En un escenario marcado por la reconfiguración militar de la OTAN y las tensiones entre las grandes potencias, el gobierno de Javier Milei intenta navegar entre su alineamiento automático con Estados Unidos y las urgencias económicas locales. En este diálogo con Modo Fontevecchia, por +Perfil, Radio Perfil (AM 1190), el analista internacional Fernando León desglosa la ilusión de conseguir un respaldo norteamericano sobre la causa Malvinas y advierte que prescindir de la realpolitik puede llevar a la diplomacia argentina a repetir errores históricos.
Fernando León es abogado, analista político, especialista en comunicación estratégica, fundador y director ejecutivo de la Fundación Diplomacia Ciudadana, desde donde trabaja en las relaciones entre Argentina, Estados Unidos y América Latina.
Aquí tenemos a Fernando León, a quien estamos entrevistando por segunda vez. En su análisis sobre el tránsito —textualmente leo— "de la promesa al equilibrismo", remarca cómo el discurso de Javier Milei en cadena nacional busca balancear el relato ideológico con las restricciones materiales de su gestión. Me gustaría que compartiera más profundamente ese concepto con nuestra audiencia.
Muchas gracias, profesor. Es un honor estar nuevamente con usted. Lo que la nota plantea es una mirada sobre el escenario internacional, saber leer el mapa de la coyuntura tanto de Argentina como respecto al tema Malvinas, que se abordará hoy en cadena nacional, entendiendo que es un mundo que está en guerra: una guerra que está cruzando a Estados Unidos contra Irán en una alianza con Israel, y de la cual Argentina, de algún modo, también forma parte. Entonces, lo que el presidente de los Estados Unidos está haciendo es reconfigurar el significado, la proyección y la profundidad de lo que implica ser un aliado del mundo libre, un miembro de la OTAN. Le está proponiendo a Inglaterra ampliar su presupuesto de gasto militar para que sea elevado del 3% al 5%. Inglaterra, por el gobierno laborista que tiene, pone en duda si ese dinero no debe estar destinado a la seguridad social más que a la defensa nacional. En este escenario, Trump les dice: "Bueno, si ustedes siguen con esta posición de no querer acompañarme en la guerra contra Irán ni prestarme sus bases —como hicieron España, Meloni y varios miembros de la Unión Europea—, yo voy a revisar mi geopolítica sobre las Islas Malvinas". Hasta ahí llegó el comunicado de Trump en un primer escenario, sobre el cual veremos qué pasa esta noche.
¿Hasta qué punto es simplemente una extorsión que realiza sobre el Reino Unido y, una vez que consiga que invierta más de su producto bruto —el famoso 5% que le piden—, esto sea olvidado? ¿Hasta qué punto, si persiste la presión de Trump, no lo logra y la tensión crece, esto no tiene ninguna relevancia porque Inglaterra es autónoma respecto de la defensa actual de las islas?
Así es. Ahí entran en juego también las situaciones actuales que tienen que ver con el dominio de los recursos naturales y las posiciones estratégicas en el planeta. Estados Unidos, habida cuenta de la exploración que los consorcios Navitas y Rockhopper están teniendo sobre las Islas Malvinas para extraer petróleo —cuya primera extracción está prevista para marzo del año que viene—, podría reconfigurar su mirada sobre nuestra alianza con Argentina. Es ahí donde sus intereses podrían estar en sintonía con lo que Argentina pretende en cuanto a recuperar su territorio. Es una situación difícil de prever, dado que Estados Unidos está tanteando —ya lo hizo hace unos meses atrás con un supuesto correo del Pentágono—, pero por el momento no ha cambiado su posición. Lo que parece ser es que Argentina está intentando aprovechar esta falta de sintonía entre dos grandes aliados y potencias, como Estados Unidos e Inglaterra, para intentar poner en la agenda internacional una posición que defienda los intereses nacionales.
¿Y hay posibilidades? ¿Por qué dejaría de hacerlo Inglaterra? ¿Por qué dejaría de continuar con la posición sobre las Malvinas?
En las Malvinas hay una base de la OTAN, entonces pensar que Estados Unidos iría en contra de un aliado estratégico con un poderío militar tan grande, para de algún modo favorecer una simpatía política con nuestro presidente, saldría del marco de lo que es la realpolitik. Realmente lo veo muy lejano. Argentina no tiene ningún poderío militar para sustituir la posición estratégica del Reino Unido sobre las Malvinas ni para ejercer esa presión en las mesas de las futuras negociaciones. Eventualmente, lo que podría pedir son sanciones ante las empresas que entendemos vulneran nuestra soberanía y están explorando la explotación de hidrocarburos sobre las islas.
¿Qué tiene que ver esto, o cómo se puede reconfigurar, con el Sur Global, con la tensión más macro con China y con las cuestiones de navegabilidad atómica a través del Canal de Panamá y la alternativa de navegabilidad por el sur? ¿Qué trasciende a Malvinas, qué tiene que ver con nuestra Antártida y con la lucha final entre dos polos que se están reconfigurando? Directamente ya no es simplemente Irán solo, sino Irán junto con China y Rusia.
