La Selección Argentina disputó la final de la Copa Mundial de Fútbol el 19 de julio de 2026 y cayó por 1 a 0 frente a España. Sin embargo, el recorrido del equipo estuvo marcado por la resiliencia y la perseverancia: ganó cuatro de sus cinco partidos de eliminación directa en los últimos diez minutos de juego, mostrando una notable capacidad para sostener el rendimiento bajo presión.
Frente a ese panorama surge una pregunta: ¿perder una final convierte automáticamente una campaña en un fracaso?
Probablemente la mayoría respondería que no. Más aún si recordamos el camino recorrido para llegar hasta esa instancia: la inolvidable semifinal frente a Inglaterra, dandole vuelta el partido en los últimos 5 minutos, y desplegando frente a todo el mundo el trapo que les recordaba a todos que las Malvinas son Argentinas.
Desde la psicología del deporte, este recorrido puede analizarse a través de la Teoría de las Metas de Logro (Nicholls, 1984; Ames, 1992), que distingue entre una orientación centrada en el resultado y otra centrada en el proceso. La primera entiende el éxito únicamente como la obtención del objetivo final: levantar la Copa del Mundo. El problema es que el resultado nunca depende por completo de un equipo; intervienen el rival, el azar, lesiones, decisiones arbitrales y otros factores.
La orientación al proceso, en cambio, pone el foco en aspectos que sí dependen de nuestro control: la preparación, el compromiso, la cooperación, la capacidad de adaptación y la toma de decisiones, entre otras.
Si evaluáramos exclusivamente el éxito en función del marcador final, la campaña podría interpretarse como un fracaso. Algo injunto conociendo que luego de la derrota, miles de personas salieron a las calles con la pancarta de “Gracias Seleccion”.En el deporte de alto rendimiento, como en la vida, el resultado es importante, pero no es la única medida del éxito.
Otro concepto interesante a destacar es la flexibilidad psicológica. En psicología entendemos por ella la capacidad de sostener conductas orientadas a los propios valores aun cuando aparecen emociones difíciles como ansiedad, frustración o miedo. Durante todo el torneo, Argentina mostró reiteradamente la capacidad de seguir compitiendo pese a encontrarse en desventaja o bajo una enorme presión, sin quedar paralizada por el contexto.
Estos son solo algunos de los muchos conceptos que podríamos abordar para comprender el recorrido de la Selección Argentina en este Mundial. Variables como la cohesión grupal, el liderazgo, la regulación emocional o la autoeficacia colectiva, entre otras, ofrecen herramientas valiosas para entender por qué un equipo puede ser exitoso aun cuando no levanta el trofeo. Un Messi de 39 años sosteniendo el liderazgo, remontadas históricas y una inolvidable victoria frente a Inglaterra en un partido atravesado por una enorme carga emocional e histórica forman parte de ese proceso. Quizás por eso, mientras el marcador indicaba una derrota, miles de argentinos eligieron otro mensaje: "Gracias, Selección". El proceso también merece ser celebrado.
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