El Islam, aseguró el imán Marwan Sarwar Gill “se lo usa como chivo expiatorio” en Occidente, donde muchas veces se estigmatiza a todos los musulmanes por las acciones de grupos extremistas. Desde Buenos Aires, el líder de la comunidad Ahmadiyya destacó en Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), que “el Islam se define por el sagrado Corán y por la vida, los dichos del profeta Mohamed, la paz sea con él” y que las enseñanzas de la religión son incompatibles con la violencia y el terrorismo. "Las herramientas bélicas sí pueden destruir todo, pero no pueden construir nada", sintetizó.
Marwan Sarwar Gill es un teólogo islámico e imán de nacionalidad alemana, reconocido por ser el presidente de la comunidad musulmana Ahmadiyya en Argentina y en Chile, radicado en Buenos Aires. Desde septiembre de 2017 se ha convertido en una figura pública relevante en el Cono Sur por su activismo en favor de la paz, la libertad religiosa y el diálogo interreligioso.
Me gustaría primero una reflexión suya sobre en qué momento se hizo la transmutación del Islam, que si no entiendo mal quiere decir paz, en una religión que está asociada a la guerra, al terrorismo, a la destrucción. ¿Cómo fue esa especie de abracadabra que hizo que una religión de paz se convirtiera en un sinónimo de guerra?
Gracias por traer ese tema sobre la mesa, porque a nosotros, los millones de musulmanes que vivimos en Occidente, es el desafío diario. Por un lado, es cierto, hay que reconocer que tenemos monstruos internos; no se puede negar esa realidad. Con esos monstruos me refiero a todas sus agrupaciones extremistas, terroristas, que tienen su propia nefasta ideología, sus intereses geopolíticos, pero al final se disfrazan de musulmanes o usan el escudo del Islam.
Pero, por otro lado, también es la otra cara de la moneda: quien dice “Occidente” tiene esa tendencia de simplificar, de generalizar y de estigmatizar a todos los musulmanes. Son casi dos mil millones de musulmanes en el mundo, casi un cuarto de la población total. Hablamos de más de 50 países. Hablamos de más de 70 corrientes o escuelas de pensamiento, de ramas religiosas, pero luego, surgen expresiones como “terrorismo islámico” o “Islam radical”. Aunque, como vos señalás, incluso la pregunta a un argentino promedio lo va a asociar con una connotación negativa: violencia, extremismo, terrorismo. Y creo que, en mi caso personal, el 11 de septiembre fue un momento bisagra, pero yo diría que ahí en adelante fue esa bandera: la lucha contra el terrorismo, pero de manera indirecta, siempre asociándole esa lucha con el Islam o contra los musulmanes.
Hoy en día, también en Europa por la crisis migratoria, o en Estados Unidos, muchas veces queda como que el Islam o los musulmanes son el chivo expiatorio. Entonces, es cierto que tenemos que diferenciar, porque el Islam, como cada religión, se define por sus propias fuentes. Y cuando hablamos del Islam, no es lo que aclara un presidente, un príncipe o un grupo en nombre del Islam, sino que es como el cristianismo.
El Islam se define por el sagrado Corán y por la vida, los dichos del profeta Mohamed, la paz sea con él. Y si nos limitamos a esas fuentes del Islam, no encontramos ningún aval para el terrorismo, la violencia; todo lo opuesto. El Corán nos enseña: asesinar a una vida inocente es como si uno hubiera asesinado a toda la humanidad.
El profeta mismo definió al musulmán: aquel que transmite paz y seguridad a los demás, no solamente con las manos, sino también con la lengua. El famoso jihad, por ejemplo, la guerra santa contra los infieles, ni siquiera existe ese concepto en el Islam. Jihad ni siquiera tiene una connotación bélica; significa literalmente, en árabe, esfuerzo. Pasamos ahora, por ejemplo, por el mes de Ramadán, el mes de Ashura. Es la esencia del jihad de un creyente.Es de esa lucha, ese esfuerzo interno contra tus malas inclinaciones y contra tus malos impulsos.
