El arte no solo entretiene: moviliza emociones, cuestiona estructuras de poder y construye sentido en la sociedad, convirtiéndose en un instrumento político y cultural. A través de una entrevista en Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190), Carolina Papaleo sostiene que “los actores somos políticos con nuestro arte” y reflexiona sobre cómo la ficción permite identificarse y generar debate, mientras el periodismo enfrenta la presión de la inmediatez, la desinformación y la proliferación de noticias falsas que desafían la percepción de la realidad.
La actriz Carolina Papaleo cuenta con una extensa trayectoria en teatro, cine y televisión desde finales de los años 1980. Se ha destacado como conductora de programas de televisión, ha incursionado en paneles de debate y completó la carrera de Licenciada en Ciencias Políticas en la Universidad de Buenos Aires luego de seis años de estudios. Además, en los últimos años fue candidata a legisladora porteña por la lista “Justa, Libre y Soberana”.
Estás empezando TVR en C5N ahora y toda una denuncia sobre espionaje ruso en distintos medios. Una de esas notas había caído en ese canal. Me gustaría tu reflexión, además con toda la historia política de tu familia, de cómo ves la comunicación, el periodismo, la relación con el gobierno en estas épocas.
Y es una época… es una época difícil. No es solo una época difícil acá, es una época en la que estamos ingresando en una nueva comunicación. Mira, la obra justamente la que estoy haciendo de Doradas en el Cervantes es una obra que José María Muscari escribió, mediatizada con la inteligencia artificial. Entonces, parece que todo tiene que ver con todo. Estamos iniciando una era que ya la estamos transitando y seguramente dentro de muchos años, cuando nos estudien, digan: "Aquella revolución comunicacional, donde están las news, la inteligencia artificial, todo cuestionando si es verdad o no, qué es construido y qué es real, y cuánto está bajo una mirada u otra".
Entonces, el programa en TVR, creo que es la temporada número 28, tiene una mirada ácida sobre la realidad, con humor e ironía. Eso es lo que me gusta y espero que con Juan Di Natale, quien me acompaña, podamos hacer esa química para mirar esta realidad y esta comunicación insertada en un mundo bastante inestable.
¿Qué diría tu viejo de esto?
Nosotros nos juntamos bastante, miramos muchas series juntos, es una costumbre que tenemos desde el año pasado y eso hace que transitemos la actualidad y charlemos. Yo vengo de una casa donde nada se tomaba por hecho, las opiniones siempre se cuestionaban, había pensamiento crítico, siempre había que pensar. Vengo de una familia paterna de abuelos anarquistas, así que imaginate los debates en mi casa, que era muy peronista por mi mamá. Mi vieja venía con una historia de exilio, tuvo que irse a Colombia con su primer marido.
En mi casa siempre se pensó que la realidad nunca se tomaba como tal y siempre se consideraba la posibilidad de modificarla. La herramienta que puede cambiar la vida de los ciudadanos es la política. Esa herramienta siempre se ejerció para modificar la realidad, para que los hechos, aunque coyunturales, pudieran transformarse.
¿Y hoy qué se dice?
Hoy se dice que hay que ir pasando el temporal. Mi viejo y yo vemos una realidad compleja, con un impacto social muy grande. Los dos observamos cómo se puede construir. Mi viejo dice que siempre ha sido una cuestión de construcción. Hoy la realidad está atravesada por un lenguaje más de destruir que de construir. Él dice: hay que armar una alternativa que enamore. Mientras no exista, estamos pasivos, mirando una cosa que derrumbe.
Con toda esa tradición del peronismo, ¿existe la posibilidad de una rebeldía que enamore en esta época, donde los gobiernos tienen limitaciones frente a multinacionales, Silicon Valley o paraísos fiscales?
Te lo digo de parte de mi viejo y mío. Seguimos creyendo en eso. La mayor rebeldía sería ser conservador: agarrar banderas del pasado, que creíamos superadas, pero que reaparecen.
Me imagino una conversación de tu viejo con Alberto Fernández y Martín Guzmán diciéndole: "Lo que tenemos es reducir el daño, no podemos modificar el sistema de distribución de renta. Solo podemos poner amortiguadores". En tiempos de Kirchner, sí había capacidad de redistribución gracias a ingresos por exportaciones. ¿Cómo encontrar algo que enamore cuando la realidad es difícil?
Lo que hay que volver, y esto dice mi viejo, es que si se pudo hacer, se puede hacer. Nietzsche hablaba de que la historia puede repetirse, adaptada a la coyuntura actual. Cualquier gobierno necesita decisión política. Sobre redistribución, sí se pueden lograr modificaciones: los puertos privatizados podrían redefinirse y el Estado puede recaudar para redistribuir. Tenemos un mundo de timba financiera, pero se puede bajar del barco.
¿Cómo es la interna del peronismo? ¿Quién podría enamorar?
No es tanto la persona, sino el proyecto. El peronismo viene de cuestiones fallidas con los personajes. No creo que un candidato enamore; el proyecto tiene que enamorar. El peronismo siempre tocó intereses de pocos, y eso debe volver a hacerse. Hoy también hay que dialogar con otros espacios, porque el sistema es más complejo, con dos partidos de centro y otros intereses. No pasa por un candidato, sino por un proyecto político.
Tu visión de Cristina Kirchner.
Cristina es la líder de la mayor porción del frente. Es irritante para muchos, pero siempre está en el centro del eje político, ha sufrido gran persecución y hoy está presa por una causa que considero rara, floja de papeles.
Nosotros los periodistas tenemos el monopolio del lenguaje verista, lo que decimos debe tener correlato con pruebas y evidencias. Ustedes, los artistas, construyen sentido sin necesidad de pruebas y pueden influir. ¿Cuánto de lo que hacés, por ejemplo en Doradas, forma parte de una narrativa política?
Creo que los actores, al reflejar personajes con los que se identifican, especialmente en novelas, que son masivas, entramos en la casa de las personas. Tiene que ver con educación y estilos de vida, con identificación.
Los actores somos políticos, no partidarios, sino políticos culturales. Llevábamos la bandera de Argentina al exterior: historia, paisajes, costumbres, cultura. Eso es importante. Respecto a los periodistas, más allá del correlato con la verdad, hoy se construyen relatos que surcan, aunque no estén siempre basados en pruebas.
MV