Cada vez más personas conocen las características de su signo solar y no resulta tan extraño que alguien sepa cuál es el signo de su Luna o su ascendente. El auge de la astrología y el contenido que circula en redes sociales acercan esta información a todo aquel que quiera saber un poco más sobre sí mismo.
Si bien la astrología no cuenta con evidencia científica sólida que demuestre que la ubicación de los planetas está relacionada directamente con la personalidad, está lejos de ser una moda actual. La astrología y la psicología se conocen hace bastante tiempo, en parte es por el interés que despertó en Carl Gustav Jung, uno de los principales referentes de la psicología analítica.

Jung, psicólogo y psiquiatra suizo, se interesó profundamente por la astrología y el mundo de los sistemas simbólicos, a los que estudió en relación con la psiquis, arquetipos y el inconsciente. Su acercamiento no fue principalmente predictivo, sino que le interesaba explorar qué podían revelar estos sistemas sobre la experiencia humana y el mundo simbólico.
Uno de los puntos de encuentro más interesantes entre Jung y la astrología fue la idea de sincronicidad: aquellas coincidencias entre acontecimientos internos y externos que parecen tener un significado especial para quien las experimenta, aunque no exista entre ellos una relación tan clara. En 1952, Jung incorporó un experimento astrológico a su trabajo sobre la sincronicidad. Los resultados de ese experimento no demostraron una relación entre las cartas natales y los aspectos analizados.

Aún así, hoy, algunos psicólogos y terapeutas de orientación junguiana o integrativa incorporan como lenguaje simbólico la astrología y la usan como herramienta de autoconocimiento. No necesariamente porque los planetas hablen de quiénes somos, sino para abrir preguntas, explorar conflictos, construir narrativas personales y reflexionar sobre aspectos de la identidad.
En ese sentido, una carta natal puede funcionar para algunas personas como un mapa simbólico: algo parecido a analizar un mito, interpretar un sueño o trabajar con una metáfora. Su valor, entonces, no estaría necesariamente en predecir el futuro, sino en aquello que puede despertar en quien la interpreta: preguntas, asociaciones, recuerdos y nuevas maneras de pensar su propia historia.
La astrología no reemplaza a la psicoterapia ni cuenta con evidencia científica que permita considerarla un tratamiento psicológico. Pero quizás la pregunta más interesante no sea solamente si los astros pueden explicar quiénes somos, sino por qué seguimos mirando el cielo cuando queremos entendernos a nosotros mismos.
Lic. Silvina Rivadeo psicóloga y astróloga
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