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Humanidad

Los efectos de la educación y el estado del mundo

La reeducación de la sociedad para asegurar un bienestar universal, inteligente y solidario es una clave decisiva para el futuro del mundo.

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Pobreza. “El desarme de la crisis solo puede venir de la educación”. | cedoc

Muchas veces se han asociado los avances de la educación con el progreso de la sociedad. Filósofos y educadores sostuvieron desde la Antigüedad esta idea. El progresismo moderno hizo suya esta tesis desde el siglo XIX. Pero en el siglo XX las revoluciones comunistas (en Rusia, China y otros países) pusieron el acento en el cambio de ideologías, del pensamiento burgués a la conciencia social del proletariado.

Las ideologías políticas parecían sustentar las guerras y los conflictos durante todo el siglo XX. Pero al mismo tiempo las ciencias sociales comenzaron a destacar los impactos de la revolución industrial, de las innovaciones tecnológicas, de los cambios en las creencias y relaciones sociales.

Entretanto, los economistas liberales y los marxistas ortodoxos seguían destacando que “en última instancia” la sociedad depende de los cambios en los procesos y estructuras económicas. Hacia 1960 varios estudios colocan al “factor C”, conocimiento, como determinante del crecimiento económico en los países desarrollados. Se abren camino análisis donde se afirman los impactos de la educación, de las innovaciones tecnológicas, de los medios de comunicación de masas. Se destaca la teoría del “capital humano”.

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Surgen los discursos sobre “la sociedad del conocimiento”, la “sociedad de la información” y la “cientificación de la sociedad”. Peter Drucker destaca el surgimiento de un nuevo actor social: el proletariado del conocimiento. Las Naciones Unidas asumen estas tendencias y proponen nuevas estrategias para el desarrollo mundial.

Paralelamente, desde la década de 1960 avanzan los procesos de descolonización, la conquista de derechos por parte de las mujeres, de los negros, de los pueblos indígenas, de las minorías culturales, de los trabajadores. Gracias a los movimientos emancipadores, pero gracias también a la educación en la segunda mitad del siglo XX se lograron más progresos sociales que en los siglos precedentes.

Desde este punto de vista algunos interpretaron que vivimos procesos de liberación en distintas dimensiones. En los países del Tercer Mundo, en particular, se experimentaron décadas de luchas contra el colonialismo, las discriminaciones y las desigualdades. Y para muchos esto es el motivo central de los movimientos sociales.

Hacia el final del siglo XX los filósofos postmodernos sostienen que ya no podemos contar con una interpretación global de la historia ni tampoco podemos creer que el progreso es el resultado inevitable de la evolución social. Decretan el fin de los relatos progresistas de la modernidad.

Teniendo en cuenta estos antecedentes parece insostenible la tentativa de destacar la importancia de la evolución de los conocimientos y sus efectos en la sociedad global. Las tendencias actuales (2026) ponen en primer plano las estrategias geopolíticas, las luchas por el predominio informático o las agresivas políticas de diversos Estados.

Podemos mostrar, sin embargo, que en los procesos del último siglo la educación y la explosión de conocimientos jugaron un rol decisivo. Es el caso de las emancipaciones de las mujeres.

El reconocimiento de la mujer como actor social y político tuvo mucho que ver con la escolarización universal; algo que cobró importancia en algunos países de Europa y de América desde principios del siglo XX. Mujeres con estudios primarios y secundarios fueron conquistando su lugar como líderes políticas. Poco a poco fueron entrando en las universidades desde comienzos del siglo XX y formando nuevas dirigencias femeninas en distintos ámbitos sociales. Se llegó a hablar de una “feminización de la sociedad” en los años de 1990.

La “explosión de conocimientos”, que la UNESCO analizó desde los años de 1960, es otro proceso que ha venido transformando las sociedades. Hacia 1980 se producían alrededor de un millón de publicaciones. Hacia 2026 se registran más de 5 millones de publicaciones académicas. Esto justifica que se hable de la “cientificación de la sociedad”.

Se puede sostener, como diversas teorías lo hacen, que la generalización de la educación y de los avances científicos modifican las relaciones de poder y las relaciones sociales. Si analizamos de cerca el fracaso de la Revolución Cultural en China (1962-1976) y el pasaje a una nueva política que buscaba fortalecer la actividad científica, la innovación tecnológica, la reforma inteligente del Estado y la apertura a la economía mundial con Den Xiao Ping, podemos reconocer que los actores políticos de ese momento reconocieron la importancia de las políticas del conocimiento para resolver los problemas del desarrollo. Y la puesta en marcha de las nuevas estrategias, con inteligencia y eficacia, permitió superar la pobreza y colocar a China entre los primeros países del mundo.

En América Latina, el progreso en la escolarización masiva hacia niveles superiores de las comunidades indígenas fortaleció el peso de estas comunidades como actores sociales y políticos. La escolarización universitaria de los afroamericanos en Estados Unidos fue decisiva para terminar con las discriminaciones. Desde el fin de la Guerra Civil en 1865 se crearon en EE.UU. más de 90 instituciones de Educación Superior. Pero la lucha por el fin de las discriminaciones recién se profundizó en la segunda mitad del siglo XX. En África, por otra parte, la escolarización masiva y el acceso a las universidades de los pueblos descolonizados permitió el establecimiento de nuevos estados con capacidades de autonomía. Se institucionalizó la multiculturalidad a nivel mundial.

¿Cómo se pueden superar las actuales ondas de agresividad y de dominación? Necesitamos, en primer lugar, restablecer el respeto de los códigos del derecho internacional y de los derechos humanos. Evidentemente esto depende de un nuevo consenso internacional. En segundo lugar, necesitamos construir nuevas inteligencias colectivas que valoricen la educación y el respeto de las libertades individuales y sociales. En tercer lugar, deberíamos buscar un desarme general, como se inició en 1990, fundado en la abolición de las políticas y prácticas agresivas.

La negación del derecho internacional y de los derechos individuales y sociales, no puede conducir más que a un nuevo fracaso de la humanidad. Del mismo modo, la concentración de riquezas y de poder no hacen más que provocar reacciones sociales antagónicas. También en el plano ecológico estamos ante escenarios que requieren un cambio profundo en nuestra educación económica y social para evitar las catástrofes que ya se anuncian.

La reeducación de la humanidad para asegurar un bienestar universal, inteligente y solidario es una clave decisiva para el futuro del mundo. Miles de organizaciones y de pensadores han repetido esto en las últimas décadas. El desarme de las condiciones de nuestras crisis solo puede venir de una educación solidaria universal. No es una utopía. Es una necesidad ineludible.

*Ph.D. Profesor de Posgrado en UNTREF, Instituto Universitario Sudamericano y UN de Mar del Plata.