domingo 04 de junio de 2023
ESPECTACULOS MARCELO PIÑEYRO

“La épica es perfecta para mostrar el poder y sus luchas”

El director regresa con la segunda temporada de El reino, y su creación junto a la escritora Claudia Piñeiro. Reflexiona sobre cómo la serie le permitió contar sobre algo que nunca había encarado de esa forma: el instante en que los ideales mutan en programa político. Celebra a sus actores y colegas.

25-03-2023 03:18

Nosotros cuando hicimos la primera temporada, con Claudia Piñeiro, teníamos la idea en la cabeza de que la historia concluía en una segunda temporada. Obviamente, no teníamos la certeza de hacerla. El deseo estaba. Y queríamos que terminara en la segunda. Teníamos algunas ideas claras de lo que queríamos contar: queríamos contar a Emilio, el personaje de Diego Peretti, ya presidente, ya establecido, con gobierno fracasado” dice Marcelo Piñeyro, auto de clásicos del cine nacional como Tango Feroz y Caballos salvajes. Y ahora, el estreno en Netflix de la segunda y última temporada de El Reino ratifica aquellas ganas que Marcelo y Claudia Piñeiro, con quién el autor creó y escribió esta producción, la más grande realizada en Argentina y responsabilidad de K&S. Piñeyro siempre habla en plural: “hicimos”, y no solo por referirse permanentemente a Claudia Piñeiro, sino a todo su equipo, o como él dice “sus colaboradores creativos”. Esa pasión por cada persona, por el equipo, aparece también en El reino, la historia del ascenso al poder de una pareja de populares pastores que cuenta con nombres como Diego Peretti, Peter Lanzani, Mercedes Morán, Joaquín furriel, Chino Darín, Nancy Dupláa, Sofía Gala, Maite Lanata y la lista sigue igual de contundente. Sigue Piñeyro: “Teníamos también claro para esta segunda que Tadeo, el personaje de Lanzani, y Jonathan, el de Uriel Nicolás Díaz, volvían. Y había por supuesto que ponerse a escribir aquello no tan claro. Pero nunca dijimos que se podía seguir: este es el final”. Y remarca: “El trabajo con Claudia fue una maravilla, sinceramente una maravilla. Yo había adaptado Las viudas de los jueves, de ella, pero con Marcelo Figueras. En ese momento nos conocimos, de mandarle versiones del guión. Nos encontramos muchos años después, por una propuesta que nos hicieron y que a ninguno de los dos nos interesó. Fuimos a tomar un café social, hablamos de series, de un formato del que teníamos ganas. Y pensamos en proponer nosotros, y lo hicimos y fue El reino. Siento que funcionamos muy muy bien. Nos retroalimentamos mucho. Funcionamos bien en cómo pensamos, con el eje en dos lugares distintos. Tenemos ganas de seguir trabajando juntos. 

—¿Qué descubrieron que querían contar?

—La serie está muy marcada por seguir a los personajes, y a sus historias. No solo con Emilio y Tadeo, si no con Elena, con todos los personajes, inclusive con los que se incorporan. Siento que todo lo que hemos hecho previamente, Claudia y yo en nuestro mundos, se basa siempre en los personajes, en seguirlos. Siento que es nuestro territorio, que no es algo nuevo. 

—Seguro, pero la cuestión del poder a veces tienta para seguir más el pasillo que a los personajes. No es el caso. 

— Lo que sí yo siento es que esta segunda temporada nos permite profundizar un poco en reflexiones nuestras que son las que nos pusieron en marcha y que tienen que ver con el poder y con las manipulaciones a la sociedad de la gente que lo detenta, que además quiere cada vez. El poder es esa droga que donde la tocaste, queres cada vez más, más y más. Siempre me había preguntado “¿cómo es?”. Me cuesta mucho entenderlo. Yo en general, quizás sea un ingenuo, pienso que la gente tiene motivaciones genuinas, que son las que lo ponen en marcha. Entonces ¿cuándo se cruza la barrera? ¿Cómo se cruza la barrera? ¿Estás consciente que estás cruzando la barrera? ¿O de repente te encontras del otro lado y no tenes forma de volver? Esos temas tengo en mi cabeza hace mucho, más allá de películas, si no como persona que habita el planeta. He leído sobre eso. El Reino y su segunda temporada nos permitían reflexionar sobre eso.

—¿Cómo aplica eso entonces a esta segunda temporada?

