La crisis económica y energética que atraviesa Cuba volvió a poner en primer plano el impacto de las sanciones de Estados Unidos, la caída del turismo, la escasez de combustible y los problemas de abastecimiento y electricidad que afectan la vida cotidiana en la isla. Ante ese contexto, en Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190), el economista Julio Carranza analizó el descontento social, cuestionó la falta de transparencia en sectores estratégicos de la economía y sostuvo: “Cuba necesita una reforma económica profunda como China y Vietnam”.
El destacado economista, investigador y académico cubano, Julio Carranza Valdés, es reconocido por su especialización en temas de desarrollo económico, reformas estructurales en Cuba y economía política latinoamericana. Se ha desempeñado como subdirector del Centro de Estudios sobre América (CEA) en La Habana, un espacio fundamental para el debate intelectual y económico en la isla durante la década de 1990, donde coescribió propuestas clave para la reorganización económica cubana. Además, trabajó durante años para la UNESCO como director de sus oficinas en diversos países de la región, entre ellos Guatemala y Ecuador.
CNN analizaba que Donald Trump busca “redimirse” en Cuba tras el fracaso de Irán y que la Doctrina Monroe actualizada apunta a controlar el hemisferio. Venezuela allanada, Argentina bajo influencia de MAGA y ahora Cuba como el gran trofeo histórico que ningún presidente norteamericano logró en 65 años. ¿Cuán verosímil le resulta esto y cuáles son las posibilidades de que se concrete?
Efectivamente, en estos momentos hay una política muy difícil, muy dura y muy agresiva de los Estados Unidos contra Cuba, pero no está muy claro cuál va a ser la deriva de esta política porque depende de una cantidad de factores, no solamente en Cuba, sino también de la situación internacional. Lo de Irán parece que se agrava. Estados Unidos tiene muchos desafíos, tanto externos como internos.
Acompañando toda esa complejidad, ha estado presente permanentemente, muy presionado por el secretario de Estado, un discurso muy agresivo contra Cuba, que también es contradictorio porque se mueve entre aceptar la posibilidad de una negociación y hablar, de manera totalmente embozada, de que se va a tomar militarmente Cuba.
Eso está acompañado también por una situación muy difícil en Cuba, una situación económica agravada por la política de agresión. Desde hace muchos meses hay un bloqueo petrolero en la isla. Este es un país cuya energía depende fundamentalmente del petróleo y Cuba, que produce algo de petróleo, solo puede generar un tercio de la cantidad que necesita. Eso produce una paralización general de la sociedad y de la economía, con las consecuencias sociales que tiene.
No se debe dejar de mencionar tampoco que durante los últimos años se han cometido muchos errores en la conducción de la política económica del país y la combinación de esos factores trae como consecuencia una situación difícil en Cuba.
Pero yo te podría decir también que hay reacciones muy positivas desde el punto de vista del rechazo a una injerencia o a un disparate de intervención militar de los Estados Unidos en Cuba, puesto de manifiesto recientemente en diferentes manifestaciones nacionales.
Esa es la situación, pero hay muchos peligros y muchos escenarios posibles.
Usted está allí en Cuba. Me pregunto, y le transmito, si finalmente la estrategia de Trump no era la misma tanto para Irán como para Cuba: producir un descontento dentro de la población para que haya un cambio de régimen. En el caso de Irán, la situación económica también tiene complejidades, quizás no tan grandes como las de Cuba. ¿Se está generando lo opuesto? Es decir, que la sociedad, frente a la amenaza externa, se cohesiona en lugar de aumentar el rechazo al régimen actual.
Creo que tienes mucha razón en lo que dices. Siempre ha estado en la lógica de la política norteamericana hacia Cuba —bajo diferentes intensidades, épocas y correlaciones de fuerza— la intencionalidad de generar dificultades económicas tales que deriven en un descontento más generalizado y que eso pase a manifestaciones políticas de confrontación y rechazo al gobierno existente.
Ese ha sido el objetivo de la política norteamericana. Así fue declarado a principios de los años 60. Después no se dijo tan explícitamente. Ahora Trump lo dice con claridad y en eso estamos. Y la verdad es que, en este último período, esa política ha recrudecido de una manera realmente brutal.
