domingo 04 de diciembre de 2022
ELOBSERVADOR Santiago del Estero

“Nunca se regulariza la tierra de los pobres”

Antonio “Chomo” Díaz, cuyo desesperado pedido se hizo viral en un video, habló con PERFIL sobre un problema que parece poner en riesgo de extinción la vida campesina en el territorio santiagueño: la usurpación, el desmonte y la venta ilegal de tierras.

13-11-2022 03:05

En el km 1.250 de la RN 16 se encuentra El Caburé, en el Departamento Copo, Santiago del Estero en el que Antonio “Chomo” Díaz, quien pasó toda su vida allí, se planta y dice: “Nosotros hemos nacido y nos hemos criado allí y hemos defendido la tierra como hemos podido, aún en la miseria. Nos criamos cazando y criando, sembrando a reja de arado y a caballo, arados de mansera… No teníamos agua. Sacábamos agua de los trenes a vapor y llevábamos a las casas. Sobrevivimos a las crisis más grandes cuidando de esas tierras para que hoy venga Carlos Hazam (diputado), Leder –cacique y matón– y las quiera vender. Para que vengan unos muchachos tan jovencitos allá por el 2000 como Matías Orué y Pablo Picá de Jesús María. Compran 16 mil hectáreas y otras diez mil que eran de FACA (ex Fábrica de Carbón Activado). Siempre fuimos atacados por los organismos. Aquí hay una especie de entramado para quebrarnos. Aquí había muchísimos habitantes con más de cien años en esas tierras que hoy fueron despojados. Hoy son víctimas. ¿Por qué? Porque Santiago del Estero nunca quiso regularizar la posesión y propiedad de la tierra. Nunca se regulariza la tierra de los pobres, pero sí se ha regularizado con alambrados, planos y mensuras truchas las tierras de Hazam, Picá y otros terratenientes. Se permite que se desmonten y quemen miles y miles de hectáreas para ser vendidas en dólares. Mis abuelos están enterrados ahí y a mi madre, de 81 años, le quitaron cincuenta hectáreas como represalia hacia mí, que no quiero vender ni regalar la tierra. De niño pude comprender que el tesoro más grande que teníamos era nuestro rancho, algunos pocos animales, nuestro cerco y nuestra tierra. Hoy somos despojados por estos gobernantes y jueces corruptos”.

Un par de semanas atrás, las tapas de los diarios oficialistas de Santiago del Estero anunciaban que la Fiscalía de Estado encaraba un operativo en el Departamento Copo para recuperar 30 mil hectáreas usurpadas. Sus habitantes lo cuestionan abiertamente, alegando que ese número es insignificante en relación con las tierras usurpadas y desmontadas en estas últimas décadas, que tienen por destino la venta ilegal. 

—¿Cómo está viviendo el grueso de la gente de estas zonas? ¿Es cierto que los planes sociales fueron sustituyendo el trabajo real?

—Es cierto, sí. Como en tantos otros lugares. En El Caburé y en el Departamento Copo la gente está viviendo de los planes sociales. Los terratenientes les han quitado la tierra. Si no se la sacan por las buenas, –con una monedita y convenciéndolos que nada pueden hacer para detenerlos– se las sacan por las malas, como me pasa a mí. El paisano pobre va diez veces al Juzgado de Monte Quemado (vendiendo sus últimos animalitos para viajar y pagar abogado) hasta que baja la guardia y se resigna. Te terminan debilitando para que les vendas (mejor dicho, regales) la tierra. A esa misma gente despojada, les pagan para que vayan a usurpar más campos. Los mandan a usurpar a los que no queremos vender: a “los rebeldes”.

—¿Es verdad que los usurpadores tienen lazos estrechos, convenios o estrategias conjuntas con funcionarios y letrados?

—Los usurpadores luego se juntan con el diputado Hazam, con los fiscales, con jueces y escribanos. Con los abogados poderosos que tienen hoteles y barrios completos del Departamento Copo. Aquí el abogado es juez y diputado. Si nos ven cazando un pichi o quirchincho para comer, te mandan a Bosques y nos meten presos. Pero ellos están acabando con la fauna nativa, desmontando miles y miles de hectáreas y no les dicen nada. Ellos siembran a campo abierto y si alguno de nuestros animalitos va para allí, los matan. Mandan a fumigar en aviones y después, para la cosecha, uno se queda mirando cómo se llevan en silos nuestra riqueza, y a nosotros nos dejan la desolación. Los pobladores de El Caburé estamos perdidos. Ya la gente no tiene tierras para trabajar. Mientras tanto, los terratenientes ya desmontaron y quemaron todo. No te dejan ni para carbón.

