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INTERNACIONAL / hombre fuerte del gobierno
viernes 31 mayo, 2019

Salvini, el enemigo de Francisco que domina Italia

Líder de la xenófoba Lega Nord, salió reforzado de las elecciones europeas y es la figura que destaca entre los ultraderechistas del Viejo Continente. Frecuente crítico del Papa, defiende cerrar los puertos a los migrantes.

Dora Salas

estampa. Una pose que deja en claro una personalidad. Foto: ap
viernes 31 mayo, 2019

Desde Roma
Matteo Salvini, milanés, 46 años, divorciado, dos hijos, no es un recién llegado al mundo político, y en las recientes elecciones europeas su trayectoria en la extrema derecha lo colocó en lo alto del podio italiano, donde fagocitó a su aliado Luigi Di Maio y se convirtió en el hombre de poder.
Pero fuera del tablero italiano, el triunfalismo salvinista se opaca. Si bien la Lega y otros nacionalistas europeos subrayaron que cambiarán la UE, los partidos tradicionales de Bruselas han desplegado estrategias de alianzas contra esas intenciones.
La extrema derecha francesa de Marine Le Pen declaró a mediados de semana que su partido y la Lega trabajaban para liderar un grupo nacionalista en el Parlamento Europeo, al que llamó “supergrupo”. También Salvini en su primera declaración del domingo electoral anunció un “todo cambia”. Sin embargo, el eje nacionalista Salvini-Le Pen al parecer no cuenta con los números para concretar sus expectativas.  
En Italia, en cambio, las cifras son indudables: la Lega obtuvo el 26 de mayo pasado el 34,3% de los votos frente al 17%  del confuso Movimento Cinque Stelle (M5S), que no solo cayó en relación con la dureza de su aliado, sino que fue superado también por la centroizquierda que, de la mano de Nicola Zingaretti, nuevo secretario del Partido Democrático (PD), se posicionó como segunda fuerza, con el 22%.
Estos porcentajes contrastan con las elecciones políticas de marzo de 2018, en las que el M5S obtuvo 32,58% y la Lega, 17,37%.

Oleada. La oleada derechista no es un dato aislado en Europa, pero en Italia al triunfo del capo leguista se suma el crecimiento de otro partido de extrema derecha, Fratelli Di Italia, que llegó al 6,47% con la rubia ambiciosa Giorgia Meloni. En este panorama, desciende la centroderecha de Forza Italia (FI) y su decadente figura, Silvio Berlusconi, que queda en un 8,77%.
Salvini, viceministro y ministro del Interior de un gobierno dado a luz con fórceps hace un año, cuando el M5S le sirvió en bandeja esa posibilidad, manejó el estribillo de “primi l’italiani” creando enemigos, chivos expiatorios de la crisis económica y de las numerosas desilusiones del electorado, en especial de la franja joven, y por ende la baja afluencia a las urnas (56%) .
Las armas de Salvini son principalmente la mano dura contra los inmigrantes, la seguridad interna y las críticas a la Unión Europea (UE). En tal sentido hace cinco años, al hoy viceministro no le tembló la voz para sostener que “el euro es un crimen contra la humanidad”. Y como para muestra basta un botón, a nivel sudamericano, en 2018 apoyó a Jair Bolsonaro.
Luciendo camperas de distintas fuerzas locales, siempre dispuesto a las selfies, con un discurso que apuntala la imagen de líder potente, no vaciló en declarar, por ejemplo, que el país necesitaba niños itálicos: “Que los hijos nazcan en Cantú (Como) y no que nos lleguen con las barcazas desde la otra parte del mundo ya lindos y prefabricados”.

Contra el Papa. La política de cierre de fronteras y puertos, y la falta de humana solidaridad que conlleva, ubica a Salvini en las antípodas del papa Francisco, que, ayer, durante su viaje a Rumania, el Pontífice sostuvo que los migrantes “con su patrimonio de valores y con su trabajo, enriquecen a los países a los que emigran”.
Ante el mensaje salvinista del inmigrante como ataque al trabajo, la seguridad, la salud y los valores occidentales, Francisco llamó una vez más a acoger e incluir. “Cuanto más una sociedad se preocupa por el destino de los más perjudicados, más se puede considerar verdaderamente civil”.
Hace pocos días, el Pontífice subrayó en el Vaticano ante la prensa extranjera la necesidad de  “no olvidar que este Meditarráneo se está transformando en un cementerio”. Pocas horas después, Salvini recogió el guante y desde Milán enfatizó que la “política” de su gobierno “está acabando con los muertos, con espíritu cristiano”.
Los hechos muestran otra realidad. Ayer,  un nuevo caso se suma a la política de muros. Un centenar de personas, entre ellas mujeres y niños, tras haber estado a la deriva en un bote de goma al sur de Lampedusa (la isla más cercana a las costas de Africa y escenario de dramáticos arribos), fueron embarcadas en una nave de la Marina italiana y llevadas hacia Génova. Pero Salvini ya advirtió que “ningún extracomunitario permanecerá en Liguria (la región que incluye Génova, ndr) o a cargo de contribuyentes italianos”.
En tanto, la economía italiana da señales alarmantes y cae el patrimonio por persona (casa, ahorro, y actividades reales y financieras): 2.600 euros menos por italiano en cuatro años. Por su parte, la UE pidió aclaraciones a Roma sobre las cuentas públicas. Salvini respondió con sus habituales  consignas: “Cambiaremos los equilibrios en Europa” y “terminó la precaridad”.

 


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