El silencio también es síntoma. Lo que no se dice no desaparece: se aloja en el cuerpo.
Hay pacientes que llegan al consultorio hablando de un dolor que ningún estudio médico logra explicar. Un cansancio que no se va con el descanso. Una opresión en el pecho que aparece siempre en el mismo tipo de situación. Y muchas veces, después de descartar lo orgánico, aparece la pregunta que realmente importa: ¿qué es lo que este cuerpo está diciendo, que la palabra no pudo decir?
En psicoanálisis sabemos que no todo lo que nos pasa puede ponerse en palabras. Hay emociones, vínculos y vacíos que no encuentran un lugar en el discurso consciente, y entonces buscan otra vía de salida. El cuerpo, muchas veces, se convierte en ese lugar.

Esto pasa especialmente en los vínculos. Cuando algo del otro no alcanza —una escucha que no llega, una presencia que se siente ausente, un afecto que no se termina de dar— ese vacío no siempre se expresa como tristeza o enojo. A veces se transforma en insomnio. En un dolor de espalda que aparece cada domingo. En un cansancio que no tiene relación con la cantidad de horas dormidas.
El desafío no es "curar" el síntoma, sino escucharlo. Preguntarse qué parte de una historia no encontró todavía las palabras para contarse. Porque el cuerpo no miente: cuando algo duele sin causa aparente, generalmente hay una causa que todavía no fue nombrada.

Aprender a leer esas señales —sin apurarse a callarlas con un analgésico o a naturalizarlas como "estrés"— es también una forma de cuidado. El primer paso no es siempre hablar más, es animarse a escuchar lo que el cuerpo ya viene diciendo hace tiempo.
Lic. Fabiana Freire (MN 62895)
Mail: [email protected]
WhatsApp: +54 9 11 3201-6734
https://www.instagram.com/fabianafreire.psicologa/