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ESPECTACULOS / Marcos Mundstock
viernes 19 octubre, 2018

“Las obras de Les Luthiers son como una ópera”

Mientras se desenvuelve como presentador de Pasado de copas en Telefe, el actor y músico reconoce que con el quinteto humorístico generaron un producto único.

Analía Melgar

Futuro. El veterano artista confiesa que con su grupo siempre evitaron el humor de coyuntura. Foto: TELEFE

Este fin de semana, Marcos Mundstock está actuando en Ciudad de México, junto a los actuales integrantes de Les Luthiers: los históricos Jorge Maronna y Carlos López Puccio, y las incorporaciones más o menos recientes de Martín O’Connor, Horacio “Tato” Turano y Tomás Mayer Wolf. En noviembre, van a España. Y la gira 2019, ya armada, arranca en Colombia. La fórmula que hoy viaja por el mundo tuvo sus inicios en los cafés concert de los 60, en los patios de las universidades públicas, pasó por la aventura de la autogestión, recolectó anécdotas como la que terminó en la justicia, cuando Nacha Guevara lastimó con un vaso de vidrio a Mundstock, pero eso quedó muy lejos.

Ahora, Mundstock está más al alcance del público popular argentino, los domingos a las 23:30 en la pantalla de Telefé. Allí, en tanto actor/locutor presenta el programa Pasado de copas-Drunk History, un formato de serie creado en Estados Unidos, estrenado en 2013, que va por su sexta temporada y tiene réplicas en Inglaterra, Brasil, Australia, México. Se trata de la reconstrucción cómica de episodios de las respectivas historias nacionales, interpretadas por reputados actores y personalidades de notoriedad pública, pero narradas en off por otros actores que parecen estar ebrios. La versión argentina reproduce la receta original e incluye, entre sus invitados, a Mike Amigorena, Narda Lepes, Lizy Tagliani, Celeste Cid, Esteban Prol, convertidos en Belgrano, Perón, Sarmiento, Avellaneda, distribuidos en 24 capítulos, disponibles por Cablevisión Flow en forma completa.

Antes, Mundstock conversa y justifica su intervención, porque “el de presentador es uno de mis oficios. El programa tiene una cosa fantástica, divertida. Detrás de todo, está Daniel Balmaceda, un historiador muy serio, que tiene la gran virtud de pescar los episodios más pintorescos o menos conocidos, los detalles de la historia. Se permite mirar, desde otro punto de vista, cosas que nos han enseñado muy dogmáticamente. [A la vez], se trata de, básicamente, un programa humorístico, lo cual es bienvenido en la televisión argentina, donde no hay programas de humorismo. Además, tiene todo el sustento historiográfico y una gran producción.

—En este programa el humor recae en nombres y apellidos. En cambio, en Les Luthiers no han hecho chistes sobre personas concretas…

—Desde Les Luthiers, hay toda una doctrina sobre ese tema. Nunca hicimos un humorismo sobre la coyuntura. Jamás nos hemos referido a personas con nombre y apellido. Siempre prototipos, un político cualquiera, la cosa más general, más atemporal. Los personajes, aún los políticos corruptos, los hicimos en la época de Menem, y para nuestra sorpresa, por un lado, agradable, por otro lado, triste, siguen funcionando, porque la corrupción es exactamente igual ahora que hace treinta años.

—¿Cómo te organizás para sostener, al mismo tiempo, Les Luthiers?

—Cada vez que yo aparezco en una cosa fuera de Les Luthiers, hay gente que duda y me pregunta: “Che, ¿y ustedes cuándo van a volver?”. Nunca nos fuimos. Estamos trabajando más que nunca.

—Decís “estamos”, y en ese “nosotros” no está más Carlos Núñez Cortés…

—No está. El tipo se retiró en nuestro cumpleaños número 50; ya lo había avisado unos años antes. Se jubiló el tipo. Entró, en su lugar, Tomás Mayer Wolf, muy gracioso y un músico fantástico.

—Y ahora son sexteto, ya no más quinteto…

—Sexteto, porque cuando murió Daniel [Rabinovich, en 2015], entraron dos: Martín O’Connor y Tato Turano, para reforzar un poco todo el show.

—¿Les Luthiers persiste incluso reemplazando a sus integrantes originales…?

—Nosotros teníamos un poco esa pregunta, pero en la práctica estamos viendo que el público responde fantástico; las carcajadas están con la misma intensidad, en los mismos lugares, así que el mecanismo humorístico de Les Luthiers sigue funcionando al tope. Las obras de Les Luthiers tienen un libro, un texto y una música; están muy probadas, se han pulido, se han perfeccionado. Son como clásicos, como una ópera de Verdi. Al nuevo le toca interpretar un papel; lo que tiene que hacer es representarlo lo mejor posible. Además, tiene los videos de los creadores originales y puede entender perfectamente de qué se trata.

—¿Son únicos, o tienen continuadores o derivaciones?

—Sin que eso sea un gran elogio, creo que sí, somos únicos, pero no por cantidad de méritos, sino por la característica. Otros grupos que hacen humorismo musical; incluso hasta son mejores músicos, o más lanzados humorísticamente, pero son distintos. Un grupo como el nuestro yo no conozco ninguno: el producto de cinco locos, o seis, que aportaron las locuras particulares de cada uno… que se repita igual probabilísticamente es casi imposible.

Recuerdos de los comienzos, perspectivas de futuro. Marcos Mundstock repasa cómo fueron los comienzos de Les Luthiers en las décadas del ’60 y ’70: “Nacimos en esa época, en ese clima. Por ejemplo, en el 69 o 70, hacíamos un espectáculo en el Di Tella y otro en el Café Concert La Cebolla, que quedaba en Bartolomé Mitre y Callao. Cuando terminaba la función en el Di Tella, teníamos que ir volando a La Cebolla, para lo cual había que llevar los instrumentos. Todo nuestro arsenal de transporte consistía en un Renault 4 de Carlitos Núñez, y La Cebolla estaba en un sótano. Los episodios de estas mudanzas de estas noches eran muy pintorescos. La consigna era: “Cadena”. Entonces, nos poníamos en la escalera e íbamos pasando los instrumentos de mano en mano, por la escalera, como los albañiles, ¿vio? Además, en las primeras épocas, por ahí no nos iba tan bien, porque había noches en que había poca gente. Nos parábamos en la puerta, cruzando los dedos de que viniera más gente. Veíamos venir por la esquina de Callao una parejita. A veces pasaban de largo. A veces entraban. Pero nos fue bastante bien. Fue el comienzo. Ahora estamos grandes ya. ¿Si esto puede tener continuidad?, ¿cómo? No lo sabemos. Probablemente, a la luz de los reemplazos que se hicieron y que Les Luthiers sigue funcionando a tope, podríamos suponer la posibilidad de que haya un grupo de Les Luthiers con nuestra vieja música, nuestros textos, nuestra idea escénica, representado por otros personajes que no seamos nosotros. No lo sabemos. Eso, más que una esperanza, es una especulación. Ahora nos divierte muchísimo, nos hace muy felices, nos permite seguir activos”.


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