SOCIEDAD
Creencias y espiritualidades

Las religiones en auge en la era Milei: evangelismo, New Age y la pérdida de lugar del catolicismo

El retroceso sostenido del catolicismo, el avance del evangelismo neopentecostal y la expansión de las espiritualidades New Age configuran un nuevo mapa religioso en la Argentina. En un contexto de crisis económica e incertidumbre, estas corrientes crecen junto a la lógica del individualismo.

Cuáles son las religiones en auge en la era Milei
Cuáles son las religiones en auge en la era Milei | CEDOC

"American Gods", una genial novela de Neil Gaiman que luego fue adaptada como serie, narra la lucha entre los viejos dioses que dominaban las civilizaciones y las nuevas deidades adoradas por las masas. De esta manera, Odín, Anubis y el dios africano Anansi se enfrentan a representaciones divinas de la globalización, internet y los medios de comunicación. Los viejos dioses pierden su poder porque la gente deja de creer en ellos y buscan la manera de conseguir nuevos fieles para librar esta batalla religiosa frente a las nuevas divinidades del capitalismo actual.

En Argentina, este auge y caída religiosa se da entre otros actores, pero no por ello es menos espectacular. Desde la vuelta de la democracia hacia la actualidad, hay un proceso que se sintetiza en un retroceso del catolicismo y un ascenso sostenido del evangelismo neopentecostal y las prácticas espirituales del tipo New Age.

En la actualidad, bajo el gobierno de Javier Milei, esta tendencia se profundiza fundamentalmente en el lugar que el evangelismo está teniendo en la vida política del país, vinculado al match ideológico que tiene la narrativa oficial con la llamada Teología de la Prosperidad y la proliferación de prácticas difundidas desde internet, con un contenido difuso, vinculado al bienestar espiritual de los sectores medios urbanos.

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Tras la muerte de Francisco, la Iglesia Católica argentina atraviesa una crisis de relevancia generacional y de liderazgo sin precedentes. La desaparición física del Papa ha dejado un vacío de poder simbólico y ha acelerado la pérdida de llegada a los sectores jóvenes, quienes se encuentran cada vez más huérfanos de una referencia institucional clara. En este contexto, la fuga de fieles hacia el grupo de los "sin filiación" o hacia el mundo evangélico se ha vuelto un proceso imparable, alejándose de una doctrina social que sienten desconectada de su búsqueda de autonomía y éxito individual.

Según los datos históricos y las proyecciones académicas para 2026, el catolicismo ha experimentado un retroceso persistente: si en la década de 1960 más del 90% de la población se identificaba como católica, para el año 2019 esa cifra había caído al 62,9%, y las estimaciones actuales sugieren que el número continúa perforando el piso del 60%. Este declive no implica necesariamente un auge del ateísmo militante, sino una fuga de fieles hacia otras opciones.

En este contexto, el avance del mundo evangélico, predominantemente pentecostal, es el fenómeno demográfico más potente. Mientras que en los años 80 representaba apenas un 2% de la población, el último gran censo religioso del CONICET los ubicó en un 15,3%, y las mediciones de 2025 y 2026 indican que ya alcanzan el 20% del total nacional.

Evolución catolicismo y evangelismo en Argentina

Por otro lado, el fenómeno New Age y las espiritualidades alternativas han capturado a los sectores medios y altos, no necesariamente como una nueva religión cerrada, sino como una "espiritualidad a la carta" que convive con otras creencias. Aunque es difícil de cuantificar por su naturaleza difusa, el interés por prácticas como la astrología, el yoga y la meditación ha pasado de ser marginal a ser una industria masiva que hoy influye en las decisiones cotidianas de al menos el 25% de los residentes urbanos. Finalmente, el grupo de los "sin filiación religiosa", que incluye agnósticos y creyentes sin iglesia, se ha consolidado como la segunda fuerza espiritual del país con un 19%.

