En Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), el médico Daniel López Rosetti reflexionó sobre la longevidad, el impacto del estrés en la salud y las condiciones necesarias para vivir más años con mejor calidad de vida.
Daniel López Rosetti es médico clínico, cardiólogo, escritor y conferencista, referente en medicina del estrés y divulgación científica. Dirige el Servicio de Medicina del Estrés del Hospital Municipal de San Isidro y preside la Sociedad Argentina de Medicina del Estrés. Su trabajo profesional está centrado en la unidad mente-cuerpo, con foco en la gestión del sufrimiento y el dolor a través de herramientas cognitivas y la filosofía. Es autor de libros como Estrés, epidemia del siglo XXI, Emoción y sentimientos y Recetas para vivir mejor y más tiempo.
Daniel, en un tema que es, yo diría, el tema del siglo XXI, porque tiene consecuencias en la salud pública, pero tiene consecuencias en la economía, en la política, en el orden social, que es la prolongación de la vida, la longevidad, que cada vez es mayor. ¿Cómo se hace para vivir más tiempo y vivir mejor?
Qué pregunta, ¿no? Y cuando me pongo a pensar en eso, en este momento, Jorge, que lo que uno lee, lo que uno ve y todo tiene que ver con longevidad, incluso una explosión hasta de orden comercial en cuanto a la venta de productos.
La generación silver.
Claro. Exactamente, exactamente. Entonces... si uno viajase en el tiempo y el espacio, y yo lo hice, y aparte me dio un gustito que ahora te voy a contar, de pensar en la antigua Grecia, ¿no? Como médico, y como todos los médicos que salimos de la UBA, juramos en el juramento hipocrático.
Y yo tenía, Jorge, un deseo muy profundo de ir a una isla griega, pero no tenía a Mikonos en primera instancia, ni a Paros ni a Santorini. Era Cos, la isla donde nació Hipócrates. Un pueblito chico. El agua es la misma, es el Egeo, el agua es hermosa, pero para mí fue un lugar especial porque tuve la oportunidad de estar donde enseñaba Hipócrates. Hay un lugar donde la historia, y con mucha referencia, dice que es ahí donde daba sus clases. Pero además de esto, colina arriba, estaba el Asclepión, el hospital donde él trabajaba. Hoy, al lado, a unos 500 metros, está la Fundación Hipocrática, hasta con un huerto de 150 plantas que él utilizaba. Y uno se sorprende de lo que era la medicina en ese momento.
Y yo lamento que no puedas invitar a Hipócrates en lugar de que esté yo acá, pero si tuvieses la oportunidad de preguntarle a Hipócrates cómo llegó a pasar los 80 años, cuando el promedio de vida por entonces era menos de 40, y él te diría varias cosas.
La primera, en general, lo que comía. Y te diría que comía lo que viene de las plantas, del suelo, legumbres, papas, plantas. Pero que también es una isla de pescadores, así que comía pescado. Pero también tenían aceitunas, así que el aceite de oliva lo acompañaba continuamente. Pero que no había autos y que tenía que subir la montaña para ir al hospital todos los días.
Y si sumamos todo eso, es dieta mediterránea, actividad física y un proyecto, un proyecto de vida increíble, que dejó un legado en el Corpus Hippocraticum que hasta hoy nos llega.
Me di el gusto de estar ahí. Me imaginé con él. Me fui una mañana temprano, al día siguiente, al hospital donde atendía. Me compré ese juramento hipocrático que venden por ahí en griego y la traducción al castellano.
Me senté, Jorge, y leí el juramento hipocrático y sentí muchas cosas, como cuando uno hace un esfuerzo, como un historiador de viajar en tiempo y espacio y encontrarse con alguien que no tiene la posibilidad de estar fácticamente frente a uno e interpretarlo, -que es lo que hace la historia- y cuando uno es médico, hará una historia clínica. Y aprendí mucho porque vi las plantas, lo que usaba, respiré el aire, me lo imaginé al dios Asclepio, a sus diosas hijas, a Higía, y de ahí viene higiene, que es prevenir la enfermedad, y Panacea, su otra hija diosa, y de ahí viene la panacea, el medicamento.
