La historia de Julián Vat con la música comenzó cuando apenas tenía tres años, cuando una flauta dulce llegó a su vida como parte de un ejercicio para trabajar una dificultad de motricidad fina. Lo que empezó como una herramienta terminó convirtiéndose en una compañera inseparable y, con el tiempo, en una profesión.
Su formación en el Conservatorio Nacional de Música Carlos López Buchardo, donde egresó con honores, fue el punto de partida de un recorrido en el que sumó la flauta traversa, el piano y el saxo, pero también una manera particular de entender la música: como un espacio de escucha, intercambio y búsqueda permanente. El próximo sábado 17 de octubre se presenta en Espacio Riva (Pasaje Dr. Rodolfo Rivarola 175, Ciudad de Buenos Aires).
En ese camino, el tango ocupó un lugar central. Le interesó especialmente su capacidad para transformarse, dialogar con otros géneros y, al mismo tiempo, conservar una identidad propia. Esa mirada lo llevó a transitar por el jazz, la música contemporánea y académica, y a llevar su trabajo mucho más allá de las salas de concierto: el teatro, el cine, la televisión, la danza y el ballet se convirtieron también en escenarios posibles para su música. Pero hubo un encuentro que marcaría especialmente su trayectoria: el que tuvo, siendo muy joven, con Astor Piazzolla. De aquella experiencia nació, entre otras cosas, la posibilidad de estrenar en 1985, en el Teatro San Martín, Histoire du tango, junto al guitarrista Darío Levenson.
A lo largo de su carrera, Vat compartió escenarios y proyectos con figuras tan diversas como Mercedes Sosa, Enrique Morente, Eladia Blázquez, Cipe Lincovsky, Enrique Pinti y Antonio Gasalla, y trabajó junto a referentes de la danza como Julio Bocca, Juan Carlos Copes, Miguel Ángel Zotto y Ana María Stekelman. Formó y dirigió Octango, dedicado principalmente a la obra de Piazzolla, y participó como músico y director musical de Boccatango, experiencia que lo llevó a recorrer escenarios de Argentina, América y Europa. Dirigió la música del mítico Cabaret y también grabó junto a Cacho Tirao el disco La historia del tango, con el que realizaron una extensa gira por América y Europa.

Paralelamente, desarrolló una intensa tarea como compositor: escribió más de 70 obras y trabajos musicales para cine, teatro y ballet, entendiendo cada proyecto como un desafío diferente y como una oportunidad para encontrar la música capaz de acompañar y potenciar una historia. Además, en 2016 dirigió e interpretó por primera vez en el Teatro Colón la operita María de Buenos Aires, de Piazzolla y Ferrer.
El cine y la televisión ampliaron todavía más ese universo. Participó en películas como Perdido por perdido, de Alberto Lecchi; El resultado del amor, de Eliseo Subiela; El frasco, nuevamente de Lecchi, y El nido, una coproducción italiana dirigida por Mattia Temponi en 2021. También realizó, junto a Marcelo Macri, más de 300 microprogramas de Vat-Macri hacen tangos, un formato que le exigió llevar su música a una propuesta breve y accesible para un público amplio.
La música grabada, los festivales internacionales y los viajes completaron una trayectoria en la que descubrió una certeza: cuando una obra logra conectar con el público, las fronteras dejan de importar y aparece un lenguaje común.
En el año 2000 llegó uno de los capítulos más significativos de su carrera. La viuda de Astor Piazzolla lo convocó para formar el Quinteto Astor Piazzolla, con el objetivo de mantener viva y honrar la obra del gran compositor argentino. Desde entonces, Julián Vat dirige el quinteto de manera ininterrumpida, llevando la música de Piazzolla a escenarios de todo el mundo, entre ellos el Carnegie Hall de Nueva York y el Concertgebouw de Ámsterdam. El proyecto también recibió importantes reconocimientos: en 2019, Vat obtuvo un Grammy Latino por el disco Revolucionario, en el que tocó y dirigió al Quinteto Piazzolla.
Cuatro años después, en 2023, volvió a ser reconocido por la Academia Latina de la Grabación junto al quinteto, esta vez por el disco Operation Tango. Más allá de los premios, el desafío continúa siendo el mismo: interpretar a Piazzolla con respeto, pero también con la energía necesaria para que su música siga viva y llegue a nuevas generaciones.
Después de tantos años, Julián Vat no mira su trayectoria como una historia terminada, sino como un camino que continúa. Quedan aquella primera flauta a los tres años, los años de estudio, el encuentro con Piazzolla, los escenarios, los viajes, el teatro, el cine, la televisión, el ballet y las personas con las que compartió música. Pero también queda un aprendizaje que parece atravesar toda su historia: la música nunca se termina de aprender. Siempre hay una partitura que puede revelar algo nuevo, una idea por descubrir o un músico del que aprender. Y quizás allí esté el verdadero sentido de una vida dedicada a la música: seguir escuchando, seguir buscando y mantener siempre la curiosidad por lo que todavía está por venir.