Un informe sobre Brasil y el análisis de la realidad británica expusieron cómo la desigualdad económica, educativa y de género continúa marcando las oportunidades y los proyectos de vida. Los distintos aspectos fueron abordados en +Perfil, el nuevo canal de Editorial Perfil.
Mientras algunos indicadores sociales muestran avances en Brasil, las brechas de ingresos, género y raza siguen siendo profundas. En el Reino Unido, en tanto, la desigualdad aparece vinculada con el acceso a la educación, la vivienda y las posibilidades de formar una familia.
Brasil: más empleo y menos pobreza, pero mayor desigualdad
El 71% de los indicadores sociales relevados en Brasil mostró una evolución positiva, aunque persisten fuertes brechas económicas, de género y raza. Pablo De la Fuente explicó que “los que mejoraron fueron el mercado de trabajo, hay más trabajo, la renta media creció, hubo reducción de la pobreza y la seguridad alimentaria mejoró”.
Sin embargo, el avance convive con una creciente concentración de ingresos. “La renta media del 1% más rico de Brasil, que son 2 millones de personas, es 31 veces mayor que el de la mitad más pobre”, señaló De la Fuente.
También remarcó las diferencias entre hombres y mujeres: “La renta de las mujeres equivale al 70% de los hombres”, mientras que “las mujeres negras tienen la renta más baja del mercado”. Entre los datos positivos, destacó la caída de la inseguridad alimentaria: “Se redujo casi un 14%”.
Reino Unido: clasismo, educación y costo de formar una familia
Marta Núñez trasladó el análisis al Reino Unido y sostuvo que allí existe “un sistema clasista, pero tan clasista y tan sutil que casi no se ve”. Según explicó, esa estructura aparece incluso en el acceso a la tierra: “Hay un feudalismo escondido en una aparente democracia, monarquía democrática”.
La desigualdad también se reproduce desde la educación. Núñez consideró que “la universidad es un gran filtro social”, en un sistema donde, además, los estudiantes deben afrontar importantes costos. “El estudiante se tiene que endeudar enormemente”, afirmó, al describir el impacto de las matrículas, el alojamiento y la manutención.
La especialista también vinculó las dificultades económicas con la caída de la natalidad. “Hay una reducción de mujeres que quieren tener hijos impresionante”, afirmó, y explicó que muchas optan por congelar sus óvulos mientras esperan mejores condiciones económicas.
Según su cálculo, “tiene que entrar en la familia 6.972 dólares por mes” para que una mujer pueda dejar de trabajar durante un período para tener un hijo.
El panorama europeo sumó otro elemento: el acceso a la vivienda. Marcelo Molina advirtió sobre la dificultad de independizarse y señaló que en España “la vivienda es un problema cada vez más grave”, mientras que muchos jóvenes permanecen en el hogar familiar hasta los 30 o 35 años.
En conjunto, las intervenciones mostraron que, aunque algunos indicadores sociales mejoran, la desigualdad económica, educativa y habitacional continúa condicionando las oportunidades y los proyectos familiares.