No sé si es una mirada prejuiciosa, occidental, y cristiana, pero por momento se hace esta asociación de que el cristianismo también pasó por una etapa donde había sectores oscurantistas. Podríamos decir, en el Medioevo, nos encontrábamos con la inquisición. Nos encontrábamos con cantidad de fanáticos católicos que planteaban que había que castigar a los judíos porque habían sido los asesinos de Cristo.
El cristianismo evolucionó; el catolicismo evolucionó, en gran parte también probablemente por el proceso que implicó la Reforma y entonces ya el catolicismo no era únicamente la única representación del cristianismo y, al mismo tiempo, también por el proceso de separación de política y religión. O sea, el Vaticano, hubo un momento en el que era un estado que controlaba gran parte del territorio europeo. Bueno, el proceso de evolución hizo que hubiera separación entre religión y Estado ¿Puede ser que en islamismo todavía no se haya producido eso que en el cristianismo sí se produjo?
Estoy 100% de acuerdo con ese paralelismo: atravesamos una profunda crisis moral, social, intelectual y, sobre todo, espiritual. Y necesitamos, como mundo musulmán, una reformación. Cuando digo “una reformación” no quiere decir cambiar las leyes, las enseñanzas del Islam, porque ahí es donde viene mi disenso, mi diferencia con las voces de ese afuera del Occidente, cuando ellos usan el Islam como el chivo expiatorio. Ahora, por ejemplo, si hablamos del fanatismo, extremismo, machismo, intolerancia, falta de derechos humanos en las sociedades musulmanas, no es por el Islam; es justamente por ignorar, rechazar las enseñanzas del Islam.
Ejemplo, quizás más extremo: los talibanes en Afganistán y la situación de la mujer, por ejemplo. Si ahora vas a las fuentes, y cada 8 de marzo celebramos el Día de la Mujer, sus sacrificios y esfuerzos, el Islam, por ejemplo, ya en el siglo VII otorgó a la mujer el derecho de casarse por su propio consentimiento, el divorcio, volver a casarse después del divorcio, manejar propiedad, votar. El profeta dijo que es el deber de una musulmana obtener educación desde la cuna hasta la tumba. Ahora, lo que vemos en Afganistán es todo lo contrario; es un contraste y una diferencia entre el día y la noche.
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Lo mismo, por ejemplo, en Irán hace 2 años: por el velo, una mujer había llevado mal el velo y fue asesinada. Pero es un problema que atraviesa muchas sociedades musulmanas, aunque el Corán dice en sus fuentes claras que no debe existir ninguna forma de coacción. Es decir, usar el velo o no usarlo debe ser solamente la propia elección, el propio criterio de la mujer. Entonces, sí, necesitamos una reforma. Pero ahí viene mi preocupación: que nosotros, desde afuera, muchas veces pensamos que podemos reformar un pensamiento, una ideología con herramientas bélicas, y eso no funciona. Ahora, incluso la lucha contra grupos como Hamas. No hablo con su eje militar, sino que esa ideología es pensamiento.
No podés bombardear un pensamiento, una ideología. Podés controlar el cuerpo del otro, pero no su corazón, no su mente. Y esa es mi gran preocupación y diferencia cuando nosotros, de afuera, pensamos, ahora, bombardeando los talibanes en Afganistán, Saddam Hussein en Irak o ahora en Irán: las herramientas bélicas sí pueden destruir todo, pero no pueden construir nada. No pueden cambiar nada.
Y ahí sí, esa reforma siempre se genera, se produce desde adentro; desde afuera sí se puede señalar, ayudar, encaminar ese proceso, pero se necesitan esas voces moderadas o alternativas desde adentro. Y ahí, por ejemplo, donde entramos nosotros, como comunidad musulmana Ahmadiyya: justo nacimos bajo esa premisa de reformar al mundo musulmán, rejuvenecer las enseñanzas verdaderas del Islam. Nacimos como comunidad en India, en el siglo XIX.
