3rd de March de 2021
INTERNACIONAL La crisis de la pandemia
18-02-2021 14:11

Pocos cambios en el Año 2 DC (Después del Covid)

Pese a las grandes expectativas generadas por las vacunas, el espacio para ser optimistas es limitado. Nacionalismo, e-globalización, y competencia son los elementos distintivos de la nueva normalidad.

Juan Battaleme* Adolfo Rossi**
18-02-2021 14:11

El inicio de 2021 trajo la noticia más deseada a nivel global: la posibilidad de avanzar con esquemas de vacunación, lo cual permitió pensar habría diferencias claves con 2020. Quienes enfatizan los aspectos positivos de esta situación señalan que como consecuencia del agotamiento social existente a raíz de las decisiones de restricción de movilidad tomadas para enfrentar la expansión de la enfermedad vendrá nueva “belle epoque” o “años locos”, como se conoció la década de 1920 a 1929.  Lejos de traer conflictos posiblemente deje a los grandes poderes en una situación más cercana a buscar la paz que a incentivar conflictos. El artículo de Barry Posen “Do Pandemics promote peace” (2020) es un buen ejemplo de ello. 

En esa línea argumental se espera una rápida restauración de la movilidad global, una profundización de la conectividad dando lugar al Internet de todo, y una recuperación económica relativamente veloz como se aprecia en los informes del FMI o el Banco Mundial. La capacidad científica y tecnológica de las potencias que en un período de 18 meses lograron desarrollar vacunas que parecen efectivas en lo inmediato, lo posibilitó. Comparados con otros períodos temporales estamos en un tiempo alucinante y exponencial de transformación. Pasado cierto espacio de competencia, la cooperación volverá a su cauce y trascenderemos esta etapa con una mayor resiliencia.

Sin embargo, el espacio para ser optimistas encuentra limitaciones. Se celebra la conectividad, pero hay claras evidencias de que, desde finales de la década pasada, la movilidad de personas ha sido una fuente de tensiones que exacerban el nacionalismo. Miremos la actitud de los ambientalistas que llegaron a cuestionar la huella de carbón que dejaba el incesante movimiento de aviones a nivel global y que en 2020 festejaron el súbito párate global, y el reverdecer de la naturaleza.  “Quedarse en casa” devino en la versión micro de “quedate en tu país”.

El “nacionalismo de vacunas” que se manifiesta en el hecho de una política de Estados Unidos, Rusia, China, la UE y ahora Canadá reafirman el lema primero nosotros. Nada de que quejarse o sorprenderse, es la conducta estándar de la política internacional frente a los problemas de escasez. La vacuna trajo esperanza y en simultáneo los encierros y toque de queda aumentaron, con las tensiones sociales que eso generó por ejemplo en toda Europa, ya que ahora aparecieron las variaciones del SARS-COV 2.

El segundo año del Covid acelerará la competencia entre Estados 20210218

Como consecuencia estamos al borde de una nueva división global pasando de una globalización a una “e-globalización”, esto es de una conectividad sin movilidad de personas. Las dos características principales de este siglo, la globalización y la digitalización, seguirán dando forma al presente mundo, aunque tal vez sea una de regulaciones, restricciones y percepciones. Una nueva normalidad global.

Es de esperar una movilidad restringida durante un tiempo más largo del que suponemos. Las ideas como el desarrollo de pasaportes sanitarios hacen pensar que posiblemente la movilidad sea solo para quien haya tenido la suerte de contar con gobiernos con la capacidad de asegurarse vacunas de manera efectiva y eficientes. Ya aceptamos un grado de monitoreo mayor implementado por las circunstancias extraordinarias de la pandemia. Barreras perceptibles e imperceptibles ascienden.

A las esperanzas de un mundo mas multilateral se le opone una regionalización creciente. Las recuperaciones económicas vienen de la mano de la fortalecida idea de “compre nacional”, la cual justifica en realidad la relocalización de las cadenas de abastecimiento en función de la necesidad de asegurar el acceso de los bienes considerados estratégicos evitando así dependencia crítica de otros Estados. Ejemplo, Europa espera mover fuera de China, aun con un acuerdo comercial firmado, cerca de mil millones de dólares de producción y reubicarla principalmente en su espacio regional u otros, pero dependiendo de factores que van mas allá de la política impositiva de los países.

Estados Unidos, la Unión Europea y Japón largaron la carrera por la vacuna contra el Covid-19

Este segundo año de Covid acelera la dinámica de competencia. Con un occidente dislocado, movilizaciones, cuarentenas, contrasta con una China que avanza a pasos veloces en su recuperación y en la ocupación de espacios. EE. UU. aún con una nueva administración deberá concentrarse en conservar y eventualmente expandir los accesos cada vez más disputados en el campo de las comunicaciones, el ciberespacio, el espacio ultraterrestre y los recursos que impulsan la transición actual.

La pandemia ha permitido visibilizar el déficit de gobernanza de la globalización sobre la que varios autores vienen advirtiendo hace tiempo. En este contexto, recobran sentido las discusiones sobre cooperación y autonomía. En la actualidad hay cooperación, pero la misma esta condicionada en tanto los liderazgos de todo el mundo están obligados a pensar más en sus propias naciones que en un orden internacional plural. las visiones voluntaristas sobre la cooperación pueden generar más daño que soluciones. Los esquemas de tit-for-tat, posiblemente abunden en los próximos años.  Sin desconocer los problemas que estos enfrentan, Argentina tiene la posibilidad de seguir apostando a la cooperación y el compromiso con otros países.

¿Cuándo se infectó el multilateralismo?

Finalmente, la autonomía es una aspiración en potencias medias que ven en el cambio tecnológico, la posibilidad de concretarlo, pero son conscientes de que corren el riesgo de que se genere un nuevo espacio de dependencia producto de la conducta de los grandes poderes. Si esta discusión vuelve a centrarse en la concepción tradicional por la cual a mayor capacidad material mayor autonomía, los próximos años serán de intensa rivalidad y competencia aún mayor. Toda transición hegemónica conlleva esa dinámica y la creciente manipulación de la interdependencia, aparece como un problema mayor en las relaciones entre potencias y países medianos del sistema internacional.   

Argentina deberá hacer frente a los desafíos domésticos y de vinculación con el mundo munido de las pocas capacidades que tiene. Si algún sentido tiene la frase el Estado presente, deberá ser para que munido de sus capacidades institucionales pueda enfrentar los desafíos de un segundo año del Covid que no dará margen para errores.

*Profesor de relaciones internacionales UBA/AUSTRAL

**Profesor de relaciones internacionales UBA/UNLA