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MODO FONTEVECCHIA
ANÁLISIS MACROECONÓMICO Y PLAN DE GOBIERNO

Aldo Abram: "La compra excesiva de reservas por el BCRA enfría la economía y puede hacer perder las elecciones"

Frente a las medidas de estímulo impulsadas por el Gobierno para reactivar el consumo y el mercado inmobiliario, el director de Libertad y Progreso analiza la fragilidad del nivel de actividad local. Advierte que la acumulación acelerada de divisas por parte del Banco Central le resta crédito a la economía real, limitando la recuperación de las familias y la inversión en un escenario internacional volátil.

Aldo Abram 10082026
Aldo Abram. | Captura web

En el transcurso de las últimas semanas, la agenda económica argentina se vio sacudida por un doble frente de anuncios y versiones. Por un lado, la intención oficial de incrementar fuertemente el salario mínimo y la puesta en marcha de líneas de créditos hipotecarios financiados con recursos del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) de la ANSES marcaron un giro en la dinámica de austeridad libertaria. Por el otro, la evidente ralentización del consumo durante el segundo trimestre reavivó los debates internos sobre la capacidad de compra de las familias y la efectividad de la política de acumulación de reservas internacionales.

Para analizar estas contradicciones del programa macroeconómico y el delicado balance entre la solvencia del Banco Central y el bienestar social, Modo Fontevecchia, por +Perfil, Radio Perfil (AM 1190), dialogó con el reconocido economista Aldo Abram. En una extensa charla, el especialista aborda los riesgos de "secar" de fondeo al sistema financiero interno para respaldar al peso de cara a los próximos turnos electorales y explica por qué la moderación en la compra de divisas resulta indispensable para evitar que la falta de financiamiento termine asfixiando la recuperación de la economía.

Aldo Abram es economista, consultor y docente argentino, con una trayectoria de más de tres décadas en el análisis macroeconómico y el diseño de políticas públicas de corte liberal. Director Ejecutivo de la Fundación Libertad y Progreso, uno de los centros de investigación (think tanks) de políticas públicas más influyentes del país. Es Licenciado y Máster en Ciencias Económicas graduado de la Universidad del CEMA (UCEMA). Profesor universitario, desempeñándose actualmente en el Instituto Universitario Escuela Superior de Economía y Administración de Empresas (ESEADE). Cuenta con una amplia experiencia como consultor económico para empresas e instituciones. Además, es un referente y columnista frecuente en los principales medios de comunicación de Argentina donde analiza la coyuntura financiera, cambiaria y monetaria.

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Buenos días. El Gobierno está anunciando que busca elevar el salario mínimo a 1 070 000 pesos. Al mismo tiempo, el ministro de Economía anunció créditos hipotecarios con garantías del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) de ANSES. Hay versiones —de hecho, las tomamos en nuestra columna del comienzo del programa— respecto de que el ministro está preocupado por la no evolución satisfactoria del consumo y de la capacidad de compra de los argentinos, y busca de alguna manera generar retoques en la economía que permitan corregir estos efectos secundarios no deseados del plan económico. Paralelamente, hay versiones de que el presidente no comparte la preocupación del ministro de Economía, pero el hecho concreto es que aparecen decisiones que van en contra de la austeridad espartana libertaria. Los créditos hipotecarios o un salario mínimo a dos veces y media de lo que era, ¿indican algo? ¿Le parece que es un síntoma de algo? En general, ¿cuál es su evaluación de la marcha del plan económico del Presidente y del ministro Caputo?