Y sentir todo eso en un mismo lugar, Jorge, fue una experiencia existencial. Fue una experiencia existencial. Lo respiré en este momento en que vivimos más, tenemos las mejores condiciones posibles para estar humanamente bien y no se está dando como debiera.
Obviamente, la longevidad, como vos decías, inclusive es un negocio. Recuerdo un colega tuyo, profesor en la UBA, en el momento en que sus alumnos tenían que decir en qué se iban a especializar y la mayoría, o un porcentaje importante, elegían pediatría. Y él decía que no, que se iban a quedar sin pacientes, que lo que tenían es que dedicarse a la geriatría, porque la cantidad de nacimientos decrece progresivamente y la prolongación de la vida aumenta continuamente. Ahora, esto no se da de manera homogénea, ¿no? Los países, o sea, hay una relación entre longevidad y cierta capacidad económica. Pudiéramos decir que aquellas sociedades donde la vida es más corta, la pobreza es mayor. Me gustaría que le explicaras a la audiencia la relación que existe.
Y sí, es potente. Hay muchísima gente en el planeta que vive sin las necesidades básicas, sin nada, sin seguridad. No hay que ir muy lejos. Uno lo ve acá, en un hospital público, hay poblaciones diferentes. El medicamento no es el mismo para todos. Me hiciste acordar cuando dijiste que recibí a los estudiantes para elegir la especialidad, porque cada especialidad, el temperamento, la psicología, la emocionalidad del médico lo impulsa a ser determinada especialidad. El cirujano tiene una psicología, el neurólogo tiene otra, el pediatra cuida y quiere cachorros. Son caracteres. Vos lo ves en el hospital. Nosotros vamos al bar y nos juntamos los distintos médicos.
El hospital es un lugar muy lindo. El hospital es un lugar que cruza transversalmente todo, que no está viciado por muchas cosas, que tenés gente que sabe más que vos en casi todo. Entonces te podés sentar y hablar con el jefe de oftalmo y hablar de oftalmo, o con el de pediatría, o el de urología. Es lindo el bar del hospital y nuestro comedor en el hospital es un lugar muy lindo. Después cada uno tiene su trabajo. Y cuando hice el curso de geriatría, un posgrado de geriatría con el doctor Kaplan, que trabajaba en el Roca, y viene a tu pregunta, en la Asociación Médica Argentina, apenas había terminado la residencia y estaba haciendo la especialidad de clínica, y había terminado la residencia en clínica médica. Después hice cardio. Me impresionó en ese momento, tendría veintitantos. Y en la primera clase dijeron: “¿Cuándo una persona se convierte en geriátrica?”. Yo estaba anotando, viendo así, no existía ni el celular ni nada en ese momento, y dijeron 60 años. Yo dije: “¿60?”. Y yo el año que viene cumplo 70. Y eso me impresionó siempre.
Y respecto a la longevidad, hoy lo real y concreto es una buena gerontología preventiva...
Después de los 75, Daniel, tranquilo.
Lo que sucede es que lo preventivo empieza antes. Ese es el punto. Lo preventivo empieza antes, y yo diría mucho antes de los 60 también.
Por eso diría que hoy, cuando se habla de longevidad, no tenemos que hablar de un producto farmacéutico que se compra en la farmacia o vía internet, por redes sociales, para aumentar la función de las mitocondrias o del adenosín trifosfato o del ciclo de Krebs, porque se demostró primero porque no se demostró nada, para empezar. Entonces la gente gasta plata en eso en lugar de caminar, hacer ejercicio de fuerza, fomentar un proyecto de vida y tener condiciones favorables, condiciones sociales favorables que propendan a vivir mejor.
Varias veces en esta conversación aparece un tema que no tiene que ver con el cuerpo, sino con el alma. Tiene que ver con tener un proyecto. Vos sos además especialista en estrés. ¿Cuánto en esa vida saludable una cuota de estrés es recomendable y cuándo esa cuota de estrés pasa a ser patológica y perjudicial?