Ahora, la consecuencia de eso sobre Cuba depende mucho de cómo se mida la situación. Una cosa es el descontento que puede tener la gente por la situación económica y otra muy distinta es que de ahí se produzca una manifestación mayoritaria a favor de una política de intervención. Son dos cosas totalmente diferentes.
El mismo cubano que puede criticar la situación y al gobierno porque considera que una parte importante de la responsabilidad de la situación actual le corresponde, es el mismo que está dispuesto a defender la soberanía del país en una situación límite.
Por supuesto, esas cosas nunca se saben totalmente hasta que la situación se dé, pero por lo que podemos apreciar en Cuba, la mayoría sigue defendiendo la soberanía nacional, lo cual conecta con la tradición de las luchas cubanas por la soberanía desde el siglo XIX.
Ahora, en este contexto acaban de hacer un intento de condena judicial al general de Ejército Raúl Castro y eso, que obviamente se ve como un pretexto totalmente traído de los pelos para agravar aún más la situación, puede traer otros pretextos. Eso ha generado una reacción del pueblo de rechazo a esa nueva maniobra.
La situación es compleja porque la falta de electricidad trae como consecuencia que no haya suficiente abastecimiento de agua ni electricidad para que los alimentos puedan permanecer en buen estado dentro de la refrigeración. El transporte está muy afectado. Muchos trabajos han vuelto, como en la época de la pandemia, a hacerse a distancia. Hay afectaciones reales y esto tiene, sin lugar a dudas, un impacto en la población, porque el ciudadano común no vive estas situaciones desde el punto de vista de las grandes verdades políticas, sino en su día a día. Y esto genera consecuencias y descontento.
Pero también se mantiene una posición de defensa de la soberanía de Cuba y de rechazo a cualquier intervención militar, porque obviamente por ahí no vendría una solución para Cuba, sino todo lo contrario: un empeoramiento de cualquier alternativa posible.
Uno de los puntos en los que siempre pone el acento Estados Unidos es en la crítica a Gaesa, la empresa que controla el turismo y que representa una parte importante de la economía cubana. Obviamente, en las situaciones actuales debe estar absolutamente en el piso. ¿Qué representa el turismo para la economía cubana, cuál es la situación actual y, al mismo tiempo, cuánto representa esto para el Ejército y las Fuerzas Armadas de Cuba, dado que la empresa que controla el turismo está relacionada con esa fuerza militar?
Cuando Cuba tuvo la primera gran crisis de los últimos 30 años, que fue el Período Especial, en los años 90, como consecuencia de la desaparición del bloque socialista y del recrudecimiento del bloqueo con las leyes Torricelli y Helms-Burton, el país empezó a buscar alternativas para continuar el funcionamiento de la economía y lograr una nueva inserción internacional.
Eso dio lugar a dos cosas. Por un lado, el desarrollo del turismo como una actividad que podía generar rápidamente ingresos de divisas. Y, por otro lado, la necesidad de garantizar que determinados ingresos continuaran siendo suficientes para darle el piso necesario a la capacidad de defensa del país.
Eso dio lugar tanto al desarrollo del turismo como a la existencia de un conjunto de empresas militares que administraban no solamente empresas turísticas, sino también operaciones financieras, distribución de combustible y tiendas que vendían en divisas.
Todo eso se fue desarrollando en la década de los 2000. El país logra emerger de esa crisis hasta 2020 y luego la crisis vuelve a profundizarse con la pandemia y con los gobiernos de Trump, que fueron terribles. Joe Biden no hizo nada por cambiar la situación.
Eso fue acompañado por un fortalecimiento, en todo ese período, de Gaesa, el conglomerado militar que controla estas actividades. La última operación importante —aunque hay muchas— fue la vinculada al turismo y otras actividades en el casco histórico de La Habana Vieja, que antes pertenecían a la Oficina del Historiador de La Habana, pero cuya operación económica ahora pasó a manos de Gaesa.
Todo eso ha traído como consecuencia que cerca de un 30% de la operativa económica nacional —aunque es muy difícil precisar cuánto exactamente— esté bajo su órbita.
