ESPECTACULOS
THIERRY FRÉMAUX

“La cultura es una manera de mantenernos vivos”

El director artístico del Festival de Cannes pasó otra vez por Buenos Aires, parte de su prédica por un cine más atento a sus problemas y con ganas de iluminar nuevos autores y clásicos de siempre que regresan.

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Mirada. El famoso francés estuvo a cargo del festival durante décadas. | néstor grassi

Es el último momento para mí antes de la tormenta. Es abrir el año de Cannes, aunque trabajamos todo el año”, dice Thierry Frémaux, y lo dice sincero. Es, sin dudas, el director del festival de cine más importante del mundo. Visita Argentina para la Semana de Cine del Festival de Cannes, que sigue hasta hoy 3 de diciembre. Un suceso anual que trae un grupo de películas que fueron fundamentales en la edición 2023 del famoso evento. Digan lo que digan, no hay director de festival de cine como Frémaux: inteligente, provocador, enamorado del cine (no del gesto hooligan de amar el cine, eh, enamorado en serio). Frémaux dice: “Cannes nace dos veces en su historia. La primera como reacción a los festivales de propaganda. Y después de la Segunda Guerra Mundial, como un proceso de reconstrucción del mundo, donde lo que se decía con Cannes era que la cultura era parte del nuevo mundo, que el cine lo era. Hoy también tenemos que reconstruir. Los enemigos son muchos: la demagogia, las redes sociales, una parte de no ver la educación como un proceso total, que necesita de todo lo que le podamos dar. La cultura es una manera de mantenernos vivos, de saber defender aquello en lo que creemos.

—¿Qué puede hacer la industria del cine o no, para hablar con las diferentes realidades políticas?

—Por supuesto que entiendo la pregunta, y lo primero que pienso, y aclaro, es que no puedo hablar de cosas políticas que no atañen a mi país, más que nada por una cuestión de respeto, de entendimiento y distancia. Dicho esto, viendo lo que sucede en un panorama global, el arte, el cine, pero las artes en general son una manera de entender aquello que sucede en el mundo, y eso implica tanto aquellos sobre lo que las artes hablan, pero también aquello sobre lo que no. Implica de nuestro lado saber leer todo lo que está haciendo el arte, porque es un lujo que nos podemos dar. Pero sí nos permite entender el arte, el cine, que vivimos todos juntos, el cine siempre es un instrumento de conocimiento del mundo, para conocer el mundo. No solo aquel que te gusta, no solo la obra maestra, no solo el documental puntual. Siempre es una herramienta para conocer el mundo, y por eso es un arte comunal. Podemos decir que quizás el cambió más radical a la hora del cine, del arte del cine, es que cuesta encontrar curiosidad por aquello que es parecido a nosotros, y que el arte, vuelvo, es una manera entender otras clases sociales, geografías, formas de ver, de pensar. Amar el cine es amar el mundo. Y eso implica amar a los otros, quieras o no. Conocer el cine es conocer a los otros. Y ha sido desde siempre así.

—¿Por qué crees que ha sido siempre así?

—Desde los Lumiere, que mandan camarógrafos a todos los rincones del mundo para filmar lo diferentes. El cine es lo contrario del egoísmo, no es sobre nosotros, es sobre los otros. Un arte comunal. Yo creo que el Festival de Cannes es eso. Yo siento que mantengo esa idea de la universalidad. Por supuesto que la primera regla es entender la situación del cine en ese momento, los autores con quienes podemos decir “esto es el cine de hoy”. Eso me parece que todavía lo hacemos. O lo intentamos. Mantenemos esa mirada. Es muy interesante, hay dos cosas. Los rusos, los comunistas, en los años 20 y los años 30, por otra gente, el cine fue muy popular, porque era una herramienta de propaganda. Hoy el cine es menos importante porque genera diferentes maneras de poder ser visto. Ahora, por ejemplo, tenemos a las plataformas, a Netflix o otras compañías de VOD, y ellos tienen una responsabilidad, con la que cumplen, que conocen que la tienen. Después la vida cotidiana de la gente aparece, que puede ir desde la posibilidad de ir al cine y no hacerlo, o la real imposibilidad de ir al cine por la vida les toca en términos económicos. 

