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MEDIOS / Análisis
lunes 14 enero, 2019

Por qué seguimos mirando la pelea entre Alberto Samid y Mauro Viale

A 17 años de la trifulca, sigue siendo uno de los momentos más recordados de la historia de la TV argentina y se convirtió en un ícono de las redes sociales. La palabra de los protagonistas.

por Facundo Falduto

Mauro Viale y Alberto Samid Foto: Cedoc
lunes 14 enero, 2019

El 10 de enero de 2002 el país estaba conmocionado por la crisis política, económica y social que había estallado el mes anterior. Apenas habían pasado días de la renuncia de Fernando De la Rúa y de la "semana de los cinco presidentes". Ese día, la televisión argentina regaló un espectáculo que terminaría siendo uno de sus momentos icónicos, y que perdura hasta hoy en la memoria colectiva gracias a las redes sociales: la pelea entre Alberto Samid y Mauro Viale.

El periodista conducía Impacto a las 12 en América TV y había invitado al carnicero, entonces defensor de la gestión de Eduardo Duhalde, para debatir sobre la política económica del nuevo Gobierno. El debate subió de tono: Samid le reclamaba por su "nombre verdadero" mientras Viale le recordaba un embargo por 70 millones de pesos/dólares por presunta asociación ilícita y defraudación a la administración pública. El conductor luego planteó que el matarife "avaló la bomba a la AMIA" y la pelea pasó al plano físico: "Usted se tiene que arrepentir de lo que dijo", reclamó Samid antes de trompear a Viale entre insultos. La producción no frenó la trifulca y la emisión continuó durante un minuto, hasta que se fue al corte.

Tras el incidente, que incluso siguió en la calle, Samid comenzó a repartir una tarjeta personal que reza: "Hincha de Boca, Hincha de Gardel, Hincha de Ford y le tengo bronca a Mauro Viale". Consultado por PERFIL, sin embargo, el empresario de la carne aseguró que no guarda resentimientos. "Le tengo bronca es como decir 'no me simpatiza', no le tengo resentimiento después de 17 años. Pero sigo repartiendo la misma tarjeta, ya es una marca registrada", explicó en diálogo telefónico con este medio.

La tarjeta personal de Alberto Samid
La tarjeta personal de Alberto Samid. Foto: @mc__

Samid sostuvo que "nunca" se pidieron disculpas con el periodista. "Una vez me llamó la hija de Mauro, quería que me junte con Mauro, para analizar por qué tuvo tanta repercusión eso, si a mí me había cambiado la vida. No me quise juntar. Le dije que lo iba a pensar pero le dije que no. Me iba a juntar con él y me iba a verduguear de nuevo, no había garantías", contó.

El carnicero tampoco se arrepiente de los insultos ni de haber iniciado los golpes. "¿Qué insulto? El insulto fue de él hacia mí, me dijo que yo puse la bomba a la AMIA. ¿Cómo me va a decir semejante barbaridad? A mí jamás me llamaron a declarar a ningún lado, nunca tuve nada que ver. Es como si yo te dijera 'vos tiraste las Torres Gemelas'. ¿Por qué me lo decís? Porque se me ocurre. Para colmo en ese momento estaban juzgando a los tipos, y buscaban a quien fue, y estaban hablando de la pista local y él viene y me dice usted avaló. Una cosa de locos, en la televisión que lo están viendo dos millones de personas. Yo tengo seis hijos, mañana viene alguno que se la cree y me mata un hijo", afirmó a PERFIL.

"Lo más cómico, lo más inverosímil, es que cuando yo me peleo con él, el portero del canal le pega tres patadas en el suelo. Y cuando le preguntan por qué le pegó, dijo que lo verdugueaba todas las mañanas, le decía 'cuándo te vas a morir'", agregó, y completo: "'Lo vi en el suelo y aproveché', dijo. Lo echaron, pobre tipo. Yo ni sé cómo se llamaba".

Mauro Viale prefirió no recordar el incidente ante la consulta de este medio. Sin embargo, en una entrevista de 2011, acusó a su rival de antisemitismo y defendió su accionar. "Yo lo veo y nos matamos a trompadas, no, yo no le perdono nada a Samid. Ese día la pelea siguió en la calle, siguió feo, yo fui y le patée el auto, nos seguimos pegando en la calle, fue tremendo. Eso fue un ataque feo porque fue un ataque religioso, a la condición de judío, fue un espanto, es un antisemita probado, eso es lo peor de todo", recordó en ese reportaje.

"En La Paternal, donde yo nací, al lado de la casa de Bilardo, el que no cobraba y no pegaba era un tarado, y esa es una ley masculina para toda la vida. Y vale, porque podés ser un intelectual, un gran profesor, pero tenés que pelearte, porque la mano encima no puede llegar. En Tae Kwon Do es lo mismo. Cuando te ponen la mano encima te tenés que defender, pero no cabe ninguna duda ni ninguna ley del psicoanálisis, la salud mental, que diga que no te podés defender", concluyó el periodista.


El legado en redes sociales. La "TV Bizarra" de la década de los noventa y de los primeros dosmiles dejó decenas de momentos ridículos, escandalosos y cómicos. Discusiones entre panelistas (América TV, Azul TV, Canal 9), casos policiales insólitos (Crónica TV, ciclos como Policías en acción) y hasta bromas telefónicas (los llamados al aire a Miguel De Renzis y Baby Etchecopar, entre otros) fueron una marca registrada de la última era dorada de la TV argentina antes de que la masificación de internet fragmentara las audiencias y diezmara el rating.

