El Niño mantendrá su fase cálida durante los próximos meses y extenderá su influencia hasta el comienzo del otoño de 2027 en Argentina, cuyo factor determinante radica en la interacción con la circulación atmosférica en altas latitudes, concretamente el comportamiento de los vientos del oeste alrededor de la Antártida. A dicho componente, se adhiere el estado del Dipolo del Océano Índico (IOD), patrón climático natural y acoplado entre el piélago y la atmósfera.
Cuando la corriente de vientos circumpolares antárticos se desplaza hacia el norte o mantiene una configuración ondulatoria, permite la entrada frecuente de frentes fríos que, al chocar con la masa de aire cálido y húmedo proveniente del Amazonas y del Atlántico tropical, desencadenan tormentas severas y precipitaciones por encima de lo normal.
Por el contrario, si esta circulación polar se ciñe fuertemente al continente blanco, los sistemas frontales se desplazan más al sur, atenuando la descarga de lluvia en la franja central argentina a pesar de tener un “Niño activo"en el Pacífico.

El factor que definirá el impacto de El Niño en Argentina
El ingreso de humedad desde la cuenca Amazónica hacia la Cuenca del Plata actúa como la principal llave de paso para que la humedad disponible se transforme en lluvia acumulada en provincias como Misiones, Corrientes, Entre Ríos, Santa Fe, Chaco y Buenos Aires.
La referente internacional en ciencias de la atmósfera e investigadora superior del CONICET, Carolina Vera, analizó que “El Niño no afecta igual a toda la Argentina, Hay dos zonas de mayor influencia muy claras: una es el centro-este del país, fundamental en la Cuenca del Plata entre los ríos Paraná y Uruguay, donde el impacto en las lluvias es más directo ; y la otra abarca Cuyo y los Andes norpatagónicos durante el invierno y la primavera”.
El Niño en Argentina: cómo afectará las lluvias y temperaturas hasta octubre
La prolongación del fenómeno climático representa una hoja de ruta con doble filo para los países del cono sur. El acoplamiento entre el océano y la atmósfera, proceso a través del cual el calor acumulado en el Pacífico altera la circulación de las masas de aire a escala global, ha comenzado a manifestarse en los patrones climáticos regionales.
- Sector Agrícola: Luego de períodos marcados por el déficit hídrico, la recarga de los perfiles de suelo beneficia a cultivos estivales de la campaña (maíz, soja y girasol). No obstante, precipitaciones excesivas en momentos clave de la cosecha otoñal podrían retrasar las trillas y comprometer la calidad del grano o la logística terrestre.
- Recursos Hídricos y Cuencas: El incremento gradual en los caudales de los ríos de la Cuenca del Plata (Paraná, Uruguay e Iguazú) requerirá una constante vigilancia hidrometeorológica ante posibles desbordes en zonas ribereñas e infraestructuras viales.

El especialista en Agroclimatología, Eduardo Sierra, explicó que “La transición hacia la plena vigencia de El Niño avanza de forma paulatina. Si bien durante los meses fríos aún convivimos con irrupciones polares y circulaciones atlánticas, la señal tropical ganará terreno hacia la primavera y el verano, extendiéndose hasta el otoño del próximo año”.
Además, sostuvo que si bien “implica un escenario favorable para la recuperación de las reservas hídricas en los suelos de la región pampeana, también exige gestionar con prudencia los riesgos de anegamientos y crecidas fluviales en los ríos Uruguay y Paraná”.
Comunicado oficial de la OMM: “El Niño alcanzará una fuerza no vista en años”
A medida que el Pacífico ecuatorial sostenga sus valores térmicos por encima de los umbrales normales (+0,5 °C a +1,5 °C), el seguimiento continuo de los centros de investigación de Sudamérica, como el Centro Internacional para la Investigación del Fenómeno de El Niño (CIIFEN) en Ecuador y los servicios meteorológicos de Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay, resultará clave para anticipar las variaciones locales.

La certeza científica actual confirma que El Niño acompañará la dinámica regional hasta el otoño venidero, dejando en claro que la capacidad de adaptación y la planificación preventiva serán las mejores herramientas para amortiguar sus impactos y aprovechar sus beneficios hídricos.
PM