lunes 30 de enero de 2023
ESPECTACULOS Rafael Spregelburd y Sofía Palomino

“La forma de concebir las escenas se parece al montaje cinematográfico”

Dos de los intérpretes de la segunda temporada de Nadie es inocente, titulado El agua electrizada, relatan su experiencia con este nuevo material policial.

04-12-2022 04:18

Ya se puede escuchar de manera gratuita la segunda temporada del podcast Nadie es inocente, producida por Contenidos Públicos S. E. y Los Andes Cine para Contar, con el apoyo de la Biblioteca Nacional. Nuevamente el material literario elegido pertenece al género policial. Es la novela El agua electrizada, del escritor argentino C. E. Feiling. La dirección es de la cineasta Ana Piterbarg, con idea y producción general de Laura Bruno. El elenco está encabezado por Rafael Spregelburd y Sofía Palomino, junto a Luis Ziembrowski, Valeria Lois, Manuel Callau, Gerardo Chendo, Valeria Correa y se mantiene Ricardo Patán Ragendorfer, en su rol de narrador de la ficción. (Ver recuadro).

—¿Creen que este formato de podcast es la nueva manera de hacer radioteatros?

RAFAEL SPREGELBURD: Hay que tener en cuenta que los mecanismos de difusión de ficción han cambiado radicalmente. Así como las nuevas generaciones no soportan la televisión de aire, o no poder elegir qué ver o en qué momento verlo, el radioteatro con horario en programa fijo parece totalmente inviable para los hábitos de consumo que se están imponiendo. Esto que aquí llamamos podcast existe en los países de habla alemana desde hace años; se llaman “hörspiele” y hay toneladas de materiales adaptados a ese formato. Es más: los dramaturgos suelen vivir mucho más holgadamente de este tipo de producciones que de las de teatro tradicional.

SOFIA PALOMINO: Todo se resignifica todo el tiempo, y siempre hay un eslabón de inspiraciones. El podcast es un derivado de la radio, y claro que si, este formato de ficción está totalmente atravesado por el radioteatro.

—¿Habían participado como intérpretes o como oyentes de los podcasts?

S: Mis primeras experiencias fueron esporádicas y en pandemia. Lecturas de poesía en redes diversas o ciclos de radio, traducciones compartidas en grupos más o menos cerrados, homenajes en Instagram a escritores fallecidos súbitamente (como Rosario Bléfari o Eduardo del Estal). Pero como intérprete más “profesional” comencé a interesarme en el formato a fines de 2021. Allí escribí y dirigí para el CCK el fin de una epopeya: El Once. 

P: Como intérprete no, pero como oyente sí. Soy fans de los podcasts de noticias como Algo prestado de Tamara Tenembaum, La inquietud que es de literatura y conduce Fabián Casas y Marina Mariash, o Primo que es de temas variados, medio un fluir de la consciencia, de Lola Granillo. Nunca había escuchado antes podcast de ficciones hasta antes de grabar éste. Ahí escuché todos los de Nadie es inocente y me parecieron geniales, aparte me encantan lxs autorxs elegidxs y los actores y actrices que actuaron.

—¿Cómo es actuar frente a un micrófono? 

P: Para mi es una experiencia muy hermosa, me hace acordar a cuando tengo que hacer doblaje para alguna escena de alguna película que filmé, que luego en la etapa de post producción tenés la posibilidad de editarla, probar algo nuevo más allá del cuerpo. Es como sumarle otra dimensión a la actuación, medio como si fueses un fantasma, tu emocionalidad, todo tu ser es solo una voz, no sé, hay algo que hasta se relaja más.

S: Es diferente. Al principio me ponía muy impaciente. En la actuación es bastante importante decir una cosa y significar con el cuerpo la contraria, o al menos un cúmulo de contradicciones. Al tener sólo la voz, esa actuación cambia; tiende a volverse sólo afirmativa. De hecho, las vacilaciones costumbristas no suelen quedar muy bien: no se puede actuar con las mismas armas que tiene el cuerpo visible. Las palabras deben ser más puras y más limpias, pero sin ganar impostura. Es un arte muy delicado. Hay que entrenarse para llegar a un criterio propio. Y como todo lo que se hace por primera vez, es bastante fascinante.

—¿Notaron que la directora (Ana Piterbarg) proviene del mundo del cine? ¿En qué lo evidenciaron?