Aldo Abram: A ver, creo que es cierto que hay una preocupación. Luego de la recuperación que empezó a tener después de las elecciones —por la mayor confianza de la gente al confirmarse el rumbo económico por el voto de una buena proporción de los argentinos—, en el segundo trimestre tuvimos una caída del nivel de actividad y del consumo, lo cual justifica escucharle a la gente que no le alcanza la plata. Así que creo que van a buscar mecanismos que no sean muy heterodoxos. Quizás, desde un punto de vista libertario, subir mucho el salario mínimo sea heterodoxo; pero medidas como las que se están tomando con los recursos del Fondo de Garantía de Sustentabilidad para que se vuelvan crédito de largo plazo... La verdad es que es una medida financiera que se debió haber tomado hace tiempo. Las jubilaciones se actualizan por inflación y resulta que teníamos los recursos del FGS atados a un montón de inversiones que no estaban actualizadas por la inflación. En este caso, al poder invertirse estos recursos —que encima en todos lados del mundo una buena proporción se invierte en activos de largo plazo porque se supone que recién en el largo plazo uno los va a necesitar— en depósitos que se van a actualizar por UVA (es decir, por la inflación, más algo más), se le permite a los bancos dar más créditos hipotecarios. Como tenían su fondeo a 30 o 90 días con los recursos de nuestros depósitos, imagínese tener que dar un crédito que puede ser a 20 o 30 años. Bueno, ahora van a tener recursos que por lo menos van a estar a 5 años o más, y eso les va a permitir, con menos riesgo, otorgar nuevos créditos que antes no podían dar por una cuestión de prudencia, evitando el riesgo de que la gente viniera a buscar sus recursos y los tuviesen prestados a 30 años. Eso ahora no va a pasar y, del otro lado, vamos a tener un Fondo de Garantía de Sustentabilidad con sus activos mejor invertidos en aquello que se actualiza como se actualizan las jubilaciones que va a tener que pagar en el futuro.

¿Y cuál es su visión o un balance general de la marcha del plan económico?

Creo que lamentablemente el año pasado, con toda la incertidumbre electoral que tuvimos —que fue realmente muy fuerte, casi tuvimos una crisis cambiaria antes de las elecciones, lo que da una magnitud del estrés que vivió toda la sociedad y el Gobierno—, empezó una recuperación luego de los comicios. Pero creo que pasaron dos cosas. Por un lado, hoy estamos más precavidos con lo que puede llegar a pasar en la elección del año que viene, tanto los propios argentinos como los extranjeros, y somos mucho más cautos a la hora de consumir y de invertir. Por el otro lado, creo que el Gobierno empezó a pensar: "Tengo que estar preparado por si algo similar pasa en el año 2027". Lo que ha estado haciendo es consolidar las reservas del Banco Central, que quizás era el punto débil el año pasado, comprando reservas por demás, a mi juicio. Ya para el mes de julio había logrado comprar todas las reservas que había planteado comprar en todo el año. Cuando uno compra reservas, increíblemente, lo que está haciendo —ya sea para pagar al exterior, donde obviamente salen recursos de la economía argentina para pagar deuda externa (lo cual está bien porque si no caeríamos en una crisis de cesación de pagos)—, o cuando aumenta la cantidad de reservas en el Banco Central, es depositar esas reservas en el exterior. O sea que ese aumento de reservas es también una salida hacia el exterior de recursos que podrían haber quedado financiando la economía doméstica. Creo que esa baja del financiamiento que generó toda esta compra, para mí excesiva, de dólares causó dos problemas: uno, nos dejó sin financiamiento a toda la economía como para que pueda seguir recuperándose y aumentando el consumo y la inversión. Por el otro lado, morigeró fuertemente lo que es el avance del crédito, y eso está complicando, por ejemplo, el poder asimilar las situaciones de las familias que están morosas. Los bancos necesitan un crédito creciente para poder plantearle refinanciaciones a la gente, y ahora no lo están teniendo. Me parece que la solución pasa por relajar un poco estas compras para sumar reservas al Banco Central, porque ya cumplió con su meta. Hacerlo despacito no me parece mal, pero no con la fuerza con la que se hizo en el primero y segundo trimestre en un escenario internacional complicado. Con la altísima incertidumbre internacional que tenemos hoy, hay mucha menos gente dispuesta a traer sus recursos a la Argentina para financiar nuestra economía y hacer más leve el costo de acumular reservas y pagar deudas.

Aldo, el Fondo Monetario Internacional le pedía a comienzos del año pasado que comprase reservas y no lo hacía. A su juicio, ¿qué es lo que cambió como concepto o estrategia para que el año pasado se negaran a comprar reservas cuando el propio Fondo Monetario se lo exigía, y ahora, como usted dice —si no le entendí mal—, las compre en forma excesiva?