Cuando dijiste la palabra alma me gustó porque como que se respira, porque hablaste de la atmósfera de la isla de Cos y dijiste como una experiencia de tipo espiritual. Y la mente está importante. Recuerdo una anécdota cuando hacía mis primeros garbanzos como médico. Tenía un Fiat 600 y me tocó ir a un instituto de internación geriátrica y yo venía de hacer el curso de geriatría. Me recibí en el 81, terminé la residencia en el 82. Empezó la guerra, 82, 83, 84, 85, ponele el 87.
Bueno, era un avanzado estudiando geriatría en el 87. Nadie imaginaba en aquel contexto el salto en la prolongación de la edad que se produjo de manera geométrica en los últimos 40 años, ¿no?
Yo tuve la suerte de tener a un profesor, a varios profesores de los que usaban guardapolvo con almidón Colman y moñito. A lo mejor no parece tanto, pero cumplo 70. Y lo tuve al profesor Fustinoni, académico número uno, lejos, presidente de la Academia Nacional de Medicina; al profesor Burucúa, a Perosio Suárez, gente que hacía diagnóstico con esto, nada más que con esto.
Un día estaba en el Hospital de Clínicas y estaba por pedir un estudio, una ecografía, a un paciente acostado. Yo ya casi era cardiólogo, ya terminaba la especialidad de cardiología. Y viene el profesor Corsini, muy educado, almidón Colman al lado. “Uy, profesor”. “No, no, no. Quédese sentado, doctor. ¿Qué le va a pedir?”. “Un ecocardiograma”. “Ah, ¿por qué no?”. “Porque…”. “Ah, ¿por qué?”. Al tercer por qué rendí examen. Bueno, me dice: “Ah, entonces, profesor, ¿se lo puedo pedir?”. O sea, me preguntó todo lo que tenía que saber antes de gastar plata. Esto es muy importante en medicina, porque hoy todo el mundo hace así: tomografía computada, resonancia magnética nuclear. No es así la medicina. La medicina debería ser otra cosa.
Bueno, entonces: “¿Se lo pido, profesor?”. “No, no, no. Primero dibújeme en el papel lo que espera encontrar en el ecocardiograma que le va a pedir”. Fabuloso, ¿no?
La conjetura de cuál va a ser el resultado. O sea, que tendría que ser para confirmar una sospecha.
El médico encuentra lo que busca y busca lo que conoce.
Un día estaba en la sala de residentes, Jorge. Claro, en ese momento, residencia pura, The New England Journal of Medicine, The Lancet, leía todo. Yo estaba viendo una tomografía computada que recién llegaba a la Argentina y yo estaba diciendo una cantidad de especulaciones extraordinarias, pero era un pibe. Y de golpe me toca el hombro atrás el profesor Fustinoni, almidón Colman. “Ah”, me dice, y mira así, “sí, pero todo lo que usted dice yo lo dejaría a beneficio de inventario, porque fíjese usted que...”. Y uno viene de ahí.
Como yo conocí a Fustinoni, me citás como adelantado. Es que tenía adelantados. Entonces yo los seguí y una de las primeras cosas que hice fue geriatría porque me pareció extraordinario. Y hoy, que hay esta explosión de longevidad, no se puede ser longevo sin alma, sin proyecto, sin proteínas, sin hidratos de carbono, sin agua corriente, sin asistencia social, sin seguridad. Hoy necesitamos todo.
Y vengo escuchando que esa reducción del presupuesto en asistencia social, en el hospital público, en los sistemas de medicina pública vienen, al revés de aumentando la longevidad, reduciéndola. En la Argentina de los últimos dos años escuché estadísticas de que mayores de 85 estamos teniendo la misma cantidad de muertes que durante la pandemia, y que esto tendría que ver con la reducción de la atención, el PAMI fundamentalmente y otros organismos. ¿Se percibe eso? ¿Se siente eso en el hospital público?
Sí, se percibe, se percibe. Yo estoy en un hospital de San Isidro, donde ya hace tiempo las cosas, desde el punto de vista socioeconómico, van cambiando y uno cada vez ve más gente que antes tenía una prepaga y que hoy se atiende en el hospital público. Esto no hace falta estadística, es cuestión de pararse en el hospital y ver que hay gente que llega con auto, con remís y que antes hubiera ido a una prepaga.