Me queda una reflexión respecto de Argentina y, especialmente, de qué particularidad tiene nuestro país en ese sentido. Y en el caso suyo, viviendo en Argentina, es aún más importante. Y habiendo tenido un papa argentino, ¿cómo puede ser que en Argentina convivan en total armonía, el Islam, los musulmanes, los judíos, los católicos, los cristianos de distinta formación? ¿Qué particularidad tiene la Argentina, qué hace posible ese sincretismo y qué usted encuentra en Argentina viniendo de un país tan distinto y tan lejano que aquí se hace posible en otros lugares?
Llegué hace 10 años a Argentina como extranjero. Viví, nací toda mi vida en Alemania y luego me formé como teólogo en Inglaterra, así que quizás siempre comparo de manera subconsciente las realidades. Y estoy muy agradecido y creo que quizás los argentinos no lo apreciamos de manera suficiente. Y, gracias a Dios, tenemos muchos problemas, muchos desafíos, pero, gracias a Dios, es una tierra muy fructífera, muy bendita, que no tiene una grieta religiosa. Tenemos una apertura, un respeto hacia la identidad religiosa, hacia el diálogo, hacia la convivencia; va más allá de la tolerancia, es realmente un respeto. Y es algo muy natural, muy fluido; uno ni siquiera tiene que esforzarse.
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¿A qué lo atribuís? ¿Por qué Argentina pudo producir eso?
Creo que somos un crisol de diferentes olas de migraciones. Tenemos la comunidad judía más grande en la región, tenemos una comunidad árabe muy importante, Armenia, ni hablar de la ola española e italiana. Pero para mí es muy difícil entender, en ese sentido, la sociedad argentina, porque después ves la tendencia de la sociedad argentina de dividir todo entre blanco y negro. i sos Boca o River; ni te dan una tercera opción.
Después, incluso, yo diría, para mí, como extranjero al principio, cuando quería, por ejemplo, entender el peronismo o ciertos términos políticos, me resultaba mucho más difícil o incómodo entrar en esa conversación porque sentía cierta radicalización o polarización en la opinión. Pero, por ejemplo, hablando con un rabino en una sinagoga sobre las diferencias teológicas, o con un sacerdote en una catedral me resulta mucho más fácil.
Cuando usted llegó a Argentina, Francisco ya era papa. ¿No cree que, en algún sentido, pudo haber contribuido esa búsqueda continua que tenía, incluso cuando era arzobispo de Buenos Aires y cardenal primado, para producir ese sincretismo entre todas las religiones?
Totalmente. Dejó esa huella, dejó su impronta, su legado. Y yo diría que incluso su legado como Francisco viene de ese argentino Bergoglio, que lo lleva luego a Roma e impulsa mucho el diálogo interreligioso desde el Vaticano. Su encíclica Fratelli tutti, todos somos hermanos, sí refleja su legado y me interpela mucho su mensaje.
Y Milei en su decisión de apoyar estrictamente a Trump y considerar a Irán enemigo ¿es contradictorio con ese legado? ¿Cuál es su propia mirada respecto de la posición de nuestro presidente?
Ahí entra, incluso, ya la discusión del diálogo, porque incluso el Papa Francisco en su encíclica aborda ese asunto. Y eso sí me preocupa. Muchas veces hablamos acá, por ejemplo, de la judeofobia, de la islamofobia, y para mí son síntomas de una enfermedad. El telón de fondo es la violencia y el odio. La amenaza que uno siente simplemente por confrontar a una persona que siente, piensa o cree algo diferente. Y esa es mi preocupación. Y ahí entra el concepto de diálogo con el otro. Cuando entramos en ese diálogo, ahora sea el diálogo interreligioso con el otro, cada uno tiene su verdad absoluta. No podemos llegar a un acuerdo como si fuera un acuerdo político.