La balanza comercial volvió a darle una buena noticia al Gobierno en marzo. Según informó el Indec, las exportaciones treparon a US$ 8.645 millones, un salto de 30,1% interanual, mientras que las importaciones sumaron US$ 6.122 millones, con una suba de apenas 1,7%. Con ese resultado, el intercambio total llegó a US$ 14.766 millones y el saldo fue un superávit de US$ 2.523 millones, bastante más holgado que el de un año atrás.
El dato sorprendió. Días antes de la publicación oficial, un sondeo entre analistas había ubicado la mediana de las proyecciones en US$ 1.019 millones para marzo. El número final más que duplicó esa expectativa y dejó en evidencia que el frente externo sigue funcionando como uno de los principales sostenes de la macro, incluso en medio de una recuperación todavía desigual de la actividad.
Como dato llamativo, aparece la balanza energética que marcó un punto destacado en tanto explicó el 43% del saldo de balanza comercial de marzo de 2026.
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"La balanza de dólares de la energía fue positiva por US$1.090 millones en marzo. Esto ocurrió de la mano de exportaciones por US$ 1.235 millones e importaciones por US$145 millones", señaló en un análisis reciente Nadin Argañaraz, titular del IARAF. En esa línea mencionó que "En 2026 el saldo mejora en US$ 294 millones respecto a igual periodo de 2025, lo que se explica por mayores exportaciones por US$ 53 millones y menores importaciones por US$ 240 millones", dijo.
Exportaciones récord y un campo que volvió a empujar
La mejora del mes estuvo explicada, sobre todo, por el lado exportador. El Indec remarcó que marzo dejó un récord histórico para ese mes, con subas en todos los grandes rubros. Los productos primarios saltaron 56,2% interanual, las manufacturas de origen industrial crecieron 26,4%, las manufacturas de origen agropecuario avanzaron 18,9% y combustibles y energía subieron 23,2%. Detrás de ese movimiento aparecen la mejora de las cantidades exportadas, el aporte de la cosecha y el mayor peso de la energía en la canasta exportadora.

Ahí aparece uno de los puntos más relevantes de la foto de marzo.
En el mercado destacan que la cosecha y los commodities vuelven a darle aire a las ventas externas, pero también que la energía dejó de ser un actor secundario para pasar a ocupar un lugar central. En esa línea, el comentario de IARAF (Instituto Argentino de Analisis Fiscal) remarca que la balanza energética aportó US$ 1.096 millones en marzo y explicó 43% del saldo comercial del mes, una señal de hasta qué punto Vaca Muerta y la menor necesidad de importaciones energéticas están cambiando la estructura del comercio exterior argentino.
Importaciones planchadas y señales de una demanda todavía contenida
Si las exportaciones explican una parte del superávit, las importaciones ayudan a entender la otra. El Indec mostró que, aun con una leve mejora interanual, las compras externas crecieron mucho menos que las ventas al exterior y prácticamente se mantuvieron estables en términos mensuales desestacionalizados. Esa dinámica coincide con la lectura de Max Capital, que en su comentario de este martes 21 de abrir sostiene que las importaciones parecen haberse estabilizado en un nivel menor al de la previa electoral y que eso podría estar reflejando una demanda interna todavía débil.
La composición también deja señales. Según esa visión, mientras los volúmenes importados de bienes de capital cayeron, los de bienes de consumo mostraron una mayor firmeza, algo que puede leerse tanto como efecto de una economía con inversión más rezagada como de un tipo de cambio apreciado y menores trabas no arancelarias. En otras palabras, marzo dejó un saldo comercial muy favorable, pero no necesariamente porque la economía esté traccionando con fuerza en todos sus motores.
Energía, el rubro que gana protagonismo
El gran dato es el avance sostenido del sector energético como generador de dólares. El Indec informó que las exportaciones de combustibles y energía alcanzaron en marzo US$ 1.235 millones, el valor más alto registrado para ese rubro en la serie mensual, con una mejora impulsada principalmente por carburantes y petróleo crudo.
Ese desempeño se explica por mayores cantidades exportadas, aun en un contexto en el que los precios internacionales no jugaron del todo a favor.

Con este resultado, marzo refuerza una tendencia que ya venían marcando distintos informes: la energía empieza a ser uno de los pilares del superávit comercial argentino. Para la macro, no es un dato menor. En un esquema económico que necesita acumular reservas, sostener el frente externo y atravesar un año todavía exigente en materia de actividad, el comercio exterior volvió a ofrecer una bocanada de aire. Y dentro de esa ecuación, el campo sigue siendo clave, pero la energía cada vez pesa más.