Sí, obviamente que eso es un juicio mío. Yo no hubiera comprado tantas, y menos con un cambio de escenario internacional como el que tuvimos. Es verdad que compró muchas en el primer trimestre, pero en ese momento el escenario internacional todavía no estaba impactado por la guerra que le declaró Trump a Irán, que generó muchísima incertidumbre global. Todavía veíamos entrar capitales, por ejemplo, para financiar a las provincias o a las empresas desde el exterior, lo que obviamente hacía más fácil esta acumulación de reservas sin exigir un sacrificio en términos de financiamiento del consumo y de la inversión a los argentinos. Lo que cambió claramente es lo que pasó el año pasado antes de las elecciones. La verdad es que hoy el Banco Central es solvente; esa es una de las grandes ganancias que se logró con este gobierno, porque lo recibió quebrado. Pero donde todavía le falta es en tener la espalda en términos de reservas como para garantizarle a la gente la posibilidad de defender el valor del peso, y esa fue una debilidad el año pasado. Entonces, lo que el Gobierno debe estar pensando en este momento es: "Esto no me vuelve a pasar el año que viene". Por lo tanto, sienten la necesidad de comprar muchos dólares y consolidar al Banco Central para que llegue con una capacidad de reservas tal que nadie diga: "¿Para qué le voy a ir a pulsear en el mercado cambiario a este Banco Central si me puede ganar?". Eso trae tranquilidad cambiaria antes de las elecciones del año que viene y evita vivir el estrés que se vivió el año pasado.

Aldo, este mismo estrés se dio otras veces en la Argentina. Se vivió claramente en agosto de 2019, cuando Macri pierde las elecciones PASO; se vivió en septiembre del año pasado, cuando Milei pierde las elecciones de medio término en la provincia de Buenos Aires. Pero aquellos que tenemos más edad recordamos —usted lo recordará igual que yo— que lo mismo había sucedido cuando gana las elecciones otro peronismo, el peronismo de Menem, que en aquella época era con patillas y un personaje que generaba miedo a los mercados, independientemente de lo que luego haya hecho. ¿Podríamos decir que es recurrente en la historia de la Argentina que, frente a una elección en la que gana un candidato peronista, los mercados reaccionen mal, algo que tendría que ser absolutamente previsible?

Creo que es recurrente porque todo el mundo sabe la historia que tiene la Argentina con los gobiernos peronistas: evidentemente no han terminado bien y eso trae mucho temor. Ahora, sí hay una diferencia con respecto a lo que pasaba en esos anteriores eventos que usted mencionaba: en todos esos casos, el Banco Central de la República Argentina estaba muy mal parado; tenía muy baja solvencia o estaba quebrado. Y el otro que era insolvente era el Estado. Entonces, era muy fácil que el mercado, en su temor, se llevara puesto el mercado cambiario, se llevara todos los recursos y pudiera generar una crisis. En cambio, ahora tenemos un Banco Central solvente. Sí, por ahí con menos reservas de las que uno desearía —y de ahí el afán de este gobierno de tratar de comprar todas las reservas que pueda, más allá de que a mí me parezca excesivo—, pero por el otro lado tenemos un gobierno que a su vez tiene un Estado solvente; no tiene déficit. Hoy los ingresos que tiene el Estado nacional son mayores a los gastos, incluido el pago de intereses. Antes, en todos esos períodos, ni siquiera se cubrían los gastos corrientes. Ni siquiera cubrían en aquella época los gastos corrientes. Entonces había una necesidad permanente de fuerte financiamiento. Por supuesto, cuando la incertidumbre volaba por los aires, ese financiamiento se acababa. Con una corrida cambiaria se acababa el Banco Central y entraban en cesación de pagos el Banco Central y el Gobierno. Ahora eso es mucho más difícil porque el Gobierno necesita muchísimo menos fondeo, solo para poder cubrir sus intereses y ya no el gasto corriente. Por el otro lado, tenemos un Banco Central que es solvente y que tiene que ganar más espaldas en términos de reservas, con lo cual va a ser más difícil que esto se vuelva una crisis.