Es decir, que hay sectores de los que denominamos New Age, en los que incluimos a prácticas occidentalizadas del yoga, el hinduismo, el budismo y el feng shui que se solapan con el grupo “sin filiación religiosa”. En síntesis, la mayoría de este sector cree a su manera, sin mediación con una institución formal.

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El retorno de la democracia en 1983 no solo inauguró un periodo de libertades políticas, sino que también abrió la compuerta para una búsqueda espiritual que el catolicismo tradicional, desgastado por su rol durante la dictadura, no logró contener. En los albores de los años ochenta, el evangelismo era una presencia marginal de apenas el 2%, pero la crisis de la hiperinflación de 1989 marcó el primer gran hito de esta metamorfosis.

Mientras los precios subían por hora y el tejido social se resquebrajaba, las primeras grandes campañas de sanidad divina y los pastores de barrio comenzaron a ofrecer un orden moral y una red de auxilio material que el Estado en retirada ya no garantizaba. Fue el inicio de una migración masiva en los sectores populares que vería su segunda gran aceleración durante la década de los noventa.

En ese periodo, la convertibilidad trajo una estabilidad monetaria ficticia que ocultó un desempleo récord de dos dígitos, creando el caldo de cultivo perfecto para dos fenómenos simultáneos. Por un lado, el pentecostalismo se consolidó como una de las principales mallas de contención en el conurbano bonaerense, alcanzando cerca del 8% de la población.

Por otro lado, la apertura económica facilitó el ingreso de la estética New Age, que encontró en una clase media estresada por la competitividad del mercado un terreno fértil para el yoga, el reiki y las terapias alternativas. El estallido de 2001 representó el quiebre definitivo: con el desempleo rozando el 22% y la volatilidad cambiaria destruyendo ahorros, la fe se atomizó. El evangelismo dio un salto hacia el 12% de adhesión, transformando sus templos en comedores y centros de búsqueda de empleo informales.

En la última década, y especialmente bajo la gestión actual iniciada en 2023, la incertidumbre se ha digitalizado y profesionalizado. Con una inflación que ha vuelto a su dinámica alcista y una precarización laboral que alcanza a casi la mitad de los trabajadores, el evangelismo ha escalado hasta el 20% de la población, logrando hitos como el reconocimiento jurídico religioso de 2025.

Al mismo tiempo, el New Age ha pasado de ser un hobby de sectores acomodados a una industria del bienestar masiva que, junto a los creyentes sin filiación, domina el imaginario urbano de quienes ya no esperan soluciones de la política tradicional sino de su propia armonización energética o de un pacto individual con la prosperidad divina.

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De hecho, probablemente la lógica individualista de estos dos grupos religiosos sea la explicación de por qué son estas creencias las que avanzan frente a la crisis y no otras. En los sectores de clase media y alta, el crecimiento de las espiritualidades tipo New Age representa el individualismo más puro. Aquí la fe se vive como un consumo de bienestar: el sujeto elige qué técnica le sirve (un poco de yoga, algo de astrología, una sesión de reiki) sin jurar fidelidad a ninguna institución ni aceptar mandatos morales externos. Es una "religión a la carta" donde el objetivo es el equilibrio emocional propio frente a la angustia que genera la volatilidad económica. El centro del universo religioso es el Yo y su capacidad de manifestar abundancia o paz interior en medio del caos. Religión on demand.

Por otro lado, el avance del evangelismo neopentecostal también tiene una veta individualista muy marcada a través de la Teología de la Prosperidad. A diferencia del catolicismo tradicional, que ponía el foco en el sufrimiento y la redención colectiva, estas corrientes enfatizan el pacto individual entre el fiel y Dios para obtener éxito material y salud. Aunque el templo ofrece una red comunitaria muy fuerte, el motor de la fe es la superación personal.

