martes 28 de junio de 2022
IDEAS Opinión

Un cuarto de siglo

Reflexión desde la primera Marcha Federal y cómo la pobreza sigue siendo un reclamo. La necesidad de estar unidos y enfrentar los problemas juntos

02-06-2018 10:30

Me preparé para la primera Marcha Federal, la que en 1994 nos proponía unir al país desde La Quiaca para reclamar contra ese país que “prometía el ingreso al primer mundo”, privatizaba hasta el suspiro y desarmaba lo que nos parecía nuestra mejor tradición, un estado benefactor. No pude ir, pero me sentía cercana a ese caminar propuesto por dirigentes a los que veía honestos, una contratara gremial de lo que entonces identificábamos como “los gordos”, la denominación en los noventa para lo que en los setenta llamábamos “la burocracia sindical”. Ya como legisladora aprendí a respetar al movimiento “Barrios de Pie”, cuya dirigencia siempre me pareció democrática, una superación de la visión revolucionaria de mi generación que desembocó en la tragedia de los desaparecidos, el exilio,  el veneno de la desconfianza y –hoy lo sabemos-el autoritarismo de una concepción de poder que ideologiza la pobreza, sustituye la democracia por “la Patria” y hoy nos pone en veredas enfrentadas, como si el patrimonio de la sensibilidad social les perteneciera. Una radicalización que atenta contra lo mismo que reclama. 

Han pasado ya veinticuatro años de aquella primera Marcha Federal. La pobreza lejos de erradicarse se ha institucionalizado como un sector social que necesita de los subsidios del estado para vivir. Cuando ingresamos en la cuarta década democrática, se sigue reivindicando “el control de la calle” como hecho político, desconociendo que en una democracia que se precie, son las instituciones los verdaderos canales de participación. 

La reedición de la Marcha Federal ha unido en la misma plaza a los que  veinticuatro años atrás, se veía como expresiones diferentes de la política. Los nuevos dirigentes sociales que eran niños en el 2001 nos amenazan con estallidos y rebeliones populares fogoneados como entonces, hoy lo sabemos, por sectores políticos interesados en pararse sobre los escombros. Antes que esperar el recambio electoral. Si efectivamente nos importa la erradicación de esa nueva tiranía, la pobreza, una contingencia, una tragedia, nunca un destino social ni utilización electoral, debiéramos reconocer que fracasamos todos. Y por lo tanto, la solución, su debate, los esfuerzos,  debieran encontrarnos en una única vereda, la del país y la democracia. 

 

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