al secretario general de la CGT, José Ignacio Rucci, en un atentado atribuido a la izquierda peronista; comenzó el tercero y último período presidencial del líder del justicialismo, quien falleció en julio del año siguiente; se acrecentaron los secuestros extorsivos que recaudaron millones de dólares; continuó el accionar de la guerrilla en todo el país; y comenzaron los primeros atisbos de la represión ilegal.

Todo esto ocurría en Argentina el mismo año del golpe cívico-militar en Uruguay, y del de Augusto Pinochet, quien comenzaba su larga dictadura en Chile tras derrocar al presidente Salvador Allende, quien se suicidó en la Casa de la Moneda. Además, a principios de ese año, Estados Unidos retiraba sus tropas de Vietnam, y crecía el escándalo del caso Watergate, que derivó en la renuncia del presidente Richard Nixon. En 1973 también se desató la guerra de Yom Kipur, un conflicto bélico entre una coalición de países árabes, liderados por Egipto e Israel.

Pero el año de los cuatro presidentes (Lanusse, Cámpora, Lastiri y Perón) no surgió de la nada. Traía sobre sus espaldas la dictadura que derrocó al radical Arturo Illia en 1966, esa autodenominada Revolución Argentina en la que se sucedieron Onganía, Levingston y Lanusse, y que finalizó con las elecciones que consagraron a Cámpora. También traía la marca de la violencia política de los sesenta y principios de los setenta, la larga proscripción de Perón en el exilio, las instrucciones que impartía desde Madrid, la preocupación creciente por su salud, la relación conflictiva con Cámpora y la figura del influyente López Rega, y la expectativa de muchos argentinos de que el retorno del líder político pudiera mejorar la persistente crisis económica.

Además estaba latente la pulseada entre las organizaciones de izquierda y el peronismo ortodoxo, y en ese marco los hechos de Ezeiza le otorgaron un triunfo temporario a estos últimos. Sin embargo, la tendencia revolucionaria mantenía su poder de movilización en las calles. Quienes también mantenían su poder de movilización eran los miembros del sector sindical, a quienes Perón había fortalecido desde su retorno al país. El otro aliado del peronismo ortodoxo era López Rega, quién había hecho crecer su influencia sobre Isabelita durante varios años de relación cotidiana en Madrid. López Rega sería una figura clave del gobierno de Isabel tras la muerte de Perón, el 10 de julio de 1974.

En este escenario, con una guerrilla que seguía actuando a pesar de la asunción democrática de Cámpora, un Perón que volvía al país con un enorme respaldo popular, pero ya enfermo, el clima político era complejo. Además, había signos de un poder militar debilitado pero no resignado a alejarse de la escena política, tal como lo demostraría el fatídico 24 de marzo de 1976.

Todas estas convulsiones y cambios hicieron de 1973 un año intenso y complejo, que vale la pena tratar de comprender y explicar. Silvana Boschi.

En los umbrales de la tragedia

El 73. Medio siglo después, la marca de ese año persiste en la memoria política –y ¿colectiva?– aunque afectada por esa especie de bruma que va cubriendo el cruce entre el camino al libro de historia y el arrastre de algunas pasiones. No se trata de un año calendario: al revés, como otros momentos que definen épocas, escapa a esos límites. Podría decirse que el 73 arrancó el 11 de marzo, con las elecciones que dejaron atrás la penúltima dictadura, y terminó el 1° de julio del 74, con la muerte de Perón. Todo de manera vertiginosa, en los umbrales de la peor tragedia del país.

Existen trazos profundos en el cuadro de aquella época que no explican todo, pero sí la velocidad y el dramatismo del momento. Describen por encima del ruido de la crónica diaria, unen puntos en el tiempo. Valen al menos dos de esas secuencias.

La primera: las imágenes contrapuestas de los dos capítulos del regreso de Perón. Uno, en rigor, es previo y fue escrito el 17 de noviembre de 1972. Sigue siendo recordado por el peronismo como el Día de la Lealtad, con movilización masiva, después del largo exilio. Fue una representación quizá única de la “resistencia”, de la disputa con los militares. El segundo y definitivo quedó grabado el 20 de junio del 73. La Masacre de Ezeiza expuso, a campo abierto, el enfrentamiento entre sectores del peronismo que sería cada vez más sangriento. La batalla ya no era contra la dictadura, sino interna.

