Durante este mes, árboles, pastos y malezas liberan al aire miles de millones de granos de polen microscópicos. Al inhalar estas partículas, el sistema inmunológico de una persona alérgica las detecta erróneamente como una amenaza y libera histamina, una sustancia química que desencadena la respuesta inflamatoria en ojos y vías respiratorias.
Las variaciones bruscas de temperatura típicas del inicio de la primavera, sumadas a los días secos y ventosos, incrementan notablemente la concentración de polen en suspensión y agravan el cuadro.
¿Alergia o resfrío común? Cómo diferenciarlos
Uno de los errores más frecuentes es confundir la alergia estacional con un resfrío común, lo que lleva a tomar medicamentos equivocados. Aunque ambos comparten la congestión nasal, existen señales muy claras para distinguirlos:
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El origen del cuadro y su inicio: El resfrío es una infección viral que aparece de forma gradual, mientras que la alergia estacional es una reacción inmunológica que se desencadena de manera repentina en cuanto la persona entra en contacto con el polen del ambiente.
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La duración de los síntomas: Un resfrío común cumple su ciclo viral y desaparece entre los 7 y 10 días. En cambio, la alergia estacional se prolonga durante semanas o incluso meses, manteniéndose activa durante toda la temporada de polinización.
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Fiebre y dolores corporales: Son indicadores exclusivos del resfrío común o de un cuadro infeccioso. La alergia estacional jamás produce fiebre ni dolores musculares.
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El tipo de secreción nasal: La alergia se caracteriza por un goteo nasal transparente, fluido y constante (similar al agua). En el resfrío, aunque empieza fluido, rápidamente se vuelve una mucosidad más espesa, amarillenta o verdosa.
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Los estornudos y la picazón: La alergia provoca ataques violentos de estornudos "en salva" (varios seguidos) acompañados por una picazón muy intensa en los ojos, la nariz y el paladar. En un resfrío, los estornudos son ocasionales y la picazón es rara o casi imperceptible, predominando en su lugar el dolor de garganta e irritación al tragar.
Guía práctica: cómo reducir el contacto con los alérgenos
Adoptar ciertas medidas de prevención ayuda significativamente a reducir el impacto del polen en el día a día:
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Proteger rostro y ojos: Usar anteojos de sol al salir y, en días de viento o alta polinización, considerar el uso de barbijo.
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Cuidado al regresar a casa: Quitarse el calzado en la entrada, cambiarse de ropa y ducharse (lavando el cabello) antes de dormir para no trasladar el polen a la cama.
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Ventilación estratégica: Mantener las ventanas cerradas durante la mañana y ventilar la vivienda a última hora de la tarde o tras una lluvia.
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Secado en interiores: Evitar colgar sábanas y ropa al aire libre, ya que las partículas en suspensión se adhieren con facilidad a los tejidos húmedos.
Tratamientos médicos de mayor efectividad
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Antihistamínicos de segunda generación: Medicamentos en comprimidos que bloquean la acción de la histamina sin provocar la somnolencia típica de las fórmulas antiguas.
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Corticoides nasales en spray: Considerados el tratamiento de primera línea para la rinitis moderada a severa. Reducen la inflamación local de las mucosas nasales con mínimo efecto sistémico.
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Soluciones salinas (lavados nasales): Ayudan a barrer físicamente las partículas de polen acumuladas en la cavidad nasal.
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Inmunoterapia (vacunas de la alergia): Es el único tratamiento que modifica el curso de la enfermedad. Consiste en la administración gradual del alérgeno para que el sistema inmune desarrolle tolerancia a largo plazo.
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