El Trastorno Obsesivo-Compulsivo (según el DSM-V) se define como un trastorno mental caracterizado por la presencia de obsesiones y compulsiones. Las obsesiones consisten en pensamientos, impulsos o imágenes recurrentes, vivenciados como intrusivos y no deseados, mientras que las compulsiones son conductas repetitivas o actos mentales realizados en respuesta a dichas obsesiones, con el objetivo de disminuir el malestar asociado.
El tratamiento de primera línea del TOC incluye la Terapia de Exposición con Prevención de Respuesta (EPR), que propone la exposición a las obsesiones sin recurrir a la compulsión hasta que el malestar disminuya; la Terapia Cognitiva Específica, orientada a intervenir sobre creencias consideradas “distorsionadas” que sostienen los síntomas; y la farmacoterapia, principalmente con inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) en dosis elevadas. Bajo esta lógica, el tratamiento actúa sobre creencias y compulsiones, interrumpiendo el ciclo obsesivo y reduciendo el padecer.

Sin embargo, aunque este modelo presenta eficacia demostrada, exhibe limitaciones relevantes; existe rechazo, abandono, falta de adherencia y recaídas. Lo que resulta en que son pcoos los pacientes que responderían al tratamiento de primera línea, lo que abre nuevos interrogantes (Mukai et al., 2025). En este contexto, el presente artículo propone una clínica despatologizante e integrativa. Desde Épica, equipo de abordaje integrativo y neuroafirmativo (dirigida por Romina Vitale), se plantea un cambio de paradigma: comprender el TOC no solo como trastorno, sino como una posible neurodivergencia, entendida como un modo distinto —no deficitario— de funcionamiento y procesamiento de la información.
Investigaciones recientes (Shephard, Krebs, Anholt, March) identifican en personas con TOC rasgos asociados a trayectorias no normativas del neurodesarrollo, como rigidez cognitiva, perfiles sensoriales atípicos, estilos hiperorganizados e hiperreflexividad precoz, con alta comorbilidad con TEA y TDAH. Más que una entidad aislada, el TOC puede pensarse dentro de un espectro de estilos cognitivos marcados por una necesidad intensificada de orden, consistencia y control.
Desde Épica y la consulta individual, se propone sostener las herramientas que han demostrado eficacia, reingeniando el diagnóstico y la clínica para que los síntomas sean leídos como expresiones de tensiones de época. En consecuencia, la perspectiva se organiza en cinco ejes: lo obsesivo no reducido al síntoma; el ciclo obsesivo como desajuste regulatorio con el entorno; las creencias como sensibilidades intensificadas al daño, la responsabilidad y la amenaza; la dimensión política del TOC atravesada por discursos de moralidad, pureza y riesgo; y una clínica neuroafirmativa, situada y no normalizante.
Este artículo sintetiza un trabajo más amplio y en desarrollo. Para profundizar en este enfoque clínico, podés seguirnos en Instagram:
@espacioepica
@lic.nicorg
Contacto
Lic. Nicolás Rinaldi Gallini
Atención clínica presencial y online
Mail: [email protected]
Instagram: @lic.nicorg
Web: https://linktr.ee/lic.nicorg
WhatsApp / Teléfono: +54 9 1122626543