En Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), Gabriel Puricelli analizó la escalada de los conflictos internacionales y cuestionó tanto la estrategia de Donald Trump frente a Irán como la capacidad de Estados Unidos para influir sobre Israel. Según el especialista en política internacional, el presidente estadounidense "ha abierto una caja de Pandora" con consecuencias difíciles de controlar, mientras que el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, "no se preocupa demasiado por los comunicados de prensa, sino que habla desde la boca del fusil", en referencia a la continuidad de las acciones militares más allá de los intentos diplomáticos de Washington.
Gabriel Puricelli es licenciado en Sociología por la Universidad de Buenos Aires y ejerce la docencia en la Especialización en Estudios Contemporáneos de América y Europa de dicha institución. Se desempeña como coordinador del Programa de Política Internacional de Laboratorio de Políticas Públicas. Cuenta con un largo recorrido en derechos humanos, habiéndose desempeñado históricamente como secretario de Derechos Humanos entre 1989 y 1992 y, más recientemente, como miembro del Consejo de Administración de Amnistía Internacional Argentina hasta finales del año 2024.
No sé si el mundo está patas para arriba, pero considerando la postura de Donald Trump respecto del acuerdo nuclear, la política de presión máxima con Irán, ¿cómo ve usted que se va a ordenar esta disrupción que se generó a partir de lo que se pensaba que iba a ser algo rápido, como fue en el caso de Venezuela para Estados Unidos, y termina siendo una pesadilla?
Es difícil pensar que esto se vaya a ordenar, si por ordenar entendemos volver al punto de partida. Parece que, en este caso, Donald Trump ha abierto una caja de Pandora y va a ser difícil lidiar con los fantasmas que ha liberado. El error de cálculo evidente de no haber previsto las consecuencias globales que esta guerra iba a tener inmediatamente por el cierre del estrecho de Ormuz muestra a un liderazgo de los Estados Unidos que ha olvidado por completo su responsabilidad de buen ciudadano internacional.
Y, obviamente, las idas y vueltas que estamos viendo en la negociación con Irán muestran todos los días indicaciones de lo que no hay que hacer en una negociación. En general, las negociaciones se mantienen discretas y parcialmente ocultas a la vista del público mientras se liman rispideces, y solo se empieza a insinuar la posibilidad de llegar a un acuerdo cuando hay confirmación de las partes involucradas de que ese acuerdo es posible.
Trump viene reiteradamente incumpliendo esta regla de oro de la negociación internacional, anunciando acuerdos inminentes que no solo después no se verifican, sino a los que suceden, como por ejemplo en las últimas horas, intercambios de fuego, una ruptura del alto el fuego precario que estaba vigente y durante el cual se debían llevar adelante las negociaciones mediadas por Pakistán.
Irán acusa a Donald Trump de romper el alto el fuego y suspende las negociaciones de paz
¿No hay una cuestión de fondo allí, que es que Trump negocia como si Israel fuera el Estado 51 de los Estados Unidos, y Netanyahu independiente del presidente norteamericano, cuando en realidad el punto central es que no puede lograr que Netanyahu acepte dejar de avanzar sobre el Líbano en una estrategia que es mucho más trascendente que la misma con Irán? O sea, ¿no hay una cuestión de fondo allí irresoluble?
Efectivamente, existe esa dinámica de un Trump que da por descontado que está hablando por los Estados Unidos e Israel. Israel no se preocupa demasiado por los comunicados de prensa, sino que habla desde la boca del fusil. El alto el fuego bilateral entre Estados Unidos e Irán en ningún momento ha obligado a Israel a detener su incursión cada vez más profunda, ordenando en las últimas horas algo que, bajo la ley internacional, no se puede ordenar, que es la autoevacuación de suburbios del sur de Beirut.
Efectivamente, Netanyahu actúa como si no tuviera la dependencia material que efectivamente tiene de los Estados Unidos, porque sabe que, en última instancia, Trump y el establishment gubernamental de los Estados Unidos no van a cortar el chorro del reaprovisionamiento permanente de Israel.