— En ese sentido, hemos enfilado con Claudia mucho más netamente en esa dirección. También, digamos, El Reino, es mi primera experiencia en series y la primera experiencia de Claudia en series. Es un formato narrativo distinto, para ambos. Uno que permite mucho. En la primera temporada nos “protegimos”, en una estructura muy clásica de thriller, a este señor lo matan y tenemos que saber porque lo matan. Eso nos permitió estructurar el relato como thriller, que era una estructura que ambos habíamos recorrido. En esta segunda, preferimos saltar un poquito más sin red, y tener una estructura que podría ser definida más como de la épica. Nosotros no la habíamos recorrido mucho, y la ficción argentina en general no la recorre mucho. La épica para mostrar el poder está perfecta. 

—¿Cómo trabajaste la épica la hora de los estrictamente visual en la serie? 

—En realidad, en un punto, lo más complejo es la construcción dramática. Yo siento que hicimos dramáticamente una construcción (perdón que lo diga yo, pero es la sensación que tengo al haber trabajado mucho en lograr eso). Después encontrar la construcción visual es otra cosa. Una cosa es la construcción visual para la épica de Tadeo, que para mí era importante, primero, que se note que no tiene proyecto político de poder, de manejar y controlar al sistema. Que todo le sucede a su pesar. Visualmente necesitaba transmitir su ingenuidad, por eso lo natural. En el mundo de los pretorianos, necesitaba una épica ominosa, fría, de mármol. Amenazante. De castillo, mitad de siglo XX, toda la imaginería autoritaria, que tiene que ver con lo militar como formato. Y en el mundo de Osorio, algo frío y digital, siglo 22, más guante blanco.

—¿Qué descubriste como narrador en el universo de las series?

— Es otra cosa es otro mundo, es otra manera de pensar, es otra forma de contar. No solo la manera en que se narra, ya que tenes la estructura general, la estructura de cada episodio, la que pertenece a cada línea narrativa, en el total y en el episodio. A la hora de escribir, es otro planeta. En el rodaje, no sentís diferencias. ¿Tenés que tener más cosas en la cabeza? Sí. Filmas por locación, y la serie te exige ser obsesivo, planificar. Hay cuestiones de puesta, no solo por secuencias muy puntuales. El reino tiene una intención visual muy potente, y eso también, aunque diferente, estaba en mis películas. Acá descubrís que cada línea narrativa requiere su modo visual, y eso afecta a todo. Es muy diferente como trabajamos a Tadeo y a Emilio y Elena. Cada personaje, cada línea narrativa, tiene su identidad visual, algunas son más evidentes y otras no.

—¿Qué descubriste del poder, si es que descubriste algo, haciendo la serie?

—Hay una cosa que la serie me dice y que tiene que ver con la cotidianidad del poder, del adentro del despacho. Es la soledad del poder, que la logramos mostrar. Pensar en esa soledad, y el laburo de Diego Peretti y Mercedes Morán hizo que estos personajes odiosos me conmovieran. La soledad del poder y del monstruo que uno conoce, no personalmente, implica que pueden ser eventualmente humanos. Encontrar lo humano en el monstruo: me encantaría seguir trabajando allí. Eso sí, no creo que vuelva a trabajar con presidentes.

 

Los colaboradores artísticos de una serie como pocas

Marcelo Piñeyro es uno de los creadores que más habla sobre sus colaboradores, sobre quienes lo ayudaron en esa aventura: “Tuve unos colaboradores en lo que se mal llama equipo técnico y son colaboradores artísticos, de lujo: Cristián Cotet es un fotógrafo que es de verdad un colaborador artístico, un tipo que para plantear el plano, la secuencia, estas charlando no de colores, estas charlando de cosas más hondas. Daniel Gimelberg en el arte, Ruth Fischerman en el vestuario, y ni hablemos de Alejandro Brodersohn en edición. Federico D’Auria en asistencia de dirección, y sé que estoy saltándome muchos nombres, porque voy a estar siete horas. Pero la verdad que fueron compañeros de ruta que me permitieron animarme a lo que quiera, porque podrías llegar a eso. La realidad de los rodajes es lo que se puede. Pero la temporada 2 la encare como ‘hagamos lo que queramos’. ¿Cómo sigue todo para el director? Piñeyro: “Tengo varios proyectos dando vuelta. No quiere decir que la haga, y se la comenté a Claudia, que es una de amor, que me surge de la lectura del primer capítulo de Memorias de Adriano, cuando va a l médico y dice que el cuerpo, que fue el campo de batalla de todas sus memoria y placeres, hoy es un campo de batalla minado. Es una historia opuesta a El reino, hiper intimista. Tengo una de serie, que me gustaría mucho hacer, que tiene que ver con la creación artística con grupos de jóevenes, la creación como motor de quien queres ser. Todavía me tengo que salir de El reino, son casi 4 años o 5 de pensar en esto. Quiero pensar en algo diferente”.

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