—¿Hay otros lugares de la zona en los que se dan situaciones con características como las que usted está describiendo?

—La Reserva Provincial Copo (ex FACA) estaba siendo tomada con el mismo modus operandi. Santillán y luego Tesio, apoyada por la misma “asociación ilícita”. Regularizan fraudulentamente las tierras y venden. Son estrategias para confrontar pobres contra pobres. Ahora llegó Fiscalía de Estado y sacaron a los pobladores, pero nada de los organizadores de la asociación. En el Parque Nacional Copo también están desmontando para unos porteños. Unos pesos y el guardaparques de Los Pirpintos hace la del tero, junto a Bosques y Fauna, o sea, no tira el disparo.

—¿Y el rol del Mocase? Entiendo que debería prestar algún tipo de amparo a quienes están enfrentando una situación como la que usted describe, pero que, lamentablemente, no es para nada así…

—En el Mocase se cuidan entre ellos nomás. Para entrar en el Mocase en El Caburé tenés que estar de acuerdo con Antonio Campana, quien trabaja en conjunto con la Justicia de Monte Quemado. Están para atacar a los pobres nomás. El Mocase está para el despojo campesino. Son todos funcionarios. Sus punteros me conocen de toda la vida. La Pichona Masa ya tiene más de diez mil hectáreas. Me fui a pedir audiencia con Campana. Primero no me recibieron. Después me echó. Volví. Me recibió y me dijo: “vos sos el que te has hecho viral”. Se enteró que denunciaba a Orué y nunca más, me declararon “persona no grata” para la Vía Campesina, que de campesinos no tienen nada.

—¿Las usurpaciones suelen ser muy violentas? Circularon fotos en las redes que dan escalofríos…

—Sí, hay destrozos enormes. La gente recibe latigazos y golpes, no importa si son hombres o mujeres. Las usurpaciones son siempre violentas. Están organizadas y dirigidas, por lo general, financiadas y con entrenamiento. Hachas, machetes, armas de fuego. Son muchas las mujeres que deben hacer frente a bandas como las del Mocase Vía Campesina (foto). Los hombres, por lo general, son atacados por mujeres, para que no se puedan defender. Una vez en los hospitales, los mismos médicos (mientras colocan un hombro en su lugar) les aconsejan que “no realicen la denuncia”, porque ellos están amparados por el gobierno.

—¿Está solo dando esta pelea?, ¿cuánto tiempo lleva en esta situación?

—Llevo más de veinte años peleando. En El Caburé estoy solo porque la gente tiene mucho miedo. Me acompañan mis hijos y, desde el año pasado, cuento con el apoyo de una asamblea de paisanos que la vienen peleando como yo. Allí hay gente que está siendo usurpada por jueces, escribanos y por el mismo Mocase. Ya me están quitando todo. Pero no solo a mí. Los nativos tienen que tomar conciencia. No podemos seguir mirando cómo desmontan miles y miles de hectáreas y se llevan la riqueza.

—¿Cómo lleva su cotidianeidad adelante frente a tanta adversidad?

—Los campesinos sabemos que tenemos a la policía en contra, al gobierno en contra, a fiscales y jueces en contra. Pero cuando uno agarra un hacha y sale al monte a juntar leña, o cuando ensilla un caballo nomás… se olvida de todo. Salir a disfrutar de la belleza de monte te hace olvidar de todo. Recorriendo un poco ya tienes el sustento. El monte nos da la miel, y a veces algún pichi, algún peludo… y ya la alegría es completa. Ya tienes el sustento para llevar al rancho. Salgo solo o con mis hijos y eso se disfruta mucho. El monte siempre te da de comer. Y si además tienes algún zapallo sembrado y una sandía, ya somos felices. ¡Ni hablemos si tenemos choclo! Los amigos me dicen “cuidate hermano, te necesitamos. Vos sos la voz de nosotros. Los pobres estamos asustados y humillados”. Ellos tienen miedo, pero sé que me apoyan en silencio. Ya cuando el sol se pone la felicidad más grande es saber que Hazam no anduvo por mi campo con su gente. Siempre aparece algún vehículo raro o policía. En los años 70 yo tenía 8 años y hacía esto con mis abuelos. Salir a buscar agua o leña. Con ellos aprendía a defender la tierra. Ellos han sido colonos aquí. Y eso me da alegría, aunque me corran las lágrimas.

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