Durante años fue apenas un hilo de agua manso, serpenteante y castigado, donde la vida parecía haberse retirado en silencio. Hoy, en cambio, el Luján ofrece una postal impensada no hace mucho tiempo: peces que regresan, cañas clavadas en la orilla, familias enteras buscando un poco de sombra mientras pasan horas a metros del cauce.
El regreso de la fauna ictícola a las aguas bajas y poco caudalosas del río Luján se transformó en un imán irresistible para los amantes de la pesca recreativa. Bagres, mojarras, sábalos y viejas del agua volvieron a hacerse visibles, y con ellos regresaron también los pescadores, los curiosos y quienes simplemente buscan consumir tiempo al aire libre, en contacto con una naturaleza que da señales concretas de recuperación.
Por qué regreso la vida al río Luján
La explicación de este fenómeno no responde a una sola causa. Especialistas coinciden en que un río contaminado, donde durante años no hubo peces y vuelve a tenerlos, suele ser por una combinación de factores.
El principal es el descenso de la contaminación: la disminución o el cese de descargas industriales, un menor uso de agroquímicos aguas arriba y un mayor —aunque todavía insuficiente— control ambiental. No siempre se trata de una descontaminación total, sino de una recuperación lo suficientemente significativa como para que la vida vuelva a intentar instalarse.
A ello se suma una mejora en el oxígeno del agua y, cuando esto sucede, los primeros en aparecer son los peces más resistentes, aquellos capaces de tolerar condiciones adversas.
La multiplicación de los peces
No hace mucho, incluso, el propio intendente Leonardo Boto compartía en sus redes sociales un video donde observaba un cardumen de pequeños peces nadando en el río Luján, una imagen celebrada como símbolo de recuperación ambiental.
Pero la sorpresa mayor llegó hace algunos meses, cuando pescadores comenzaron a dar cuenta de capturas poco habituales para este curso de agua de llanura. Dorados pescados debajo del Puente Mendoza y hasta cachorros de surubí en la zona del Puente de los Huesos, especies más propias del Paraná que del Luján, despertaron asombro y entusiasmo.
Las crecidas y la conexión con otros cursos de agua durante períodos de lluvias intensas explicarían, en parte, esta recolonización inesperada, dicen aquellos que conocen de estos temas.
Anécdotas de pescadores
Justamente, el tramo comprendido entre el nuevo Puente de los Huesos —que por estos días se inaugura de manera oficial— y el puente sobre la Autovía 6 es hoy el epicentro de esta nueva postal. Lo que hasta no hace mucho era un lugar agreste, casi impenetrable y desconocido, se transformó en un punto de encuentro para aficionados a la pesca.
Como, por ejemplo, Juan, quien nació en Luján, pero hace años vive en Castelar. Por segunda vez regresó al río para probar suerte con la caña. Este domingo, ocho cañas clavó prolijamente en una de las orillas, a la espera del pique. Llegó acompañado por un amigo y varios chicos, desafiando un calor que rajaba la tierra. “Todavía no sacamos nada. Hace poco vinimos, esta es la segunda vez. Sacamos bogas, hay muchos sábalos y una vieja del agua. Por Tik Tok vimos que sacaron un dorado”, contó Juan, ubicado a unos cien metros del puente de la Autovía 6.
Pioneros de la pesca
La zona no cuenta con infraestructura básica: no hay arboleda que mitigue las altas temperaturas ni espacios preparados para resguardarse del sol. Las plantas fueron arrasadas porque obstaculizaban el escurrimiento de las aguas y propiciaba inundaciones.
“Nos quedamos hasta las seis de la tarde, hacemos una picadita…”, agrega Juan, antes de interrumpir la charla al ver saltar un pez que no llegó a engancharse entre los numerosos anzuelos lanzados. “Recién saqué una boga, pero como era chica la devolví. Si es grande y sirve, la llevamos”, aclara, mientras muestra la variedad de carnadas preparadas para tentar a las distintas especies.
Un poco más adelante, otro pescador intenta, una y otra vez, con un “robador”, una técnica habitual para la pesca del sábalo, especie arisca y difícil de capturar. Llegó desde General Rodríguez y no dudó en meterse al río, cuyo cauce apenas le cubre los talones. La espalda le brilla por el sol. A su alrededor, un puñado de chicos prueban, sin suerte, pescar mojarritas.
Cambios en el paisaje del Luján
La obra que ensanchó los márgenes del río arrasó con la vegetación existente, dejando una costa amplia, ancha y propicia incluso para el ingreso de vehículos. Se accede por un camino polvoriento desde la Autovía 6. A unos 70 metros corre la senda hormigonada todavía en etapa de construcción.
En algunos tramos, a su lado, se levanta un enorme terraplén de tierra arcillosa —una especie de tosca extraída de la mega obra— que comienza a erosionarse y derramarse sobre la senda, cubriéndola de tierra. La vegetación también avanza imparable. El mantenimiento será clave para la supervivencia en condiciones de este sector ganado al río.
El camino de sirga
Aún inconclusa, la senda ya es utilizada por vecinos para andar en bicicleta, hacer running o simplemente caminar y disfrutar del paisaje. Cada tanto aparecen sectores conocidos como “islas”, algunos ya cuentan con bancos antivandálicos para descansar y observar el entorno. Otros, están en el mismo sentido. Resta completar un área de estacionamiento, especialmente del lado de la Autovía 6.
Todos este tramo, correspondiente al “camino de sirga” es decir el espacio que deben dejar los propietarios ribereños para uso público con el fin de permitir que un vehículo pudiese acercar se hasta la orilla del río, se extiende entre el Puente de los Huesos y el puente de la Autovía 6.
Por el lado norte del río, frente a la cancha de Everlinks Golf & Country Club, se dejan ver los prolijos greens con el césped cortado a milímetros y los golfistas despuntando su pasión con el objetivo que la blanca pelotita entre finalmente al hoyo.
Desde el Puente de los Huesos hacia el Puente de Mendoza, es decir rio arriba, la senda cambia al lado sur y puede apreciarse otra coqueta canchas de golf pero del barrio cerrado Las Praderas. La imagen es prácticamente similar vista ahora desde la otra orilla.
Un sendero a la vida
Todo forma parte del denominado “Sendero 11-21”, un nombre que remite a su extensión: 11 kilómetros y 21 metros. Ida y vuelta. El recorrido supera los 22 kilómetros, conectando la zona de la Basílica con la Autovía 6, o viceversa, según desde dónde se lo mire.
La inauguración del nuevo Puente de los Huesos, el regreso de la población ictícola y el crecimiento de la pesca recreativa funcionan como señales visibles de un proceso más amplio. “Es una señal concreta de recuperación ambiental”, destacó el intendente Leonardo Boto hace un mes y medio al referirse al regreso de los peces, enmarcando estas transformaciones en una idea de ciudad que busca reconciliarse con su río.
Mientras tanto, el Luján sigue su curso lento y sinuoso. Y en sus orillas, entre cañas, anzuelos, bicicletas, motos, autos y caminantes, la vida —de a poco— vuelve a abrirse paso por un sector hasta no hace mucho, inimaginado.