Hay que recordar que Israel es un ejército poderosísimo, es un país que tiene la bomba nuclear, pero que, al mismo tiempo, depende del reaprovisionamiento permanente por parte de los Estados Unidos. Las estimaciones de los expertos militares dicen que una campaña intensa de Israel no puede durar más de dos semanas si no garantiza que las líneas de suministro provenientes de los Estados Unidos continúen.
Ese poder que Estados Unidos tiene, Estados Unidos no lo ha ejercido nunca. Y esto no es privativo del gobierno de Trump, sino que lo hemos visto bajo el gobierno de Biden, que en ningún momento logró torcer la mano de Netanyahu mientras producía un aplanamiento de la Franja de Gaza.
Al mismo momento tenemos que Rusia intensifica como nunca sus ataques, no solamente en Ucrania, sino inclusive más allá. ¿Qué relación encuentra usted entre esta intensificación de los ataques de Rusia con cierta sensación de que el mundo está desprevenido y preocupado por lo de Irán, y eso le permite, de alguna manera, a Putin avanzar en direcciones que antes a lo mejor se hubiese autoimpuesto?
Putin es, desde hace 20 años, el gran descontento con el orden mundial postsoviético. Su anexión de Crimea en 2014 y, mucho más, su agresión directa al territorio ucraniano en 2022 fueron dos grandes gestos de revisionismo geoestratégico. Hoy Putin se siente legitimado por el comportamiento de Trump, que viene a sumarse a esta liga de los descontentos con el lugar que les tocó en el orden mundial.
Por supuesto, en el caso de Trump esto es completamente contraintuitivo. Porque un país situado en el pináculo del orden internacional que esté descontento con ese orden es algo difícilmente pensable. Pero, en ese contexto de deslegitimación del derecho internacional, por supuesto que Putin siente que su posición se ha fortalecido enormemente, porque la partitura que él está siguiendo en Ucrania, en alguna medida, prefiguró la partitura adoptada por Trump en Venezuela, en Irán y en los otros 12 países de un total de 14 que ha bombardeado desde el inicio de su gestión en 2025 Donald Trump. Ocho de esos países eran países que los Estados Unidos no habían bombardeado nunca.
Israel tomó el control sobre una histórica fortaleza al sur del Líbano
Lo traigo entonces al continente latinoamericano y empiezo primero por las continuas especulaciones respecto de que Cuba podría ser el triunfo preelectoral para Trump que no pudo lograr en Irán, y las elecciones en Colombia, donde todo parece indicar que el candidato más cercano a Trump, de extrema derecha, es quien más posibilidades tiene de ganar en la segunda vuelta. No sé si eso mismo le da todavía más alas a Trump en su deseo de que, antes de las elecciones de medio término de este año, tenga algún triunfo concreto en Cuba.
Sin duda que Trump se siente legitimado por los resultados de la primera vuelta en Colombia. Como una nota al pie, yo dejaría abierto el resultado de esa elección. Por supuesto, De la Espriella está acompañado por el factor sorpresa, pero no es la primera oportunidad en que las encuestas se equivocan en Colombia. Esta vez se equivocaron de manera clamorosa, pero había sucedido lo mismo cuando fue electo y reelecto Juan Manuel Santos, y toda una serie de antecedentes.
Pero, volviendo al centro de su pregunta, efectivamente Cuba está al tope de la agenda por razones que son previas a la aplicación de la Doctrina Monroe o al corolario Trump de la Doctrina Monroe que está en acto en nuestro hemisferio. Y la razón previa es que Cuba es una cuestión no de política internacional para los Estados Unidos, sino una cuestión de política doméstica. Cuando se piensa en Cuba, se piensa en asegurar el triunfo electoral en el sur de la Florida, la única comunidad latina que históricamente ha votado mayoritariamente por los republicanos y no por los demócratas, al contrario de lo que sucede con esa comunidad en el resto de los Estados Unidos.
Así que ese factor refuerza a un gobierno que es enormemente agresivo por sí mismo. Bueno, en el caso de Cuba se superpone con una política que, hasta Obama, había sido siempre una política de máxima tensión y que, desde el primer gobierno de Trump, volvió a ese terreno. Probablemente no sea una ecuación tan sencilla como la ecuación venezolana, donde es muy evidente, y se hace con el correr de los meses cada vez más evidente, que había un acuerdo previo con los hermanos Rodríguez y que esta es una transición pactada.