EFEMéRIDES
Memoria cultural perdida

Día del Conservador Restaurador: cómo la buena intención de “ayudar” el arte terminó borrando historia y dejando obras irreconocibles

La efeméride se estableció en 2011 durante el XVIII Congreso Internacional de Conservación y Restauración de Bienes Culturales en Granada, España, en honor al nacimiento de Eugène Viollet-le-Duc (1814), pionero francés en restauración patrimonial. A través de su labor, los conservadores y restauradores actúan como guardianes del legado histórico para las generaciones futuras.

El Día Internacional del Conservador-Restaurado
Los conservadores-restauradores preservan el patrimonio cultural mediante investigación, prevención de daños, restauración ética y difusión educativa | Freepik

La fecha pasa casi inadvertida, pero cada 27 de enero se conmemora el Día Internacional del Conservador Restaurador, una efeméride que pone en foco el rol técnico y científico de una disciplina clave para la preservación de bienes culturales, históricos y artísticos. Aunque el debate público suele activarse a partir de las restauraciones artísticas fallidas, estos episodios funcionan como un indicador de problemas estructurales vinculados a la falta de controles, la ausencia de criterios profesionales y los vacíos normativos que permiten intervenciones sobre obras de alto valor.

El Ecce Homo de Borja: el "mono" que se hizo millonario

En 2012, una pintura mural del siglo XIX ubicada en el Santuario de la Misericordia de Borja, en la provincia española de Zaragoza, fue objeto de una intervención no autorizada sobre la imagen del Ecce Homo, una representación de Jesucristo atribuida al pintor Elías García Martínez. Acción que fue realizada por una vecina del lugar sin formación en conservación-restauración, con el argumento de frenar el deterioro visible de la obra, afectada por la humedad y el paso del tiempo. El resultado alteró por completo la fisonomía original del rostro y generó una imagen que trascendió el ámbito local.

Su difusión fue inmediata y alcanzó escala global a través de medios internacionales, redes sociales y publicaciones especializadas en arte y patrimonio. El episodio abrió un debate público sobre la protección de bienes culturales en espacios religiosos, donde muchas obras no cuentan con inventarios actualizados, planes de conservación preventiva ni supervisión técnica permanente. También expuso la inexistencia de protocolos claros de intervención en templos y edificios históricos que no dependen directamente de museos o instituciones estatales.

Esto no les gusta a los autoritarios
El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.
Hoy más que nunca Suscribite

A partir del paso del tiempo, el caso tuvo consecuencias económicas. Según datos del ayuntamiento local, Borja comenzó a recibir más de 150.000 visitantes anuales, lo que derivó en ingresos sostenidos por entradas, productos asociados y actividades culturales. Parte de esos fondos fue destinada posteriormente a tareas de mantenimiento del santuario y a la preservación de otras piezas patrimoniales del municipio. Desde el ámbito académico y profesional, asociaciones de conservadores-restauradores señalaron que el impacto turístico no neutraliza el problema de fondo.

Restauraciones que destruyeron obras maestras
El fresco original, pintado en 1930 por Elías García Martínez en el Santuario de Misericordia de Borja (Zaragoza)

San Jorge de Estella: la pérdida de la policromía histórica

El caso más grave de restauración fallida en España tuvo lugar en 2018 en la parroquia de San Miguel de Estella, en Navarra, con una talla de madera policromada del siglo XVI que representa a San Jorge luchando contra el dragón. En este caso, vecinos aficionados y una empresa local sin formación en restauración artística intervinieron la escultura, aplicando yeso y pintura acrílica sobre la policromía original. El resultado fue una figura con colores planos y brillantes que le dieron un aspecto artificial, con el rostro del santo comparado incluso con un personaje de cómic.