S: Sí, su forma de concebir las escenas se parece al montaje cinematográfico, mucho más que al teatral. Mucha verdad en el decir, mucho cuidado por no forzar el diálogo (que al tratarse de una novela de Feiling podría sonar excesivamente “escrito” cuando debería sonar oral). El momento de la grabación se parece al del set de cine: tiene su aura y sus formas de invocar la magia de la escena para ser registrada. También la producción, en manos de Laura Bruno, tiene el aura del cine de autor: supo hacer gentiles malabares con las condiciones de grabación, los horarios, las dificultades de la pandemia, del presupuesto, armó un casting que era un lujo y un placer. No son habilidades menores en un productor. 

P: En ese sentido era muy parecido a estar actuando para cualquier tipo de ficción, ella es muy clara dirigiendo, y nos guiaba y pedía los tonos que iba sintiendo que necesitaba la escena.

—¿Creen que la novela o los cuentos policiales son más cercanos para transformarse en guiones para podcast? ¿Por qué?

S: Es cierto que son buenos ejemplos de narración episódica, porque uno quiere saber siempre qué va a pasar. Pero en ese sentido también podríamos aducir que Edipo es un buen policial: hay un misterio (la peste), un investigador (el propio Edipo, que debe saber el porqué de esta plaga), y un culpable (en este caso formidable, el propio Edipo). El cuento policial es la forma contemporánea de algo antiquísimo y la idea de desentrañar un enigma es inherente a cualquier relato que quiera subdividirse en episodios.

P: Quizá porque es un género más arquetípico y en el imaginario colectivo ya hay como una carga histórica de texturas, climas, sonidos e imágenes de las películas policiales. No sé, igual creo que con creatividad todo puede suceder, que cualquier historia puede pensarse y adaptarse a cualquier formato. Hay infinitas formas de hacer y pensar las adaptaciones.

—¿Qué los decidió aceptar? ¿El personaje? ¿La historia? ¿La plataforma a la que se accede que es gratuita? 

P: Creo que todo a la vez. Me interesaba trabajar de vuelta con Rafael (Spregelburd) y también con Ana (Piterbarg), a quien ya la conocía como directora de cine. Confiaba en la mirada de ellos, y a Feiling no lo había leído pero sabía quién era y también me interesa su voz. Creo que lo que más me interesó fue que era una adaptación de una novela, que la literatura estaba interviniendo al guión y que esa presencia del autor estaba todo el tiempo. 

S: Cuando leí el personaje tuve la inmediata sensación de que era para mí. Podía entenderlo muy bien. No sé si reparé tanto en el formato, en la plataforma o en el hecho de que había muchos amigos involucrados en el proyecto, como el genial Gustavo Pomeranec, músico y gestor detrás de esta epopeya. Creo que lo que me decidió a hacerlo fue algo que en realidad no existe: el pobre Tony Hope pedía a gritos un cuerpo (una voz) en la que volver de la nada, del silencio. Yo –que soy un sentimental- escuché ese pedido. 

 

La incomodidad fantástica 

El podcast El agua electrizada está constituido por seis episodios de veinte minutos cada uno. Se suman las entrevistas que realizó Ricardo Patán Ragendorfer a las autoras y periodistas Gabriela Esquivada y Paula Rodríguez, al comisario inspector retirado de la Policía Bonaerense Luis Vicat y al escritor Juan José Becerra.

Cuando se le pide sobre las diferencias entre el podcast y el radioteatro, Sofía Palomino asegura: “La influencia del cine y las herramientas técnicas que hay ahora potencian la sutileza de la ficción sonora. Hay más detalles que ayudan a que a través de los sonidos se puedan percibir las escenas de una manera mucho más cercana. Siento que es una experiencia sensorial más compleja. Creo que sobre todo tiene que ver con una cuestión de época, donde inevitablemente las herramientas, los efectos técnicos se filtran y el campo de posibilidades para experimentar grabando sonidos y atmósferas es mayor. Sobre todo si lo dirige alguien que viene del universo del cine (Ana Piterbarg) donde suele haber un tratamiento del sonido mucho más agudo”.

La ficción de C. E. Feiling transcurre en el año 1989, tiempos democráticos pero con cercanía a la dictadura. Rafael Spregelburd subraya: “La novela tiene una forma muy especial de referirse a ese pasado: casi todo lo político tiene una fuerza enorme precisamente por no estar en el primer plano, sino en el clima, en la textura. Aquí la historia es lo que se presenta como síntoma, genera una incomodidad fantástica. La desilusión del fin de la primavera alfonsinista hace sistema con el antihéroe de esta historia, el atribulado Antonio Hope, un gran personaje clásico, lleno de defectos y al mismo tiempo de una lucidez agobiante”.

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