La anticipación, en estos casos, no es un detalle: es una necesidad.
Después de semanas con menor estructura, el cerebro necesita tiempo para readaptarse. Por eso se recomienda comenzar dos o tres semanas antes a ordenar el descanso: adelantar progresivamente la hora de dormir, reducir pantallas por la noche y recuperar horarios estables de comidas. Un niño cansado tendrá menos recursos para gestionar emociones y estímulos.
También conviene reintroducir de a poco actividades con formato más estructurado: leer algunos minutos, armar rompecabezas, dibujar siguiendo consignas, ordenar materiales o sostener breves tiempos de trabajo.
Estas propuestas entrenan atención, organización y tolerancia a la espera, respondiendo a demandas, habilidades clave para el aula.
Pero no solo cambian los horarios. Muchas veces también se modifican las personas y los espacios: puede haber docentes nuevos, un aula diferente o incluso una acompañante terapéutica distinta. Para un niño con autismo, estas variaciones pueden resultar tan desafiantes como los propios contenidos académicos, porque implican reconstruir referencias, vínculos y sensaciones de seguridad.
Por eso es fundamental anticiparlas. Si es posible, conocer el aula antes de empezar, recorrer la escuela, mirar fotos de los docentes, conversar sobre quiénes lo acompañarán o generar pequeños encuentros previos —por ejemplo, con la acompañante terapéutica— ayuda a construir familiaridad. Poner nombre y rostro a lo nuevo transforma lo desconocido en algo más predecible y cercano.
Los apoyos visuales son grandes aliados. Calendarios, agendas, listas o pictogramas permiten “ver” qué va a pasar cada día. Cuando la rutina se vuelve predecible, aumenta la sensación de control y disminuye la ansiedad.
También es importante registrar las emociones. Algunos chicos pueden mostrarse irritables, retraídos o más sensibles frente al cambio. Aunque no siempre puedan expresarlo con palabras, lo comunican con su conducta.
Acompañar, validar y respetar tiempos resulta más efectivo que exigir adaptación inmediata.
Preparar la vuelta a clases en personas con autismo implica planificar, anticipar y sostener. Cuando el entorno ofrece seguridad, el aprendizaje encuentra mejores condiciones para aparecer. Y el regreso deja de ser una fuente de estrés para transformarse en una experiencia posible y más amable.
Lic. María Marta Botto
Psicóloga UBA
Especialista en Autismo
M.N 50633 M.P 95846