El hospital público, esto que decíamos que es como un templo, es un templo para nosotros en el aprendizaje, pero lo es para la gente. El hospital público es algo... yo soy un defensor del hospital público porque a las 4 de la mañana entra un accidentado y ahí adentro hay un anestesiólogo, eso no tiene precio. No tiene precio. Un anestesiólogo que gana poco. Y hay un cirujano que va a operar, y hay un cardiólogo. Eso es el hospital. Y el hospital público es continuo del primero de enero al primero de enero, al primero de enero, al primero de enero, al primero de enero.
Además de que es una cuna de conocimiento, es una cuna de aprendizaje.
Sí, yo creo que se me ve mucho en los medios, soy consciente de eso, pero mi metro cuadrado es la medicina. O sea, a mí me apasiona la medicina, las clases, hacer PowerPoint, leer. Y nuevamente, en esto de la longevidad, que lo primero que tenemos que decir es longevidad saludable, no años sino calidad. Después la biología también dirá. Pero esa influencia del alma, del espíritu, del proyecto, del tener un mañana, el motivo para levantarse, la aplicación de la filosofía básica para aplicarla como filosofía de vida.
Yo te escribía como dedicatoria que la frontera final, la frontera final de nuestro bienestar, es la filosofía de vida con la cual transitamos nuestros días. Estoy convencido. Vos sos una persona de proyecto.
¿Y el estrés, que te preguntaba?
No se enferma al principio, ni se da cuenta al principio. Después aparecen los síntomas y después llega la factura. Es el día que aparece una enfermedad y la gente cree que esa enfermedad apareció hoy. Por ejemplo, el accidente cerebrovascular (ACV), el infarto agudo de miocardio, un cáncer.
La dosis es fundamental. Entonces, ¿cuál es la dosis de estrés que obviamente tiene que tener un proyecto, tener un compromiso, requiere resolver problemas? ¿Cuál es la dosis adecuada?
Si tuviésemos que definir la palabra "estrés", está el agudo, que es cuando uno tiene una discusión, un choque, un asalto, y el crónico, que puede ser chiquitito, pero sostenido a lo largo del tiempo. Este es el que interesa. Y si Siddhartha Gautama dice: “El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional, es optativo”, buena definición de estrés. El dolor es inevitable. Te despiden del trabajo, no te da para vivir, te traiciona alguien, se te muere un familiar querido, lo que sea. El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional. ¿Qué implica? Que puedo trabajar para que lo agudo no se convierta en crónico.
¿Cuándo el nivel de estrés es la dosis adecuada y cuándo pasa a ser patológica o a dañarnos?
Cuando el bienestar se convierte en sufrimiento. Uno tiene que tener un nivel de estrés para disfrutar lo que hace. La cuerda de la guitarra tiene que tener una tensión para estar afinada. Cuando se convierte en sufrimiento es cuando la gente no la pasa bien. Lo peor es que se acostumbra, normaliza lo anormal, no se enferma al principio ni se da cuenta al principio, después aparecen los síntomas y después llega la factura.
La dosis justa es la dosis que nos hace felices.
Eso que planteamos hace un ratito, cuando estábamos en la tanda... una cantidad de problemas o de esfuerzos o de demandas muy inferiores a las capacidades, aburre. Muy superiores a las capacidades, anulan. Y una cantidad un poquito superior mantiene lo que vos decías, la cuerda de la guitarra.
Y en el único estudio de estrés en un hospital público de la Argentina que ustedes tienen allí, no sé si puedo llamarlo de esta manera, una especie de termómetro del estrés social, ustedes reciben continuamente pacientes en los que están viendo si están hipoestresados o hiperestresados. ¿Notas algún cambio en el estilo de vida en los últimos años? ¿Aumento del estrés?
Sí, notamos cambios. Nos es difícil determinar exactamente a qué se corresponde, porque como el tema se va popularizando, lo que antes veíamos como pacientes intrahospitalarios solamente, después fuimos viendo por derivación tanto de nuestro hospital como de otros hospitales públicos: cáncer de mama, próstata, pulmón. Y después, como se fue abriendo más a la sociedad, el paciente empezó a tomar consulta.
