Irán rechazó este miércoles la afirmación del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien había afirmado que había recibido un pedido de alto el fuego a la guerra. En medio de la presión por el alza del combustible a nivel mundial, Teherán dejó en claro su propia condición para desescalar el conflicto: garantías concretas de que no habrá nuevas agresiones.
Mientras Washington elevaba el tono con amenazas de "aniquilación", el presidente iraní, Masoud Pezeshkian, sostuvo en diálogo con el titular del Consejo Europeo, António Costa, que Teherán está dispuesto a poner fin a la guerra solo si cesan los ataques y se establecen mecanismos que eviten su repetición, lo que —según plantean— no implica un pedido de cese de hostilidades sino una condición para negociar.
El contrapunto se produce en un momento de máxima tensión, con la guerra entrando en su quinta semana y con un estrecho de Ormuz prácticamente bloqueado (con algunas excepciones), lo que ya impacta en los mercados energéticos globales y golpea especialmente a Europa.
En paralelo, Trump afirmó que Estados Unidos continuará con los bombardeos "hasta reducir a Irán al olvido" si no reabre ese paso estratégico del Golfo Pérsico, en la antesala de un discurso a la nación que la Casa Blanca presenta como una "actualización clave" de la guerra en Medio Oriente.
Desmentida iraní y narrativa en disputa
La versión de Washington sobre un supuesto pedido de tregua fue rápidamente desmentida por Teherán. Un vocero de la cancillería iraní calificó las declaraciones del mandatario estadounidense como "falsas y carentes de fundamento", mientras que desde el terreno fuentes oficiales insistieron en que no hubo ningún canal abierto en esos términos.
El propio Trump había afirmado en su red Truth Social que el "nuevo presidente del régimen" iraní, a quien consideró "menos radicalizado y más inteligente" que otras autoridades, había pedido un alto el fuego, sugiriendo un eventual giro en la guerra. "Lo consideraremos cuando el estrecho de Ormuz esté abierto. Hasta entonces, bombardearemos Irán hasta el olvido, o, como se dice, ¡de vuelta a la Edad de Piedra!", sostuvo Trump este miércoles.

Pero el mensaje, lejos de consolidar una salida diplomática, expuso la brecha entre ambas narrativas: mientras Washington intenta instalar la idea de un Irán debilitado que busca negociar, algo que viene sosteniendo desde el inicio de las hostilidades el pasado 28 de febrero, Teherán insiste en que su contraofensiva responde a una "agresión" y que cualquier salida negociada tiene que pasar por condiciones estructurales y no concesiones unilaterales.
En concreto, exige garantías de que no volverá a ser atacado (con el antecedente de junio de 2025), el reconocimiento de su programa nuclear y reparaciones por los daños sufridos.
Europa presiona por una salida negociada
Esta visión, en tanto, quedó plasmada la charla telefónica que mantuvo el presidente iraní con su par europeo. Según detalló la agencia china Xinhua, Pezeshkian fue explícito: el fin de la guerra depende de garantías contra futuras ofensivas. Según el comunicado oficial, el presidente iraní atribuyó la escalada a las acciones "hostiles y agresivas" de Estados Unidos e Israel, y sostuvo que la normalización del conflicto solo será posible si cesan los ataques.

Además, reafirmó el derecho de Irán a la "legítima defensa" y advirtió que el cierre del estrecho de Ormuz responde exclusivamente a los "agresores y sus aliados", y no a países que considera "no hostiles", como India, Malasia o España, cuyas embarcaciones transitaron por Ormuz en los últimos días. En esa línea, alertó que cualquier intervención extranjera adicional podría tener consecuencias "peligrosas" para toda la región.
El trasfondo económico se volvió inseparable de la dinámica militar. El bloqueo del estrecho de Ormuz disparó los precios internacionales del petróleo y el gas, generando preocupación por una posible recesión global. Europa, particularmente dependiente de esos flujos energéticos, ya enfrenta un aumento en los costos, volatilidad en los mercados y largas filas para cargar combustible por temor a nuevos aumentos, según reportes de AFP en ciudades de Francia y Alemania.
En ese contexto, António Costa expresó su preocupación por las consecuencias "políticas y económicas" del conflicto y reiteró la necesidad de una solución negociada. Según su versión, los países europeos no respaldaron la ofensiva contra Teherán y la consideran una violación del derecho internacional, lo que introduce una nueva fisura dentro del frente occidental luego de que Donald Trump volviera a decir que "no descarta sacar a EE.UU." de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).
Trump endurece el discurso sobre la guerra
Del lado estadounidense, el tono fue en la dirección opuesta. Presionado por la ciudadanía ofuscada por el aumento del combustible, Donald Trump no solo ratificó la continuidad de la ofensiva, sino que la vinculó directamente con la reapertura del estrecho de Ormuz, un punto neurálgico por donde circula cerca del 20% del petróleo mundial.
"Hasta entonces, vamos a hacer volar a Irán por los aires hasta la aniquilación (back to the Stone Age)”, escribió el presidente, en una de sus declaraciones más duras desde el inicio de la guerra, en línea con una retórica cada vez más oscilante. La frase se suma a una secuencia de mensajes contradictorios: en los últimos días, el mandatario había sugerido que el conflicto podría terminar en "dos o tres semanas", mientras ahora amenaza con intensificarlo, en medio del reciente ultimátum que le dio a Teherán para forzarlo a negociar antes del 6 de abril.
En paralelo, anticipó que, en caso de desplegar tropas en terreno, Estados Unidos podría retirarse "rápidamente" una vez cumplidos sus objetivos —que incluyen destruir la capacidad nuclear de IRán—, aunque dejó abierta la posibilidad de realizar "ataques puntuales" en el futuro.

Pero el trasfondo político del costo de la guerra ya empieza a reflejarse en la opinión pública. Una encuesta del Pew Research Center muestra que el 61% de los estadounidenses desaprueba la forma en que Donald Trump está manejando el conflicto, mientras que el 59% considera que la decisión de atacar Irán fue equivocada.
Más allá de la grieta partidaria —con republicanos y demócratas en posiciones opuestas—, el dato que empieza a consolidarse es otro: la percepción de que la guerra no será breve. El 54% cree que la operación se extenderá al menos seis meses, mientras que un 29% anticipa un conflicto de más de un año. En ese escenario, la escalada ya no se mide solo en términos militares, sino también en su sostenibilidad política dentro de Estados Unidos.
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Expectativa por el discurso de Trump
El presidente estadounidense tiene previsto dirigirse a la nación este miércoles 1 de abril por la noche con una "importante actualización" sobre la guerra, en lo que será su primer mensaje en horario estelar desde el inicio de la ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel contra Irán.
Desde la Casa Blanca evitaron adelantar el contenido del discurso, aunque en las últimas horas tanto Trump como el secretario de Estado, Marco Rubio, señalaron que los objetivos militares están cerca de cumplirse. "Podemos ver la línea de meta. No es mañana, pero se acerca", afirmó Rubio.
El mensaje llega en medio de señales contradictorias: mientras el mandatario insiste en que la guerra podría terminar en cuestión de semanas, también advierte que continuará la ofensiva hasta forzar condiciones favorables en el terreno. En ese equilibrio entre presión militar y narrativa de cierre se juega, en buena medida, la próxima fase del conflicto.
CD