—¿Sentís que el universo de los festivales de cine se ha cerrado sobre sí mismo y necesita hablarle a esa gente que no puede ir al cine, a sus ciudades, a sus comunidades, al mundo desde otro lugar que dar sí o sí tal o cual película que el cinéfilo quiere ver (y que eso defina la supuesta calidad o función de un festival)?

—Eso lo siento. Hace tres semanas estaba en Istanbul, voy a Río de Janeiro, y ahora estoy en Buenos Aires. Voy también a Gothenburg. Yo al menos estoy intentando no ir solamente a Madrid, a Roma, a Nueva York. De ir a países donde es importante ir. Donde el acto de estar muestra el interés de Cannes por que exista más cine en esos rincones. Yo vengo a Buenos Aires hace años, y es importante para mí, porque también aprendo mucho de las discusiones que tengo aquí. No es la misma manera que ver el mundo que en París o los norteamericanos.

—Lo que también pasa, por ejemplo, es que pocos directores de renombre quieren acercarse a esos rincones del mundo que mencionas, y sería muy importante para cientos de estudiantes de cine entrar en contacto con nombres así. ¿Cómo ves algo así?

—Mi educación fue ir al cine. Ir a escuchar al cine. Eso se ha pérdido, como en la vida, como en la política. Para mí es importante, por eso hago estos viajes. Antes de estar en Cannes, para mi formación intelectual era importante ir, encontrar. A Scorsese, por ejemplo. Eso fue cuando yo era joven. Hay que pelearse, hay que luchar. Es mi manera de trabajar. Sin dudas antes era más barato viajar, o quizás no. Pero es cierto que necesitamos pensar el cine de forma global todos aquellos que estamos involucrados en el mismo. 

—¿Cómo sentís que el cine ha cambiado que, como vos decís, “ha definido al mundo”?

—El cine cambia desde su invención. Por ejemplo, los películas que venimos dando esta semana, son películas de cine. Es mi manera, nuestra manera, la de nuestro equipo, de nuestras secciones, de decir que es el cine. A veces hay cine en algunas series, sí. Pero eso no es cine, no es un objeto de cine. Las películas de Win Wenders, de Kore-Eda, de Kaurismaki, de Justine Triet que tenemos aquí son películas de cine, de autores. Pero hay dos generaciones, como la que representa Wenders, o Kaurismaki, y otra nueva como la que representa Justine Triet, eso es una prueba de varias cosas: que hay una transmisión de generación. También que los viejos están fuertes, la alegría de ver la vuelta de Win Wenders. Por eso nuestras secciones, como Un Certain Regard, es una sección importante, con un recorte joven, y una manera más radical de hacer cine.

—¿Cómo se le explica a alguien alguien que, sea privado o no, un festival de cine no es un gasto en vano? 

—Cannes es fácil de explicar, seguro. Pero por ejemplo estar en Argentina es trabajar con el público. Yo soy el director del festival más importante del mundo, pero Bafici o Mar del Plata hacen el mismo trabajo. Eso lo tiene que entender la gente. En otra escala, pero el mismo trabajo. Para mi no hay problemas de creación, todos vemos muchísimas películas todos los años, digo, los que trabajamos en esto. El futuro del cine es el futuro del público del cine. Cuando empecé hace años, se murió el Cine Club, algo que decían estaba fuera de moda. En los años 50, los intelectuales franceses veían películas clásicas, las películas se presentaban, se veían y se hablaban. Eso fue importante, se note o no, se pensaba el arte, el cine, de forma comunal. Tenemos que volver a la formación, porque hay un gran peligro de la manipulación de imágenes, de las imágenes rápidas, de redes, de consumo instantáneo.