Lo que usted dice es que, más allá de que compraron excesivamente reservas, con la situación actual no va a haber el año próximo el estrés que hubo en septiembre del año pasado, ni mucho menos el que hubo en agosto de 2019 o en julio-agosto de 1989 cuando ganó Menem.

No por los motivos que sucedió en aquella época. Sí creo —por eso hablo de excesivo— que acá hay un fino equilibrio que tiene que hacer el Gobierno. Si bien es cierto que cuanto mayores reservas tenga el Banco Central cuando llegue el período preelectoral allá por mediados de 2027, obviamente habrá menos gente dispuesta a intentar llevarse sus dólares porque habrá más confianza en que el Banco Central puede sostener la estabilidad monetaria y cambiaria, el costo de eso es que la economía se queda sin financiamiento para poder recuperarse adecuadamente. La gente empieza a sentir ese impacto negativo en términos de bienestar económico. Por eso digo que habría que comprar más pausado. Es cierto que podés llegar con un Banco Central sumamente sólido en términos de reservas, pero si la gente llega a su vez con la sensación de haber pagado un alto costo de bienestar por tener este Banco Central recontra ultra solvente en dólares, por ahí no te vota. Hay un costo, así que el Gobierno tiene que balancear esto hacia adelante. De ahí viene mi adjetivo de "excesivo". Creo que tiene que hacerlo más moderadamente para que los capitales que están entrando se queden acá y financien el consumo, la inversión y la mejora del bienestar de la población.

Aldo, otro ejemplo reciente que nos muestra la historia no solo fue el de Menem o el de Alberto Fernández cuando ganaron, sino también lo que sucedió en Brasil cuando en 2002 gana por primera vez Lula. A él, igual que a Menem, no se suponía inicialmente que iba a terminar haciendo la política que hizo: allí el dólar pasó de 2,10 a 4 reales y el riesgo país que dejaba Fernando Henrique Cardoso pasó de alrededor de 700 a 2300 puntos. El Banco Central de Brasil tenía reservas; sin embargo, el temor que generaba Lula produjo ese salto enorme tanto en el riesgo país —que se multiplicó por tres— como en el dólar —que se multiplicó por dos—. ¿El hecho de tener reservas alcanza para que no se produzca ese colapso o temor frente al triunfo de un candidato que se supone que va a cambiar la política económica?

A ver, no si realmente ya ganó, que es otra historia distinta. Ahí uno ya dice: "Bueno, si ya ganó todo lo malo que estoy esperando que suceda hacia adelante...". Porque es cierto que en ese momento Lula da Silva era visto como el diablo anticapitalista y generó un temor fenomenal que ganara. Pero sí alcanza un Banco Central que sea sólido y tenga espaldas en términos de reservas para mantener una mayor tranquilidad en la previa a las elecciones, porque genera más confianza. De vuelta: acá hay que tener un sano equilibrio entre dar mucha confianza de que se puede sostener antes de las elecciones la estabilidad cambiaria y monetaria (o por lo menos disminuir la incertidumbre que se generó el año pasado) y, por el otro lado, dejar que la economía pueda recuperarse aprovechando el ingreso de capitales que viene en forma creciente, aunque moderadamente por esta incertidumbre internacional que continúa. La guerra continúa, el precio del petróleo sube y baja, y eso genera mucho temor. Lamentablemente, cuando los inversores de todo el mundo tienen mucho temor sobre lo que pasa en el planeta, incluso en los países más seguros sube la incertidumbre y lo último que quieren hacer es poner su dinero en países de alta incertidumbre como la Argentina. Ahí es donde nos pega duro. Hay que tener en cuenta el contexto en el que estamos y morigerar estas compras de divisas en el tiempo para que la economía pueda recuperarse con el menor flujo de capitales que estamos teniendo por la guerra que le declaró Trump a Irán.

Aldo, muy didáctico. Muchísimas gracias. Le agradecemos su tiempo y su lucidez. Nos mantendremos en contacto en un futuro, muy gentil.

Un gusto para mí. Que tenga un buen fin de semana. Muchas gracias a ustedes.

MEG