Su intervención no pasó desapercibida para las autoridades, que multaron con 6.000 euros tanto a la parroquia como a la empresa que realizó el trabajo. La restauración profesional posterior, a cargo de especialistas contratados por el Gobierno de Navarra, requirió técnicas químicas y mecánicas complejas para retirar la pintura agregada y recuperar parte de los pigmentos históricos, con un costo total que superó los 30.000 euros. Aun así, el daño no pudo revertirse por completo, y muchos detalles originales de la policromía se perdieron.

Restauraciones que destruyeron obras maestras
Eliminaron más del 60% de su policromía histórica del siglo XVIII usando pintura acrílica, escayola, yeso y materiales inadecuados como fibra de vidrio

Ambos casos ilustran cómo la intervención sin preparación adecuada en bienes culturales puede transformar obras históricas en objetos distorsionados o caricaturescos, generando polémica y, en algunos casos, debates sobre la gestión del patrimonio cultural, la necesidad de protocolos técnicos rigurosos y la importancia de profesionales formados para preservar obras con valor histórico y simbólico.

La Inmaculada de Valencia: intrusismo y desfiguración

En 2020, una copia de la Inmaculada Concepción de Murillo, perteneciente a una colección privada en Valencia, se convirtió en otro símbolo del riesgo que implica el intrusismo en la restauración de obras de arte. El propietario, con la intención de “limpiar” el lienzo, encargó la tarea a un restaurador de muebles y objetos decorativos sin formación específica en pintura al óleo ni en técnicas de conservación de lienzos. El resultado fue una intervención que alteró visiblemente el rostro de la Virgen, borrando rasgos y colores originales.

Sin embargo, lejos de detenerse tras ese primer error, el responsable intentó corregir la situación en una segunda sesión, lo que empeoró aún más la desfiguración. La intervención terminó transformando una obra figurativa y delicada en una superficie con trazos groseros y colores incoherentes respecto al estilo barroco original, provocando indignación y sorpresa.

Allí, la imagen final generó un debate público significativo sobre el intrusismo profesional y la necesidad de mayores mecanismos de protección para obras que, aunque formen parte de colecciones privadas, tienen un valor artístico e histórico incuestionable. Asociaciones de conservadores y restauradores de arte señalaron que miles de piezas en España enfrentan riesgos similares.

Restauraciones que destruyeron obras maestras
La Asociación de Conservadores Restauradores de España (ACRE) denunció el caso como pérdida patrimonial habitual pero subestimada

La “cabeza de papa” de Palencia: cuando la piedra no perdona

Ese mismo año, la ciudad de Palencia fue escenario de otro episodio polémico relacionado con la restauración de patrimonio: un relieve escultórico, parte de la ornamentación histórica de un edificio en la Calle Mayor, fue sometido a una intervención rudimentaria y sin supervisión técnica. La pieza, que originalmente representaba una escena pastoral con una figura femenina detallada, perdió toda definición en el rostro. Tras los trabajos, el elemento quedó reducido a una masa amorfa de piedra, con dos cavidades que sugerían ojos y una hendidura como boca, lo que llevó a que la intervención fuera bautizada popularmente como “la cabeza de patata” por vecinos, turistas y especialistas.

Su reacción fue inmediata y crítica. A diferencia de las pinturas, donde las capas añadidas pueden retirarse con técnicas especializadas, la piedra tallada no perdona los errores: cualquier modificación indebida implica la pérdida material del volumen original de la obra. En estos casos, la recuperación completa resulta casi imposible sin sustituir la pieza dañada.

Restauraciones que destruyeron obras maestras
Generó indignación masiva en redes sociales, burlas y críticas al responsable y al encargo

Automáticamente, el impacto de este caso se potenció al vincularse con otras restauraciones fallidas en España y el mundo, como la intervención en el Castillo de Matrera, y subrayó una lección clave: la restauración no es un acto decorativo, sino una disciplina científica que exige formación académica, metodologías rigurosas y una profunda comprensión del valor histórico y simbólico de cada obra. Cuando estas condiciones no se cumplen, el resultado no es solo un error estético, sino la pérdida irreversible de la memoria cultural colectiva.