Durante los 17 años siguientes, las trompadas entre Samid y Viale se grabaron en la memoria colectiva, primero gracias a programas de archivo como TVR, y después gracias a esa Biblioteca de Babel de videos que representa YouTube. Esa reproducción permanente inmortalizó a la pelea como uno de los momentos icónicos de la TV, junto al "atendedor de boludos", el "Batman único testigo" y otros más recientes como la supermercadista que agredió a un camarógrafo en Chaco. Las redes sociales se encargaron luego de transformar en meme y de viralizar el hecho para las nuevas generaciones: pinturas, videos, comics, un prototipo de videojuego y hasta muñecos recuerdan el incidente.

Pero ¿por qué seguimos mirándola? "En los medios la novedad es la reina, y las peleas llaman la atención en cualquier lugar. Más en la televisión, donde el observador no corre ningún riesgo, cosa que no le pasaría en la vía pública. Algo que salga de lo habitual siempre despierta atención. Lo particular de esta pelea es que pocas veces se vio un invitado irse a las manos con el anfitrión. Y más raro, además, que el periodista reaccione. Eso sigue siendo llamativo, especialmente en estos tiempos donde lo políticamente correcto reina en la televisión. Por eso cada tanto revive, y vuelve a ganar el podio del absurdo en la tele", analizó Adriana Amado, doctora en Ciencias Sociales especializada en temas de comunicación pública y medios.

"En los noventa el escándalo de poca monta era forma de conseguir la atención en los medios: los escandalosos se aseguraban varias invitaciones después de cada intervención llamativa. Hoy los escandalosos son los YouTubers, que como rebeldes del sistema, hacen todo lo que en la televisión no puede hacerse en cuanto a humor, críticas y tono. El Rubius y sus más de 30 millones de seguidores es el que llama la atención, pero es un fenómeno que los medios tradiciones aun no llegan a entender del todo. En la televisión queda el residuo de aquella cultura noventera. La política sigue pensando en los parámetros de la celebridad que rigieron la videopolítica de los 90, que no son los que funcionan ahora. El lapso de atención que se consigue en la tele es brevísimo, y en las redes lo es más. Y después, con la facilidad que hay para archivar y mostrar el escándalo o el error en loop interminable se convierte en lo contrario: en una condena digital que es difícil de borrar", agregó Amado en diálogo con PERFIL.

Para Martín Becerra, investigador del Conicet y profesor de la Universidad Nacional de Quilmes, "en términos mediáticos, el conflicto garpa". "Y, como esto es sabido tanto por los programadores audiovisuales como por las audiencias, hay una sobreexplotación del recurso hasta su escenificación adulterada, donde se fabrica artificialmente el conflicto en pos de producir un entretenimiento que tiene como objeto central avivar el género, con un guiño implícito a la audiencia que participa del juego explorando sus límites, variaciones y referencias al repertorio de conflictos previos".

"A diferencia de otras polémicas cotidianas en la TV, la de Samid y Viale es distintiva y memorable porque supuso cuatro rupturas: primero, rompió el carácter representacional de la discusión para hacerla acto, al pasar a las manos de modo imprevisto y con una estética descuidada; segundo, ese imprevisto rompió la planificación industrial del flujo televisivo —que en los hechos es menor de lo que el público supone—, y cuando una institución como la TV es superada por los acontecimientos, produce fascinación en su público; tercero, rompió el contrato explícito e implícito del género, ya que desbordó el carácter ficcional o semificcional de la mayoría de los conflictos televisados (ese guiño que el público conoce tanto como los protagonistas de “hacer como que” se pelea o de ensayar efectivamente la pelea pero exagerando las formas) y, en lugar de ofrecer el consabido espectáculo a lo Titanes en el Ring, se transformó en un pugilato en toda regla fuera de toda previsión; y cuarto, tanto Viale como Samid son personajes auténticos en el papel de antihéroes y creíbles, ambos, en el papel de 'chicos malos'", completó a este medio el docente especializado en medios.

"A diferencia de otros conductores que construyen un perfil público amable y simpático, Viale hizo y hace bandera de una moral menos pulcra, mientras que Samid, a diferencia de políticos profesionales esmerados en una imagen afable, eligió un perfil áspero y camorrero. Diría que ambos eran percibidos como brutalmente honestos, aún cuando no hayan optado por la vía de la impostada civilización revestida de marketing de la mayoría de conductores y políticos. La pelea, pues, fue completamente verosímil a los ojos de la audiencia, tanto que los propios cruces desprolijos y la alternancia de planos también descuidados, le otorgaron a la escena mayor credibilidad en el registro en vivo de lo que se distingue como “televisión verdad” en un medio tan habituado al recurso de la fantasía y a la impostura", concluyó Becerra.

Sobre el alcance de la pelea en redes, Tomás Balmaceda, doctor en filosofía y periodista, analizó: "En Twitter estamos los que tenemos más de 30, que conocimos ese mundo cuando no había redes sociales y que referenciábamos esos hechos por vías analógicas (asados, fogones, charlas) y ahora las podemos compartir con miles más. Por otro lado, esos clips están 'on demand' gracias a YouTube y crean nuevos espectadores y reinterpretaciones. Las redes sociales resemantizan esas peleas y las vuelven memes".


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