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MEDIOS / Opinión
domingo 6 mayo, 2018

Populismo tecnológico y libertad de expresión

Los poderes que se ven amenazados ensayan estrategias de defensa que suelen ser de ataque. Intentos infantiles de censura y coerción.

por Alejandro M. Correa

Las noticias y los medios de comunicación. Foto: Cedoc
domingo 6 mayo, 2018

La utopía del futuro muestra a la tecnología como solución. Las distopías la imaginan como amenaza. Hoy vivimos ambos mundos. Un escenario donde se valoriza al individuo pero se descubre el miedo a la libertad. Internet es el cerebro de la época y estamos empezando a pensar colectivamente al mundo. Como escribió Walt Whitman: “Cerebro del Nuevo Mundo, qué tarea la tuya: formular lo moderno.” Una era moderna en donde desaparece la brecha digital porque la tecnología tiene el poder de crear su propio ambiente y el contenido se vuelve creador de nuevo contenido y se multiplica. George Simmel habla de que la información se vale de la vida para crear más información. La inteligencia artificial y las machine learning (sistemas de aprendizaje automático) son un ejemplo de cómo la información se replica y reproduce por sus propios medios.

Los medios de comunicación amplían sus formas y se vuelven universales. La atomización de las audiencias adquiere un patrón celular. Se agrupan los intereses por afinidades y desde allí ejercen un juego de atracción y rechazo entre los distintos grupos. Un mismo columnista es aplaudido y rechazado en la polaridad que se profundiza. Se vuelven inmanejables las secciones de comentarios de lectores. Son un campo de batalla en donde el ruido sobrepasa a las ideas. Por eso cada vez hay más iniciativas que trabajan en una suerte de “teoría de la información” que permita silenciar el ruido y que sea más fluido el intercambio de mensajes entre los medios y sus usuarios. De repente cada organización, cada grupo, cada persona se convierte en su propio medio. Nace un populismo tecnológico de comunicación que empieza a romper las jerarquías tradicionales del poder.

Stewart Brand escribe sobre los medios de comunicación: “En los países con las comunicaciones altamente centralizadas el cambio político es casi necesariamente más convulsivo, porque las adaptaciones locales y de corto plazo no tienen oportunidad de realizarse. Un país cuyos medios son pagados por anunciantes y usuarios es menos proclive a revoluciones. Tiene permanentemente micro revoluciones en marcha, la mayoría de ellas intrascendentes. Incluso las que no lo son, al producirse de manera gradual logran modificar el sistema sin necesidad de entrar en el caos.” Pero no todos están contentos con la novedad. Muchos gobiernos democráticos parecen olvidarse de la regla básica de las sociedades libres, la libertad de expresión. Las ciberpatrullas estatales que recorren las redes y el moralismo excesivo de algunos intolerantes empiezan a amenazar la posibilidad de decir lo que pensamos. Control y autocontrol ejercen presión.

En estos días fue noticia una propuesta del Ejecutivo para poder intervenir teléfonos celulares de particulares. La compra del software Pegasus como método, enciende alertas. Últimamente vimos cómo la justicia no puede resguardar -o peor aún, filtra- sus pruebas. Por ejemplo la vergonzosa difusión de videos privados del periodista Juan Cruz Sanz o la ridícula puesta en escena de los audios de Cristina. Ambos casos son registros de la intimidad que no representan delito. Pero su divulgación sí es un delito. En una nota del New York Times se reveló que el software Pegasus fue usado por el gobierno de México para espiar a periodistas y opositores. También supimos de escuchas a familiares de los tripulantes del submarino ARA San Juan. Esto está escalando demasiado rápido y nunca se sabe quiénes son los responsables.

La red, que nació como un espacio libre y democrático, resultó que no era inofensiva. Los poderes que se ven amenazados ensayan estrategias de defensa que suelen ser de ataque. Intentos infantiles de censura y coerción. Sabemos que es necesario regular los espacios públicos y el acceso a los servicios, pero sin atacar las libertades. La avanzada sobre el control de lo que se dice en ámbitos públicos o privados muestra cómo podríamos estar entrando en una sociedad asfixiante, en una olla de presión psíquica sin precedentes. Hace unos días Tim Cook, CEO de Apple escribió que la privacidad es un Derecho Humano fundamental. El artículo 32 de la Constitución Nacional dice: “El Congreso federal no dictará leyes que restrinjan la libertad de imprenta o establezcan sobre ella la jurisdicción federal.” La libertad de imprenta es la libertad de expresión y ésta es uno de los Derechos Humanos que figuran en la Declaración Universal de las Naciones Unidas.

Alejandro María Correa – Investigador de medios de comunicación
Twitter: @alargie


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