La segunda: las dos elecciones que consagraron el tercer gobierno peronista. El 11 de marzo, Héctor Cámpora sumó el 49,5% de los votos y el impacto, además del cálculo político, dejó de lado la segunda vuelta. Sobrevino un breve y denso recorrido. Una movida palaciega precipitó la renuncia del “Tío”, agregó alarma sobre el círculo del nuevo poder y condujo a la elección de Perón, el 23 de septiembre, con más del 60% de los votos. Ese crecimiento electoral decía mucho: colocaba al líder, cargado de problemas de salud, en el lugar del único capaz de contener la tormenta. Una esperanza quebrada, como se verá, apenas nacida. 

La dictadura que desembocó en ese proceso había mostrado definitivamente el fracaso de las fórmulas para proscribir, frenar y hasta superar a Perón. En rigor, se trataba de una historia que arrancó con las maniobras previas al golpe del 55 y agregó la sucesión de los 18 años de exilio. Había, con todo, diferencias entre las fuerzas y, especialmente en el Ejército, en su propio interior.

Los golpes dentro del golpe marcaron un período de casi siete años. Juan Carlos Onganía, de junio del 66 a junio del 70, con planes de perpetuidad, perfil nacionalista y lazos con el mundo sindical y empresarial. Roberto Levingston, en una especie de transición de pocos meses. Y Alejandro Agustín Lanusse, de marzo del 71 a mayo del 73, con intenciones de manejar la salida del nuevo pantano. Visiones distintas y, visto en perspectiva histórica, un recreado interrogante: ¿abrir el juego y precipitar la vuelta de Perón era sólo un reconocimiento realista del fracaso de la sucesión de dictaduras, como un todo, o también la apuesta final al deterioro de líder y su movimiento? (…) Eduardo Aulicino

La economía en 1973, del efímero pacto social al germen del estallido con el Rodrigazo

La economía del tercer gobierno peronista arrancó con un efímero éxito que luego se transformó rápidamente en una pesadilla, por la inflación reprimida que derivó en el Rodrigazo.

El director de orquesta de aquella época fue José Ber Gelbard, el ministro de Economía del presidente Héctor J. Cámpora y de Juan Domingo Perón en su mandato de 1973.

Mario Rapoport explicó en su libro Historia Económica, Política y Social de la Argentina, que Gelbard buscó “restablecer la alianza social que dio origen al peronismo” en la década del 40, con la “conjunción entre las pymes y la CGT”, sin entender el paso del tiempo entre el final de la Segunda Guerra y la década del 70, cuando la Argentina ya estaba más integrada al mundo. La crisis petrolera generada por el conflicto entre los países árabes e Israel aportó su ingrediente para acelerar una situación que, en términos domésticos, ya era inestable.

“La política de Gelbard no sólo consistía en una serie de instrumentos y medidas económicas, sino que estaba cimentada en el Pacto Social firmado en junio de 1973, que permitiría establecer las condiciones necesarias para el crecimiento económico, la redistribución del ingreso a favor de los asalariados, el fortalecimiento del mercado interno, las restricciones a la operatoria del capital extranjero y la industrialización”, sostuvo Rapoport.

En 1973, la economía creció 6,1% y el buen resultado se repetiría en 1974 con un 5,3%, pero luego llegaría la recesión en 1975 (-0,9%) y 1976 (-1,7%).

Para mantener la demanda, el gobierno póstumo de Perón impuso incrementos salariales nominales en un contexto de fuerte inflación y controles cambiarios, para evitar una devaluación del tipo de cambio oficial, un esquema que se repetiría hasta el presente.

Rapoport explicó que el plan de aquella época mostró una brecha divergente; la primera etapa fue de cierto éxito hasta el fallecimiento de Perón y la segunda de “permanentes marchas y contramarchas” hasta el golpe militar del 24 de marzo de 1976. En 1972 la inflación fue 58%, en 1973 del 60,3% y en 1974 del 24,2%, en base a una fuerte contención de los precios, que se tradujo en un salto al 182,8% en 1975 y al 444% en 1976. A su vez, el déficit fiscal, clave para explicar la emisión monetaria y el aumento inflacionario, llegó al 5,2% del PBI en 1972, del 7,3% en 1973, del 7,9% en 1974 y del 15,9% en 1975.

Con subsidios completamente insostenibles para que los precios no se incrementaran todavía más –y con el telón de fondo de la violencia política– “los cimientos del acuerdo comenzaron a socavarse, mientras crecía el desabastecimiento de productos esenciales porque el progresivo incremento de los costos alentaba a comerciarlos en el mercado negro, que se extendía a diario y en el que el control de precios no ejercía influencia”, indicó el historiador.