Como usted bien dice, profesor, hay una pulsión en el mundo, principalmente entre Estados Unidos y China, cada uno con sus aliados. Lo vemos también en Brasil con los BRICS. Llega a la posición dominante, o pretendidamente dominante, que China quiere tener sobre el continente, teniendo en cuenta que Donald Trump ha lanzado el Escudo de las Américas bajo la Doctrina Monroe. Eso significa que Estados Unidos pretende que no haya ninguna injerencia de potencias extranjeras sobre el continente y tener en Argentina un aliado estratégico para una alianza de Alaska a Tierra del Fuego en términos de seguridad, economía y recursos naturales estratégicos. Por el swap —ya que en Argentina siempre estamos pidiendo dinero a todo el mundo— y por una debilidad estratégica, se está teniendo una posición bastante oscilante entre Estados Unidos y China. Vimos hace unos días cómo China ponía el grito en el cielo porque un tuitero simplemente osó hacerse parte de una fake news. Vemos que la administración de Milei, pudiendo haberle dicho a China que en el mundo libre existe todavía el derecho a la libertad de expresión, prefiere callar. Cuando el embajador Lamelas dice que en Neuquén hay un problema de seguridad nacional si Huawei maneja los datos estratégicos en cuanto a las inversiones americanas en Vaca Muerta, el Gobierno también hace silencio. Acto seguido, la provincia de Buenos Aires compra unas baterías que, eventualmente y en determinadas condiciones, también pueden transmitir datos. Estos actos vulneran lo que se entiende como una alianza de cooperación estratégica. Por un lado pedimos que vengan inversiones de Estados Unidos y, por el otro, somos ambivalentes y difusos a la hora de tener un plan estratégico de seguridad nacional que entienda que la alianza con Estados Unidos necesita un plan monolíticamente uniforme para que prospere en términos económicos y de seguridad.
Fernando, me viene una reminiscencia de cuando los militares argentinos, a comienzos de los 80, tenían una alianza clara con los Estados Unidos en el momento en que la lucha contra el comunismo era viva, literal y cuerpo a cuerpo. Creyeron que porque los militares argentinos estaban instruyendo a los Contras en Nicaragua iban a contar con el apoyo de Estados Unidos respecto del tema Malvinas, es decir, la invasión —en aquel caso— de nuestro propio territorio y su recuperación. ¿Hay otra vez una falacia respecto de no comprender esa realpolitik: más allá de ventajas coyunturales que pueda plantear a Estados Unidos una mejor relación con Argentina, hay fuerzas mucho más importantes que entran en juego, obviamente Europa e Inglaterra siempre van a terminar siendo más importantes que las Islas Malvinas para los Estados Unidos?
Totalmente, profesor. Coincido 100% con lo que usted dice. Lamentablemente, la clase política argentina no aprende la lección de la realpolitik en términos internacionales. Cometimos el mismo error en la Guerra de Malvinas pensando que Estados Unidos iba a jugar de nuestro lado, o con muchas potencias que a la hora de ejercer una estrategia sobre sus intereses nacionales no contemplan simpatías políticas ni supuestas hermandades folclóricas. Es decir, son intereses duros, líneas rojas, negocios y agendas de seguridad. Si uno no entiende el juego, siempre queda al margen y un poco desconsolado porque el mundo no entiende lo buenos que somos, ni las simpatías o necesidades que Argentina tiene al no poseer la suficiente fuerza y el respaldo económico, político y militar para hacer valer sus intereses.
Le pido ahora salir de nuestra perspectiva local argentina, la Doctrina Monroe y Malvinas, para ir a la relación de Estados Unidos con Europa y la de Inglaterra con Europa. Respecto al Brexit, hay una corriente mayoritaria dentro de Inglaterra que considera que al final terminó siendo contraproducente. ¿Cómo se imagina el futuro de la relación de Inglaterra con el resto de Europa? ¿Se imagina en algún momento que pueda regresar a la Unión Europea? ¿Y de Estados Unidos con Europa en su conjunto?
Inglaterra, como Europa, está sumida en una crisis de identidad y de valores. Vemos que, por primera vez, el rey de Inglaterra no jura como defensor de la fe cristiana anglicana, sino que lo hace en función del multiculturalismo que actualmente forma parte de la agenda política y social del Reino Unido. Es la primera vez que se ve una situación semejante, teniendo en cuenta que la bandera británica tiene como simbología la Cruz de San Jorge, la de San Andrés y la de San Patricio: no va a haber bandera más cristiana que la Union Jack. Entonces, eso choca con los reclamos identitarios de una base política que se inclina hacia la derecha, hacia Nigel Farage, más que con este gobierno laborista que lamentablemente es muy malo. Tanto es así que el actual primer ministro, Andy Durkheim, está tratando de hacer equilibrio en una gestión que heredó de Starmer y no le encuentran la vuelta a la salida de una agenda política que considera actualmente que fue un error salir de la Unión Europea. Por eso votaron en contra de Boris Johnson. Inglaterra podría volver a la Unión Europea, pero la confianza ya está rota en algún punto.
Fernando León, muchísima gracias. Un gusto tenerlo aquí como siempre.
Muchas gracias, profesor.
MEG/LT