jueves 26 de enero de 2023
ELOBSERVADOR Retratos digitales

Anabella Bergero, o cómo descubrirse en las incógnitas

Su proyecto cruza arte, cultura y tecnología, producto de la explosión de las DAO, Organizaciones Autónomas y Descentralizadas, digitales, montadas sobre Blockchain y la Web 3.0, la nueva internet.

26-11-2022 03:47

Levanta sus ojos claros al cielo –que, durante las casi dos horas de conversación, será el techo de su habitación, porque el resto de la casa está copado por sus familiares– suspira, y exhala “en los últimos diez años he vivido en seis ciudades diferentes, hasta que llegué aquí, y me encontré con una comunidad que te da la bienvenida, con gente cálida, y la verdad es que me quedé”.

Pronunciadas con inconfundible acento cordobés (increíble, porque desde sus doce años es una trotamundos) casi todas sus frases culminan con una sonrisa tierna, y su semblante refleja muchos más signos de pregunta que certezas. 

Así de placentero es charlar con Anabella Bergero, diseñadora de indumentaria, artista plástica, cuyo “acá” de hoy es Miami, donde el calor, la prevalencia de la comunidad latina, y el aporte de lo natural, comparado con su última ciudad, Nueva York, le significan una nueva reencarnación: lidera un proyecto que cruza arte, cultura y tecnología, en el marco de la explosión de las DAO –Organizaciones Autónomas y Descentralizadas, digitales, montadas sobre Blockchain- y la nueva internet, conocida como Web 3.0.

De Londres, Anabella había volado a la Gran Manzana por trabajo. Allí montó instalaciones –léase, maniquíes negros vestidos con ropa que no pretende ser transaccionada, sino que funciona como elemento estético, más parecido a un cuadro en una galería que a un desfile de moda– en las que puso en escena su mirada de un presente en el que “todo está cambiando (…) como si viviéramos un nuevo Renacimiento, pero casi como experimento humano”.

Pero entonces llegó el covid, y Anabella cayó en la cuenta de que Nueva York no era fría sólo por el clima. Y dado que en Miami actualmente hay una explosión artística y tecnológica sin precedentes, voló hacia el enclave latino estadounidense por excelencia.

Bergero, antes de ganar un importante puñado de premios y ser respaldada por marcas de primer nivel mundial, era una nena, hermana mayor de dos hermanas, viviendo en las afueras de la ciudad de Córdoba. 

"Las culturas que vas viviendo te atraviesan, no sos la misma personas cuando llegás a un lugar distinto"

Sus días transcurrían sobre calles de tierra, y era normal treparse a los árboles de las montañas bajas de esa geografía. Algo de eso recuperó en Miami, donde la escala de los edificios, la naturaleza y la amplitud de los espacios urbanos cambia en relación con las grandes urbes donde el ser humano se vuelve minúsculo “entre enormes torres de metal, vidrio y cemento”.

Pero antes de Nueva York, Anabella había vivido otra de sus muchas vidas, en Londres. 

“Cuando tenía doce años a mi papá lo trasladaron, por su trabajo, al DF mexicano; vivimos una década allá, pero a inicios del 2000, cuando el gobierno declaró la guerra a los narcos, empezamos a ver cosas que nos horrorizaron. Entonces fuimos a Buenos Aires, donde creé mi marca e incubé proyectos, porque siempre fui emprendedora”. 

Había estudiado un poco de arquitectura, y acá empezó diseño de moda. Le fue bien, ganó premios, y entonces, en 2017, se fue a Londres, para hacer un posgrado en Saint Martins Fashion, una universidad que le abrió la cabeza. 

Pero después vino Nueva York, y después Miami (sin entrar en detalles, porque, en rigor de verdad, anduvo todavía por más lugares). 

Al analizar su derrotero se observa que todos sus mecanismos expresivos mezclan lo antropológico con la comunicación, y la tecnología con la moda. “Que todo quepa en una valija hizo que cada nueva mudanza fuera, a su vez, una reconfiguración identitaria, porque las culturas que vas viviendo te atraviesan (…) no sos la misma persona al llegar a un lugar distinto, porque algo de vos quedó allá, y algo nuevo nace donde te establecés”.

Quizá por eso sus últimos trabajos muestran prendas hechas con materiales de la alta costura, pero impresas con calidad digital, lo que permite apreciar collages que interceptan fotos de pedazos de la realidad que ella recorta y une “para deconstruir identidades, reconstruirlas, y volver a construir”.

En ese sentido, la tecnología es una aliada, y no le resulta ajena. “En mi casa, con mi papá ingeniero en telecomunicaciones, siempre estábamos al tanto de los últimos celulares, y la conectividad, pero yo era la artista, el polo opuesto. Ahora junto arte, moda y tecnología en lo que hago, y me doy cuenta de que ya nada puede permanecer representado por las etiquetas fijas que usábamos”.

Quizá uno de los puntos más altos en el cruce entre arte y tecnología ocurrió cuando “me escaneé digitalmente todo el cuerpo, entonces después lo llevé al software, para armar nuevas creaciones con pedazos de otros rostros y experimentar con las formas humanas y la ropa”. 

Repasando las fotos de Anabella (muchas, en tapas de revistas de primera línea, como Bazaar, Caras, L’Artiste) uno entiende que vivió muchas vidas. Tuvo el pelo de casi todos los colores, pasó de lo más fashion a lo más experimental, se impregnó de cada cosmos en el que le tocó fluir.

Hoy investiga cómo se construyen las identidades en espacios virtuales, estilo Metaverso, pero analiza cómo se conjugan el plano de lo real, físico, palpable, con esa multiplicidad de seres en la que nos convertimos a través de dispositivos y sistemas informáticos.

Su curiosidad, a flor de piel, hace que lo nuevo le resulte siempre atractivo. Es una esponja. Conecta temas con total lucidez: habitar espacios urbanos, pensar nuevas formas de lo humano, vestirse y comunicar con más o menos innovación tecnológica. 

Pero, al mismo tiempo, está cómoda y más quieta en Miami que en los últimos lugares donde le tocó vivir. “Dentro de pocos días es mi cumpleaños, y va a ser el primero en siete años que comparta con mi familia”.

A veces las convulsiones (o evoluciones) del espíritu cobran formas inesperadas. Acaso algo de paz no le quite vuelo artístico a Bergero y, por el contrario, abra paso a una etapa signada por un eje rector que traiga respuestas.