Ahora, sí son operaciones estratégicas. Todos hemos confiado en que esos ingresos son usados efectivamente para garantizar recursos que permitan al país operar en condiciones tan difíciles, pero esto ha estado acompañado por un secretismo y una falta de control por parte de las autoridades civiles que traen como consecuencia preocupaciones y situaciones que, en mi opinión, deberían ser superadas.
Debería pasarse a una situación de secreto y límite de control solamente en aquellas áreas que sean absolutamente indispensables por razones de seguridad nacional. Pero otras, y esto lo hemos planteado mucho los economistas, sería muy favorable que pasaran a una dinámica civil, a pesar de que entendemos completamente cuál es la razón que les dio origen y cuál es la dinámica que allí ha habido.
Efectivamente, eso se ha convertido en un componente fundamental del discurso de los Estados Unidos, pero más allá de las realidades que ya te he explicado con mucha honestidad, el interés de los Estados Unidos no pasa porque realmente le importe cómo opera esa economía. Ya sabemos cómo opera aquella economía por las cosas que hemos visto. En el fondo, esto funciona como un factor de presión sobre Cuba y como uno de los tantos argumentos con los que se intenta acompañar una política de agresión.
Lo escucho a usted marcando, con mucho respeto, críticas al oscurantismo en la administración de los recursos de un tercio de la economía nacional, casualmente vinculada al turismo. Al mismo tiempo, usted señalaba que, junto con la solidaridad del pueblo y la defensa de la soberanía cubana, hay críticas hacia el gobierno porque ha cometido errores económicos. ¿Existe la posibilidad de que dentro del propio sistema cubano haya una renovación, no sé si llamarla democrática, en la que haya cambios económicos más parecidos al modelo de Vietnam o al camino que fue recorriendo China? ¿Existe la posibilidad de que el propio sistema produzca una salida a esta crisis?
Con mucho gusto voy a responderte eso, pero antes se me olvidó tocar algo importante de la pregunta anterior. El turismo tuvo una dinámica muy positiva hasta 2019. Después, impactado por la pandemia y por una política muy fuerte para cerrar las posibilidades del turismo cubano, pasó a ser una actividad muy deprimida.
Por ejemplo, la administración Biden no cambió ninguna de las más de 230 medidas que había impuesto Trump y agregó una nueva: exigirle visa a todo europeo que hubiera viajado a Cuba si quería entrar a los Estados Unidos. Eso golpeó muy fuertemente un segmento fundamental del turismo cubano.
Y esto contrasta con que se mantuvo un nivel de inversión en turismo que, hasta el año pasado, estuvo por encima del 30% de la inversión total del país, mientras que sectores fundamentales como la agricultura mantuvieron inversiones por debajo del 3%. Esa es una discusión que tiene que ver con la reorientación estratégica de la economía.
Ahora, respecto de lo otro que me preguntabas, aquí hay un debate interno abierto y rico. Internamente existe un debate muy importante donde muchos economistas venimos planteando desde hace años la necesidad de una reforma económica profunda en Cuba.
No se puede decir exactamente China o Vietnam porque ningún país es igual a otro, pero el trazo grueso de la reforma tiene mucho que ver con las características que adoptaron las reformas del socialismo en esos países.
Eso lo venimos planteando algunos desde hace 30 años y se han hecho cosas. La economía cubana actual no es la misma que la de los años 90 ni la de principios de los 2000. Hoy existe un sector privado importante operando en el país.
Pero esa reforma no ha sido suficientemente integral, ni coherente, ni rápida y, por lo tanto, no ha tenido el impacto que suponemos que debería tener.
Hoy se discute incluso si queda tiempo para hacerlo. El otro día escribía un artículo donde citaba una frase de Antonio Gramsci: “el pesimismo de la mente y el optimismo del corazón”. Y digo esto porque este es el país por el cual debemos luchar y preservar la soberanía y la justicia social, pero hay que tener conciencia de que se está haciendo en las peores condiciones posibles y bajo una amenaza extraordinaria.
Entonces, lo que estamos haciendo es apostar por seguir adelante y confiar en que se pueda lograr, pero en medio de dificultades realmente extraordinarias y de una agresión muy fuerte que ojalá sea comprendida y condenada por el mundo entero, porque no se basa en un acto de justicia ni en algo favorable a los intereses de la nación cubana.