INTERNACIONAL
Disputas geopolíticas

Crece la retórica agresiva entre Rusia y EE.UU. por Ucrania

Washington y Moscú se enfrentan por la cuestión ucraniana, un conflicto que involucra a la UE y a la OTAN, en el que hay más para perder que ganar. El martes, diálogo Biden-Putin.

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Escenas. Nacionalistas ucranianos contra el presidente Zelenski (con Biden). Putin apela a la historia. | afp

Dos semanas atrás la atención mundial estaba absorbida por el incremento de tensiones entre China y los Estados Unidos en torno a Taiwán, un foco de conflicto potencial en el marco de la rivalidad geoestratégica entre ambas potencias en el ámbito del Indo-Pacífico. Washington identifica a China como la principal amenaza a su seguridad internacional y para China, Taiwán, más allá del fracaso de la noción de “un país, dos sistemas” después de la crisis de Hong Kong, no dejó de ser parte de su territorio por lo cual su independencia es inaceptable. Los recientes movimientos navales estadounidenses en el estrecho de Taiwán y la activación de contactos diplomáticos entre Washington y Taipei fueron repudiados y cuestionados por Beijing y todo parece indicar que la confrontación continuará en forma sostenida en esta región convertida en epicentro de la disputa geoestratégica entre las dos potencias.

Sin embargo, en los últimos días, en el otro extremo de Eurasia escalaron las tensiones en torno a Ucrania. Los movimientos de tropas rusas en la frontera entre ambos países ante el creciente acercamiento de Kiev a la Unión Europea y a la posibilidad de que se incorpore a la OTAN y permita la instalación de misiles en su territorio, tuvieron como correlato fuertes reacciones y denuncias, tanto de  Ucrania como de los Estados Unidos, acerca de una próxima invasión rusa con el intento de anexión similar al de Crimea en 2014. 

A dos años de haber sido elegido en base a una plataforma que incluía el restablecimiento del diálogo con Rusia en el marco de los acuerdos de Minsk, el presidente Volodimir Zelenski denunció un intento de golpe orquestado por Moscú y exigió el inicio de un postergado diálogo con el presidente Vladimir Putin. Rusia  ignoró estas demandas y ha justificado sus movimientos de tropas como parte de sus habituales ejercicios militares, y denunció la penetración de agentes ucranianos en territorio ruso, presuntamente para perpetrar actos terroristas, a la par de acusar a la OTAN de tratar de incorporar a Ucrania y de desplegar fuerzas navales en el mar Negro.

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Protagonistas. Los acuerdos de Minsk –facilitados por la OSCE, fueron firmados inicialmente en septiembre de 2014 por el gobierno de Ucrania, Moscú y por las repúblicas separatistas de Lugansk y Done-tsk– para impulsar el cese de los combates y la implementación de medidas conducentes a estabilizar la situación. El Cuarteto de Normandía (Alemania, Francia, Rusia y Ucrania) y el Grupo de Contacto Trilateral (Rusia, Ucrania y la OSCE) son las principales plataformas de consulta que deberían buscar una salida pacífica al conflicto entre el gobierno ucraniano y las milicias separatistas prorrusas en el este del país. Pero Rusia, Francia y Alemania acusan al gobierno ucraniano de negarse a cumplir los acuerdos. Rusia, por su parte, asegura que Kiev está preparando una ofensiva y está movilizando tropas para recuperar el control de las autoproclamadas repúblicas de Lugansk y Donetsk.

De manera que la situación actual en torno a Ucrania no solo involucra al gobierno de Zelinski y a los grupos separatistas de la región del Donbass apoyados por Rusia, sino también a los países europeos quienes, por un lado, han desarrollado una creciente vinculación de Ucrania como miembro observador de la Unión Europa y, por otro, han tratado de facilitar un proceso de diálogo entre las partes en conflicto. 

