“Cada día se nos recuerda que vivimos en una época de rivalidad entre grandes potencias. Que el orden basado en normas tiende a desaparecer. Que los fuertes actúan según su voluntad y los débiles sufren las consecuencias.
”Este aforismo de Tucídides se presenta como inevitable, como una lógica natural de las relaciones internacionales que se reafirma.
”Ante esta constatación, los países tienden en gran medida a seguir la corriente para mantener buenas relaciones. Ya no es así. Entonces, ¿cuáles son nuestras opciones?
”En 1978, el disidente checo Václav Havel escribió el ensayo El poder de los sin poder. En él planteaba una pregunta sencilla: ¿cómo ha podido mantenerse el sistema comunista?
”Su respuesta comienza con la historia de un frutero. Cada mañana, coloca un cartel en su escaparate: ¡Trabajadores de todos los países, únanse! Él no cree en ello. Nadie cree en ello. Pero lo coloca para evitar problemas. Y como todos los comerciantes de todas las calles hacen lo mismo, el sistema sigue funcionando.
”Havel lo llamaba ‘vivir en la mentira’. El poder del sistema no proviene de su veracidad, sino de la voluntad de cada uno de actuar como si fuera verdad. Y su fragilidad proviene de la misma fuente: en cuanto una sola persona deja de actuar así, la ilusión comienza a desmoronarse.
”Ha llegado el momento de que las empresas y los países retiren sus carteles. Durante décadas, países como Canadá prosperaron gracias a lo que llamábamos el ‘orden internacional basado en normas’. Sabíamos que era en parte falso. Que los más poderosos se saltearían las normas cuando les conviniera. Que las normas que regulan el comercio se aplicaban de forma asimétrica. Y que el derecho internacional regía con mayor o menor rigor según la identidad del acusado o la víctima. Esta ficción era útil y la hegemonía estadounidense, en particular, contribuía a garantizar beneficios públicos.
”Así que colocamos el letrero en el escaparate. Participamos en los rituales. Y, por lo general, evitamos señalar las discrepancias. Este compromiso ya no funciona. Seré directo: estamos en plena ruptura, no en plena transición.
”Durante las dos últimas décadas, una serie de crisis –financiera, sanitaria, energética y geopolítica– ha puesto de manifiesto los riesgos de una integración mundial extrema. Más recientemente, las grandes potencias han comenzado a utilizar la integración económica como medio de presión. Los aranceles como palanca. La infraestructura financiera como medio de coacción. Las cadenas de suministro como vulnerabilidades que explotar.
”Es imposible vivir en la mentira de un beneficio mutuo gracias a la integración cuando esta se convierte en la fuente de tu subordinación. Muchos países llegan a las mismas conclusiones. Deben reforzar su autonomía estratégica en los ámbitos de la energía, la alimentación, los minerales críticos, las finanzas y las cadenas de suministro. Esta reacción es comprensible. Cuando las normas ya no te protegen, debes protegerte tú mismo.
”Sin embargo, un mundo compartimentado será más pobre, más frágil y menos sostenible. Las potencias hegemónicas no pueden sacar provecho indefinidamente de sus relaciones. Los aliados buscarán diversificarse para enfrentar la incertidumbre. Y eso les permitirá reafirmar su soberanía, que cada vez se basará más en su capacidad para resistir a las influencias externas.
”Es más ventajoso invertir colectivamente en la resiliencia que construir cada uno su propia fortaleza. La adopción de normas comunes reduce la fragmentación.
”La cuestión para las potencias medias, como Canadá, se trata de determinar si nos adaptamos simplemente construyendo muros más altos o si podemos mostrar más ambición. Las potencias medias deben actuar juntas, porque si no estás en la mesa, estás en el menú. Las grandes potencias pueden permitirse actuar solas. No es el caso de las potencias medias. Cuando negociamos solo a nivel bilateral con una potencia hegemónica, lo hacemos desde una posición de debilidad. Aceptamos lo que se nos ofrece. Competimos entre nosotros por ser los más complacientes. Eso es fingir ser soberano mientras se acepta la subordinación.
”En un mundo marcado por la rivalidad entre las grandes potencias, los países intermedios tienen dos opciones: competir entre sí para obtener favores o unirse para crear una tercera vía que tenga peso.
”No debemos permitir que el auge de las potencias duras nos impida ver que la legitimidad, la integridad y las normas mantendrán su fuerza si decidimos ejercerlas juntos.
”Lo que me lleva de vuelta a Havel. Para las potencias medias, ¿qué significa ‘vivir en la verdad’? Es nombrar la realidad. Dejar de invocar el ‘orden internacional basado en normas’ como si aún funcionara. Es actuar de manera coherente. Aplicar las mismas normas a los aliados y a los rivales. Cuando las potencias medias critican la intimidación económica por parte de unos, pero guardan silencio cuando proviene de otros, dejamos el cartel en el escaparate.
”Entendemos que esta ruptura exige algo más que una simple adaptación. Exige honestidad sobre la realidad del mundo tal y como es.
”Retiramos el cartel del escaparate. Sabemos que el antiguo orden no volverá. No deberíamos lamentarlo. La nostalgia no es una estrategia. Pero a partir de esta ruptura, podemos construir algo mejor, más fuerte y más justo.
”Los poderosos tienen su poder. Pero nosotros también tenemos algo: la capacidad de dejar de fingir, de llamar a las cosas por su nombre, de reforzar nuestra posición en casa y de actuar juntos.
”Este es el camino que ha elegido Canadá”.
Trump amenaza a Canadá con aranceles por el acuerdo con China
Susan Stumme/AFP
El primer ministro canadiense, Mark Carney, celebró una “nueva asociación estratégica” con China, durante una visita a su par Xi Jinping en Beijing. “China y Canadá han alcanzado un acuerdo comercial preliminar pero histórico para eliminar barreras comerciales y reducir aranceles”, dijo Carney. Sin embargo, Donald Trump advirtió sobre graves consecuencias si el entendimiento se materializa.
Si Carney “cree que va a convertir a Canadá en un puerto de descarga para que China envíe bienes y productos a EE.UU., está muy equivocado”, escribió en su red Truth Social.
“Si Canadá hace un acuerdo con China, será inmediatamente objeto de un arancel del 100% sobre todos los bienes y productos canadienses que entren en EE.UU.”, advirtió.
Canadá depende en gran medida del comercio con EE.UU., que recibe tres quintas partes de sus exportaciones. Junto a México, ambos países deberán discutir en los próximos meses el tratado de libre comercio T-MEC. Trump ha insistido en que EE.UU “no necesita acceso a ningún producto canadiense, lo que tendría consecuencias de gran alcance para su vecino del norte.