El éxito del individuo es visto como una prueba de su favor divino, lo cual encaja perfectamente con la ética del emprendedurismo y el cuentapropismo que domina el mercado laboral argentino actual, donde el 45% de la economía es informal. Incluso el fenómeno de los "sin filiación" (ese 19% de la población) refuerza esta tendencia. No son necesariamente ateos, sino "creyentes a su manera". Este grupo rechaza que una institución les diga en qué creer o cómo votar. Esta fragmentación de la fe es el reflejo espiritual de la crisis de las grandes instituciones sociales (el Estado, los partidos políticos, los sindicatos). En una Argentina donde el futuro es incierto y las promesas colectivas han fallado repetidamente, el ciudadano se refugia en espiritualidades que le prometen un control inmediato sobre su propio destino.

Era Milei: Teología de la Prosperidad y New Age al poder

La Teología de la Prosperidad, también conocida como el Evangelio de la Prosperidad o el Movimiento de Fe, no tiene una fecha de nacimiento única, sino que es el resultado de una evolución que comenzó en los Estados Unidos a fines del siglo XIX y se consolidó a mediados del siglo XX. Su origen es una mezcla curiosa entre el pentecostalismo cristiano y corrientes del pensamiento metafísico que hoy consideraríamos antecesoras del New Age.

El primer antecedente directo se encuentra en el movimiento del Nuevo Pensamiento (New Thought) de finales del 1800, con figuras como Phineas Quimby. Esta corriente sostenía que la mente tiene el poder de sanar el cuerpo y atraer la riqueza a través de la visualización y el pensamiento positivo. Aunque era un movimiento mayoritariamente laico o metafísico, sus ideas empezaron a filtrarse en algunas iglesias cristianas que buscaban una fe más práctica y orientada al éxito personal.

Sin embargo, el verdadero "padre" de la Teología de la Prosperidad moderna fue E.W. Kenyon en las primeras décadas del siglo XX. Kenyon tomó las ideas del Nuevo Pensamiento sobre el poder de las palabras y las revistió de lenguaje bíblico. Él introdujo la noción de la confesión positiva: la idea de que lo que uno dice con fe ("decreto" o "declaro") tiene el poder de crear una realidad material, ya sea salud o dinero. La explosión definitiva ocurrió después de la Segunda Guerra Mundial, entre 1940 y 1950, durante los Grandes Avivamientos de Sanidad en Estados Unidos. Allí apareció la figura de Kenneth Hagin, quien sistematizó las enseñanzas de Kenyon y fundó el Movimiento de Fe.

Hagin enseñaba que Dios quiere que sus hijos sean ricos y saludables, y que la pobreza es una maldición que se rompe mediante la fe y, fundamentalmente, mediante la siembra económica (donaciones a la iglesia como inversión espiritual). Esta versión del cristianismo, centrada en el bienestar individual y el ascenso social, llegó a América Latina y Argentina en un momento de crisis económica y desamparo estatal, encontrando un terreno fértil para crecer hasta convertirse en el fenómeno masivo que vemos hoy.

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Los vínculos entre el gobierno de Milei y el sector de la Teología de la Prosperidad se manifiestan en una alianza operativa y simbólica que ha desplazado la histórica centralidad de la Iglesia Católica en la política argentina. El nexo más concreto se estableció a través del Ministerio de Capital Humano, dirigido por Sandra Pettovello, mediante la firma de convenios directos con la Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de la República Argentina para la gestión de asistencia alimentaria, lo que otorgó a la red capilar evangélica un rol protagónico en la contención social en detrimento de las organizaciones sociales tradicionales.

