jueves 19 de mayo de 2022
ESPECTACULOS ‘NO TENGO TIEMPO’
07-05-2022 03:55

Todos los momentos que se acaban

07-05-2022 03:55

Todo comenzó con un mail de María Pia López a comienzos de marzo de 2020, donde me contaba sobre la inquietud de llevar No tengo tiempo, su primera novela editada por Paradiso, al teatro. Entonces arreglamos un primer encuentro con ella y Carolina Guevara (una de las actrices e impulsoras del proyecto) que terminó siendo virtual ya que esa misma semana se declaró la cuarentena obligatoria. Entonces, con la imposibilidad de juntarnos emprendimos la adaptación de la novela, en extensas reuniones virtuales a través de Zoom, todos los viernes por la noche y durante largos meses. De alguna manera, fue una hermosa excusa para acompañarnos y apoyarnos en esos raros tiempos, ya que nos divertimos mucho leyendo y seleccionando fragmentos de la novela e imaginando teatralidades posibles.

El trabajo de adaptación se propuso bajo tres premisas fundamentales. Por un lado, ubicar los acontecimientos en tiempo presente, ya que en la novela son narrados a través de una cronología de días sucesivos, y estructurados como una suerte de diario íntimo. Por otra parte, recortar el volumen textual, pero intentando alterar lo menos posible en esa maniobra, la poética del texto original. Y, por último, hacer confluir en un mismo espacio, acontecimientos que en la novela están planteados a lo largo de distintos escenarios. Finalizado el proceso de adaptación y con un panorama de cuarentena menos riguroso, emprendimos los ensayos y el ansiado encuentro de los cuerpos, la incorporación de la otra actriz Leticia Torres, de Vicky Balay en la música, de Rocío Bari en la asistencia de dirección y todo un equipo creativo que se fue sumando a lo largo del proceso.

El texto de María Pia López aborda centralmente el tema sobre el tiempo y su carácter peligroso, amenazante y acechante. Pero de esa centralidad se desprenden muchas otras ramificaciones derivadas de esa problemática existencial: el devenir de los cuerpos ante ese paso irremediable, las maternidades y el tiempo biológico que se acaba, la finitud de la vida y la conciencia ante el tiempo perdido.

A lo largo de la historia las protagonistas nos van llevando por un derrotero que transita a toda prisa, desde la convicción de que pisan los cuarenta años y se les pasa el tiempo para ser madres, hasta la decisión de serlo pagando el precio que sea necesario. Y arrastradas por esa fuerza impetuosa y demoledora, batallan tanto física como emocionalmente para conseguir lo que se proponen y en ese ring están los cuerpos que arremeten sin piedad contra todo lo que puede ser un impedimento en el camino de satisfacer sus deseos. En ese enfrentamiento, que es tanto físico como metafórico, los cuerpos son el centro y la materia en la que se inscriben todas las situaciones dramáticas. La obra resulta por momentos arrolladora, como una suerte de topadora que arrasa y sacude con cada palabra, porque no hay tiempo y eso se convierte en un hecho dramático, en un discurrir jadeante que agita a través de cada acto de incorrección y desmesura y que ignora reglas morales.

Pero a pesar de enfrentar esa falta, la obra no se posiciona solo en el padecimiento, sino que logra correrse del lugar de victimización y de golpes bajos, para encontrar el humor como salvoconducto, aunque se trata de un humor ácido que nunca resulta complaciente... más bien todo lo contrario, se vuelve incómodo y catártico. No tengo tiempo invita a la reflexión sobre el tema existencial del tiempo, el lugar en que nos posicionamos frente a ese paso irremediable, sobre lo que somos capaces en post de conseguir lo que queremos cuando el tiempo se nos acaba. También nos interpela como clase, como parte de una sociedad de consumo, y como sujetxs capaces de resolver la falta a través de un estricto intercambio comercial.

*Directora de No tengo tiempo.

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