Roberto Cortés Conde explicó en Progreso y declinación de la economía argentina que en 1973 “el gobierno nada hacía, ni le importaba, en el frente fiscal ni le preocupaba la expansión monetaria y la situación inicial favorable comenzó a complicarse hacia fin de año con reclamos de aumentos por empresarios y sindicatos”, en un contexto externo en el que aumentaron las dificultades por el incremento del precio de las importaciones. “Empezaron a faltar mercaderías, pagadas a precios mayores que los dólares oficiales”, explicó en una frase que, si se aplicara a la actualidad, no carecería de rigor.

Muerto Perón, su esposa Isabel decidió la salida de Gelbard por Alfredo Gómez Morales en septiembre de 1974. Tras la terrible experiencia de Celestino Rodrigo en el gobierno de Isabel Perón –que fue designado por sugerencia del temible José López Rega y aplicó una devaluación del 100%, liberación de precios y aumento de las tarifas–, el índice de inflación saltó de un 32% acumulado entre diciembre de 1974 y mayo de 1975 a un 63% solamente entre junio y julio de ese año. (…) 

Martín Kanenguiser. 

El arte será revolucionario  o será qué

El 26 de abril de 1973, editorial Sudamericana publicó The Buenos Aires affair, novela policial de Manuel Puig (1932-1990). Un año después, la obra sería secuestrada por “pornográfica”. Puig recibió amenazas de muerte por parte de la Triple A, lo cual se tradujo en su exilio mexicano. Nunca más volvió a la Argentina. Puig había sido discriminado por ser gay en su ciudad natal, General Villegas, en la provincia de Buenos Aires. La condena moral seguía persiguiendo al autor de Boquitas pintadas y La traición de Rita Hayworth. Tres años después, desde el exilio, publicaba El beso de la mujer araña.

Un mes después de la publicación de aquella novela, el 25 de mayo de 1973, Héctor J. Cámpora asumía como presidente electo por el Partido Justicialista con el famoso eslógan “Cámpora al gobierno, Perón al poder”, después de seis años de dictaduras militares ininterrumpidas (y más de cuarenta años de golpes). La fórmula Cámpora-Solano Lima había ganado las elecciones del 11 de marzo con seis millones de votos, casi la mitad del padrón electoral. El interregno de su mandato, que se conoció como la “primavera camporista” o “los 49 días del Tío”, duró poco: el 13 de julio de ese mismo año, llamó a elecciones que le darían el triunfo a la fórmula Perón-Perón. El líder del justicialismo y su mujer, María Estela Martínez, alias “Isabelita”, ahora vicepresidenta, habían regresado a la Argentina desde España luego de 18 años de proscripción.

La vuelta a la democracia, en el ámbito de la cultura, implicó la liberación de obras que no habían podido publicarse, exhibirse o realizarse durante todos aquellos años de dictaduras. Fue un tiempo breve: la acción de la Triple A, que haría su primer hecho publicitario el 11 de noviembre de 1974, cuatro meses después de muerto Perón, traería cárcel, muerte, exilio y persecución, no solo a los militantes y dirigentes políticos, líderes sindicales y trabajadores, sino también a artistas.

En el mundo morían dos pablos, comprometidos con su historia y su tiempo: el poeta chileno Neruda (sobreviviría doce días al golpe de Estado en Chile contra Salvador Allende por parte de Augusto Pinochet, envenenado por órdenes del militar golpista) y el artista español Picasso, para quien Joan Miró montaría una obra-homenaje. El año de las muertes lo había inaugurado la pintora modernista brasileña Tarsila do Amaral.

En esa primavera democrática, en Argentina, literatura y arte se plantearon vanguardistas y de denuncia: la política derramaba sentidos y, yendo más allá de los preceptos sartreanos y sesentistas, el compromiso político mutaba en acción revolucionaria, y la idea de los artistas como agentes del cambio social se profundizaba. La política no alcanzaba, era necesaria su continuación por “los otros medios”, en la definición de Von Klawsewitz. El fusil reemplazaba a la espada y la pluma y la palabra sarmientinas se redefinían. La violencia marcaba a fuego a la sociedad y mientras intelectuales de izquierda se peronizaban, otros reforzaban sus posturas marxistas antiperonistas. (…)

Gabriela Saidon.

 

☛ Título: El 73

☛ Autores: Silvana Boschi, Eduardo Aulicino, Martín Kanenguiser, Gabriela Saidon y otros.

☛ Editorial: Leamos
 

Datos de los autores 

Silvana Boschi nació en La Plata. Estudió Periodismo y Comunicación. Redactora y editora de Clarín. Columnista en Infobae. 

Eduardo Aulicino, periodista. 

Martín Kanenguiser es editor de Economía en Infobae.

Gabriela Saidon es escritora. Periodista. Premio Lola Mora a la Trayectoria 2022.