Esta relación se personaliza en figuras como el pastor bautista Gabriel Ballerini, quien ha bendecido públicamente la gestión en la Casa Rosada bajo la premisa de que el Estado es una entidad incompatible con la libertad bíblica, y en líderes como Jorge Ledesma en el Chaco, cuya iglesia promueve una narrativa de milagros financieros que sintoniza con la épica del éxito individual del oficialismo. La institucionalización de este vínculo alcanzó un hito el 4 de noviembre de 2025, cuando el presidente celebró el Día de las Iglesias Evangélicas en la sede de gobierno rodeado de pastores que realizaron una imposición de manos, validando su figura no sólo como un mandatario electo sino como un líder con respaldo espiritual externo. Esta sintonía se apoya en una redefinición del Estado como el maligno, una categoría teológica que los pastores de la prosperidad y el libertarismo comparten al entender que las estructuras colectivas son obstáculos para que el individuo despliegue su potencial divino y económico.

En el plano de representación política, hay dos senadores evangelistas y cerca de diez diputados. La enorme mayoría, cercanos a La Libertad Avanza, quien les ofreció lugares en las listas. A pesar de todo esto, aún no hay un voto homogéneo evangelista. Candidaturas como las de Cyntia Hotton en el 2019, no llegado ni al 3% de los votos, cuando el porcentaje de evangélicos ya era superior al 15%. Según investigaciones de Pablo Semán, a diferencia de Brasil, en Argentina los evangélicos no votan de manera unificada. Probablemente sea parte de los planes de Milei que esto se modifique, pero la llegada de Dante Gebel, pastor evangélico a la primera plana política como opositor puede ser un importante obstáculo en esta tarea.

Si bien Milei se identifica profundamente con una rama del judaísmo ortodoxo representada por el Rebe de Lubavitch, lo cual constituye su anclaje de legitimidad política e internacional, su impronta como líder y la de su gobierno conviven con una amalgama de creencias y prácticas cercanas al New Age.

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Según las investigaciones de Juan Luis González en libros como "El Loco" y "Las Fuerzas del Cielo", Milei y su hermana Karina han manifestado creencias esotéricas que vinculan tarot, comunicación transespecie y una suerte de vaticinio mesiánico. Todo esto está cambiando con el núcleo del pensamiento New Age, según el cual el mejoramiento de las condiciones de vida, parte de un cambio de pensamiento o reset de creencias más que en una transformación material del entorno. Además de Pettovello, vinculada con el reiki y diversas terapias holísticas, otros funcionarios y asesores participan de este clima de época donde la "armonización energética" y el "coaching ontológico" reemplazan a los asesores tradicionales.

En la Cámara de Diputados, está el caso de Lilia Lemoine, para quien la transformación de la Argentina no es solo un proceso de leyes, sino un cambio de conciencia. En sus intervenciones suele insistir en la necesidad de 'cambiar el chip' de una sociedad que, según su visión, ha desarrollado una suerte de 'alma de esclavos' debido a décadas de estatismo. Esta idea de que la realidad se transforma 'reseteando' la mente individual es el puente de plata que une su discurso político con la metafísica New Age y el coaching de alto rendimiento

Otro caso es el de la diputada santafesina libertaria Romina Diez, quien menciona el problema de la “mentalidad de la escasez” fruto de las “creencias limitantes”. Aunque estos términos son presentados como herramientas de éxito y mentalidad ganadora, revelan la misma raíz: la idea de que el individuo tiene el poder de transformar su realidad a través de la mente y la energía. Esta premisa encaja perfectamente con el discurso de Milei sobre la libertad individual y el rechazo a las estructuras colectivas (el Estado, la "casta", las instituciones).

Si el New Age dice que "vos creás tu propia realidad", el libertarismo dice que "vos sos el único responsable de tu destino". Esta mezcla de misticismo, espiritualidad a la carta y pragmatismo político es lo que permite que el gobierno conecte con esa clase media urbana que mencionábamos antes: aquella que ya no va a misa, pero que cree en la energía, lee el tarot y busca en el líder una figura que, más que un administrador, sea una suerte de guía con una conexión "especial" con lo divino. De esta manera, Teología de la Prosperidad y New Age son las religiones y creencias en auge en la era Milei, consolidando una tendencia que encontró mayor visibilidad y consolidación durante la gestión libertaria.

MRG