GUíA DE PROFESIONALES PNT
CONTENT PERFIL

Heredar alas

Hay una escena que se repite en todos los aeropuertos: la de los abrazos que no quieren soltar y las lágrimas que se contienen hasta que nadie mira. Desde ahí, desde ese nudo en la garganta, esta columna piensa la angustia de migrar no como algo por sanar, sino como una brújula. | Por Dalina De Cicco, Lic. en Psicologia.

Heredar alas
Heredar alas | CONTENT PERFIL

Hoy, a última hora, sale mi vuelo. Vuelvo a Buenos Aires a trabajar. Como en cada despedida, sé que me esperas a las cuatro de la tarde con café con leche, tostadas con semillas y dulce de naranja.

El vientito del sur está tibio. Llego y te veo desde la vereda regando tus plantas. Me saludas con la mano, como si no supieras que estoy contando cada segundo. Mientras servís el café preguntas cómo viene todo por la capital.

—“Buen comienzo, mejor final.”

Esto no les gusta a los autoritarios
El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.
Hoy más que nunca Suscribite

Lo decís antes del primer sorbo, como quien bendice sin aclararlo. Sabes que odio las despedidas y que no me gusta llorar delante tuyo, así que empezás a contar anécdotas de cuando, en tus épocas de juventud, te escapabas a la capital para ir a bailes o a noches de teatro.

—“Aprovecha que hoy nadie te molesta. Yo hubiera sido médica o periodista… pero ya bastante lío hice cuando me fui al pueblo vecino para ser docente. Eran otras épocas.”

Sabía que esa decisión te había costado bastantes dolores de cabeza. Pero con esas palabras me llenas de una valentía prestada. Como si tus sueños, los cumplidos y los pendientes, me empujaran suavemente la espalda.

—“Vos siempre podes.”

La hora se acerca y el abrazo llega rápido, casi sin pensarlo. Me decís que estás orgullosa. Lo haces breve porque, aunque las dos juguemos a disimular, nuestros ojos empiezan a brillar casi traicionándonos.

—“Acá te espero, tesorito.”

Pestañeo fuerte para que nada caiga. Como si contener una lágrima pudiera retrasar el reloj hasta la próxima visita, abuela.

En la fila de pre embarque todavía no abrieron las puertas. Me ubico al final, sigue mi pelea interna contra la naturaleza del reloj. Veo mucha gente de mi edad con mochilas y valijas ajustadas (seguro llevan comida casera, pienso). Veo adultos, que vuelven a sus trabajos y responsabilidades, pero en esa fila tenemos algo en común, volvemos a sentirnos chiquitos. Desde el final observo abrazos interminables, manos que se quedan un segundo más de lo necesario en las espaldas como si buscaran compartir impulso para seguir.

Padres que sonríen hasta que sus hijos se dan vuelta después, cuando creen que nadie los mira, las lágrimas corren sin permiso. Aprecio esa escena con el corazón en las manos.

Me toca el turno. Abrazo fuerte a mis papás. Repetimos la escena de siempre, esa que nunca se vuelve costumbre.

—“Nos vemos dentro de poquito.”

Lo decimos para darnos coraje, como si el diminutivo achicara la distancia.

Camino hacia la puerta con un nudo en la garganta, el mismo de la primera vez y de las cuarenta y tantas que vinieron después.

Me permito sentir esta angustia. Con el tiempo entendí que las emociones no son obstáculos, sino brújulas: me muestran lo que anhelo y lo que valoro. Que las buenas decisiones, no siempre se sienten bien al principio. No es algo que tenga que sanar, dejar de angustiarme en las despedidas no es la meta, es simplemente una etapa del camino que revela dónde habita lo significativo.

Dalina De Cicco | Lic. en Psicologia (MN 79148)
Instagram: depsico.logia
YouTube: DalinaDeCiccoPsicóloga