De acuerdo con el último informe del Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio (ECMWF), el fenómeno meteorológico de El Niño alcanzará durante la próxima primavera austral una anomalía térmica superior a los 3 ºC, consolidando un evento de magnitud sin precedentes. Este nivel de calentamiento en la franja ecuatorial altera de manera directa la circulación atmosférica planetaria, modificando los patrones habituales de presión, viento y humedad en ambos hemisferios.
Las proyecciones elaboradas a partir del 1 de agosto por el organismo europeo muestran que la práctica totalidad de los modelos de simulación ubican la temperatura superficial del mar por encima del umbral crítico. Este comportamiento térmico posiciona al evento actual sensiblemente por encima del histórico Super El Niño de 2015-2016, cuyo pico máximo registrado había sido de 2,8 ºC.
La aceleración del fenómeno sorprendió a la propia comunidad científica por la rapidez de su evolución. En enero de este año, la región de monitoreo Niño 3.4 presentaba una anomalía negativa de -0,8 ºC, con modelos que proyectaban un calentamiento gradual y moderado para la mitad del año.
Sin embargo, los registros oceánicos comenzaron a desviarse drásticamente de los cálculos iniciales a partir del mes de marzo. La temperatura de la superficie marina trepó con velocidad hasta alcanzar en julio una desviación de 1,5 ºC, cifra que ya catalogaba al evento en la categoría de El Niño fuerte.
El modelo del ECMWF proyecta un pico térmico de hasta 3,3 ºC en la región Niño 3.4
La más reciente actualización del ensemble del ECMWF ajustó de manera drástica la trayectoria probable del calentamiento. Al menos la mitad de las simulaciones computarizadas señalan que el punto máximo de la anomalía en el área central del océano podría alcanzar los 3,3 ºC entre septiembre y diciembre.

Los especialistas señalan que la consistencia entre las distintas corridas numéricas otorga una elevada confiabilidad al pronóstico. Mientras que en la actualización del mes de julio solo un grupo reducido de miembros preveía cifras superiores a los tres grados, la ronda de agosto unificó las proyecciones en torno a un escenario extremo.
Aunque la magnitud de la anomalía en la temperatura superficial del mar (TSM) no siempre guarda una relación lineal matemática con la severidad de los impactos locales, la escala del evento en marcha ya comenzó a manifestarse con fuerza en Sudamérica.
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Durante el transcurso de julio, la región experimentó las primeras respuestas atmosféricas de envergadura. Diversos países del cono sur sufrieron una seguidilla de tormentas severas y tornados, acompañados por acumulados extraordinarios de precipitación en lapsos muy breves.
En forma paralela, el norte del continente atraviesa un cuadro diametralmente opuesto. En zonas de la Amazonía como el estado brasilero de Acre, el déficit hídrico se profundizó drásticamente, obligando a las autoridades locales a decretar el estado de emergencia por sequía.
Las estimaciones meteorológicas anticipan que las alteraciones más severas sobre el territorio sudamericano se consolidarán entre la primavera y el verano austral. Es en este período del año cuando la influencia de El Niño alcanza habitualmente su punto de máxima interacción con la atmósfera continental.