A este cuadro se suman la posición de la OTAN cuyo secretario general, Jens Stoltenberg, ha advertido que Rusia pagaría “un alto precio” por su injerencia en Ucrania y la posición de los Estados Unidos. Tanto el secretario de Estado Antony Blinken como el presidente Joe Biden han amenazado con “graves consecuencias” para Moscú si atacase a Ucrania. Sin mencionar que también existen roces entre los aliados occidentales: la Unión Europea se plantea nuevamente la creación de una fuerza militar propia, independiente de la OTAN y algunos países del Este europeo impulsan una política comunitaria más radicalmente anti-rusa. Stoltenberg, por su parte, advirtió que Rusia no tiene voz para decidir a quién admite la OTAN y que ésta estaba preparada por el “peor de lo escenarios”. En el ínterin, Gran Bretaña desplazó un contingente militar a Polonia en el marco de un acuerdo bilateral al margen de la UE y de la OTAN.

Putin, por su parte, aseveró recientemente que Ucrania, Bielorrusia y Rusia son parte de un mismo conglomerado histórico, y advirtió que la OTAN no debía traspasar “las líneas rojas” establecidas, incorporando a Ucrania y convirtiéndola, como lo expresó un analista, en “un portaaviones nuclear anclado en la frontera rusa”. De hecho, el mensaje del presidente ruso estuvo claramente destinado a advertir a la OTAN que no debía seguir expandiéndose hacia el Este, instalándose así en lo que Moscú considera su área de influencia.

Amenazas y tensiones. En el marco de este complejo cuadro, todas las partes involucradas se muestran amenazadas y pueden propiciar una eventual escalada de tensiones, mientras que los canales de comunicación que pueden dar lugar a un diálogo para superar la crisis se ven claramente afectados. Moscú rechaza el diálogo con Zelenski porque considera que éste debe negociar con las fuerzas separatistas y retomar los acuerdos de Minsk; las tensiones entre los restantes actores occidentales, pese a su fragmentación y a sus diferencias, con Rusia van creciendo, pero también abren los interrogantes sobre quién puede beneficiarse de una confrontación, cuáles son los límites de los compromisos adquiridos  y a qué costos estos pueden ser respetados o revertidos. 

Pese a que la reunión personal en Ginebra entre Biden y Putin apuntó a estabilizar las relaciones estratégicas entre ambas potencias, y a mantener los canales de comunicación entre sus altos mandos militares, el conflicto no está descartado, aunque sus costos puedan ser altos para ambas partes. 

Para Biden porque distrae a los Estados Unidos de su principal escenario de confrontación con China en el Indo-Pacífico y porque puede forzarlo a mostrar un mayor compromiso con sus aliados europeos en una coyuntura donde la tensión política doméstica persiste. 

Para Rusia, porque, en su aspiración de ser reconocida como potencia y de preservar su área de influencia, una ocupación de Ucrania o una anexión de los territorios separatistas, puede implicar altos costos, no solo militares, sino también económicos, si se incrementan las actuales sanciones occidentales. 

Para los países europeos, particularmente para Alemania, que depende del aprovisionamiento energético ruso, una confrontación con Rusia no solo afecta la relación con uno de sus principales socios comerciales, sino también puede profundizar una fragmentación en el seno de la UE y acentuar las diferencias entre sus miembros. La necesidad de legitimación interna de Zelenski, a dos años de la próxima elección presidencial, en el marco de un descenso de su popularidad y bajo fuerte presión de los sectores nacionalistas anti-rusos, parecen no justificar, sin embargo, un involucramiento en un conflicto con altos costos para los restantes actores internacionales.

Canales. El por momentos ríspido encuentro del jueves pasado entre el secretario de Estado Blinken y el canciller Serguei Lavrov al margen de la reunión ministerial de la OSCE en Estocolmo, abrió expectativas de que los canales de comunicación entre los principales protagonistas fueran restablecidos, al incluir en la agenda bilateral el tema de Ucrania. La anunciada reunión telefónica entre Biden y Putin el próximo martes puede reforzar la alternativa de un retorno al diálogo diplomático entre las dos potencias con el propósito de desescalar el conflicto, posiblemente con la anuencia y el apoyo de algunos de los principales actores europeos. Pero en el ínterin la retórica confrontativa de ambas partes sigue en ascenso y afecta la estabilización de las relaciones entre ambas potencias.

Mientras tanto, Beijing calla, pero comienza a enviar sutiles señales de apoyo a Moscú. Ucrania y Taiwán parecen exhibir manifiestas similitudes en la percepción de Rusia y de China en un momento de incierta transición, donde se juega la configuración de un nuevo equilibrio de poder global.

*Analista internacional y presidente de Cries.