Está organizado de modo econométrico, de manera tal que en un hospital público nos permita atender la mayor cantidad de personas, con una relación costo-beneficio adecuada. Porque si uno de los profesionales del servicio debe hacer consulta, tomar consulta con un paciente que viene, hacer la historia clínica, llevaría tanto tiempo y gastaría mucho.
De hecho, nosotros somos el servicio más barato del hospital porque casi no pedimos estudios, trabajamos sobre otra cosa, casi no usamos medicamentos. Si en algo nos especializamos es en sacar los medicamentos innecesarios, siempre con la aprobación del médico tratante, pero a nosotros difícilmente nos esponsoree un laboratorio. Algunos nos ayudan, por cordialidad, pero he visto que cada vez hay más personas que interpretan y que tienen el alumbramiento de que no están viviendo bien y que lo que llamaban ansiedad era sobrecarga por estrés, porque la ansiedad puede bien ser una sintomatología como extremo polar del síndrome del estrés.
Porque el circuito microbioquímico del estrés, que es el circuito del miedo...
O sea, la adrenalina que pide más adrenalina.
Exactamente. Y que se configure de modo crónico como ansiedad. El miedo es el miedo a algo que es objetivable, pero la ansiedad en general no es objetivable. Vos le preguntás al paciente por qué tiene ansiedad, por ejemplo alguien con ansiedad generalizada, que es una de las formas más comunes, y no lo sabe. No tiene un objeto ansiogénico, está ansioso, está pendiente del futuro.
Lo que Freud planteaba para la angustia. O sea, la angustia es la angustia sin objeto.
Fijate lo que hacía Freud. Freud, cuando fui a Londres, que él se llevó, cuando se escapa de los nazis, se lleva su diván. Acá entre nosotros, me senté en el diván, una cosa extraordinaria. Y él hablaba de "angst", angustia, "angst", del alemán. Los cardiólogos, ¿de qué hablamos? "Angor". Angosto.
Angosto, exactamente.
Tengo un dolor en el pecho. Tengo la pata de un elefante, que la puedo sentir porque se tapa una arteria o porque tengo una emoción negativa. Estoy seguro, no lo hicimos, pero que si una persona va por la calle caminando, manejando el auto, y en ese momento tiene angustia por recordar algo que le pasó hace cuatro horas, seis, y tiene angustia, si en ese momento le pudiésemos hacer un ecodoppler, muy probablemente veríamos lo mismo que pasa cuando hacemos un ecoestrés.
Porque vos fíjate: todas las arterias de nuestro cuerpo tienen una parte interna que se llama endotelio. Ahí se forman las placas de ateroma y la principal causa de enfermedad y de mortalidad es la ruptura de una placa de ateroma que genera un infarto. El 33% de los casos. Que debe ser más por otros motivos que escapan a esta conversación, pero no menos de un tercio, probado por el Interheart, un estudio, son por causas emocionales.
Emocionales.
Emocionales. Pero aparte, fijate vos que interesan sobre un endotelio que es finito y tenemos dos kilos de peso de endotelio en el cuerpo entre arterias, pero menos de 100 miligramos de endotelio arterial coronario o cerebral. ¿Cómo lo llamamos nosotros a eso? Cuando la emocionalidad y el estrés psicosocial, el estrés psicosocial es el estrés que cruza transversalmente a la sociedad plena, como en la crisis del 2000, por una cuestión económica, y ahí ese estrés psicosocial rompe una placa de ateroma en un endotelio debilitado. Y nosotros lo llamamos la interface molecular donde el sufrimiento humano se hace carne.
Daniel, muchas gracias. Me quedé pensando con el comienzo de la entrevista, con lo de Hipócrates, con la idea del médico del alma y del cuerpo, que están juntas, y que finalmente en esto vos estás diciendo que un tercio de los casos de infarto tiene que ver con las emociones, nuevamente demostrando cómo cuerpo y alma son una sola cosa, la misma. Daniel López Rosetti, felicitaciones. Recetas, vale la pena ser leído.