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MODO FONTEVECCHIA
Cine industria

Juan José Campanella opinó sobre el streaming: “Las plataformas fueron una evolución para la TV pero una involución para el cine”

El director traza un recorrido íntimo sobre su carrera y lanza una mirada crítica sobre el presente cultural. Atraviesan la charla el impacto de las plataformas, la pérdida del star system y la necesidad de sostener la creación frente a un tiempo que corre cada vez más rápido.

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Hogar. El teatro Politeama, una casa viva para la comedia porteña. | Marcelo Dubini

El streaming redefine el mapa cultural argentino, con un alcance que supera el 60% de penetración y más de cinco horas semanales de consumo por usuario, impulsado por plataformas globales y producción local en expansión. A ese escenario se suma la mirada crítica de Juan José Campanella, quien advierte en Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190): “Las plataformas fueron una evolución para la TV pero una involución para el cine”.

El director, guionista y productor argentino, Juan José Campanella, es una de las figuras más reconocidas del cine argentino a nivel internacional, tanto que alcanzó su mayor consagración con la película El secreto de sus ojos, que ganó el premio Óscar a Mejor Película Extranjera en 2010. Además de su trabajo en cine, desarrolló una extensa carrera en televisión, tanto en Argentina como en Estados Unidos, donde dirigió episodios como House, Law & Order y 30 Rock.

¿Qué te lleva a esa, yo diría, incansable actitud de hacer? ¿Es un imperativo interno? ¿Qué te empuja?

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Yo pensé que con el tiempo eso se iba a disminuir, se iba a aflojar, me iba a dar la posibilidad de calmarme un poco, de ralentar el ritmo de trabajo. Pero termina siendo al revés, porque ahora cada vez que freno el fantasma de la irrelevancia empieza a aparecer, ¿viste? Entonces tiene otra urgencia que la que tenía antes. Antes eran las ganas de estar activo; ahora las ganas son las de calmarme, pero vengo perseguido por ese fantasma de la obsolescencia.

O sea que, en realidad, lo que produce es una aceleración, la sensación de que hay menos tiempo.

Exactamente. La sensación de que hay menos tiempo. El tema de internet, del online, etcétera, etcétera, o por ahí fallando. Pero esa era la percepción, Jorge. Y yo me siento cada dos o tres años que pasan diez años más removido del zeitgeist. A veces me cuesta entender a la sociedad, y yo trabajo como amplificador de la sociedad, ¿no?

Así que esas son cosas que se van generando y que me hacen pensar mucho.

Pensaba también esto respecto de que los votantes más jóvenes son los que han votado en mayor proporción por La Libertad Avanza y las personas de más edad han votado en mayor proporción por alternativas distintas, muchas de ellas más moderadas. No digo necesariamente que sean de un sector político totalmente opuesto, pero sí más moderadas. Entonces lo asocio con este tema de la edad. Uno podría suponer que los más jóvenes quieren todo rápido, o al revés, que tienen tiempo para equivocarse.

Sí, o también hay una cuestión hormonal. Los más jóvenes quieren grito, quieren acción, quieren efervescencia, se crecen en la turbulencia. Nosotros, con el tiempo —o por lo menos a mí me pasa—, yo crezco en la tranquilidad. Cuando estoy nervioso o en la efervescencia, no puedo lograr ese estado de concentración que necesito para escribir, para generar una historia, para planear una película o una obra de teatro, donde hay tantas piezas que se mueven. Cuando una sociedad está en estado de alerta permanente y en estado de conflicto, no se puede crear.

Si vos estás todo el tiempo pendiente de qué pasó, de lo que dice uno o lo que dice otro, no se puede vivir. Te peleás con tu primo, con tu hermano. Cada reunión familiar deja de ser un espacio de encuentro y se convierte en una pelea política. Yo no puedo crecer en eso. Los jóvenes, históricamente —porque no tiene que ver con la ideología—, hoy votan mayormente a La Libertad Avanza; ayer fue el kirchnerismo y antes la izquierda.

El cliché era: de joven se es de izquierda, de grande se es más moderado o conservador. Pero creo que tiene más que ver con ese estado emocional que uno necesita para dar la lucha.

Creo que, por lo menos en nuestra vida, por primera vez la derecha toma un discurso emocional y efervescente. Fue algo que antes era propiedad de la izquierda. Vos mencionabas en los años 70 a los jóvenes con visiones más extremas. Entonces uno podría plantearse que tanto en los 70 como hoy los más jóvenes comparten el extremismo. Finalmente, el gran protagonista de esta historia es la democracia. En los 70, los jóvenes que planteaban la revolución lo hacían porque la democracia era lenta, no resolvía. Y hoy, con la extrema derecha, la crítica es la misma: la democracia no se come, no se cura, como decía Raúl Alfonsín. Entonces, en ambos casos vemos que la juventud se comporta de la misma manera, independientemente de si es derecha o izquierda.

Que quieren rápido y rompiendo. Uno, con el tiempo, se va dando cuenta de que no es un tema de romper, sino de arreglar, de restaurar, de renovar. Sí, necesitamos en Argentina un trabajo de restauración, pero no de romper todo, porque empezar de cero es mucho más difícil.

Y en ese sentido, hablando de cuestiones etarias, decían que el predictor de voto antes era socioeconómico y hoy muchas veces está en el género y en la edad. Parque Lezama es una narrativa etaria, finalmente. Está basada en una obra que yo vi a los 24 años, y no la vi como que el tema era la edad, sino que la edad era la circunstancia de los personajes.

El tema tenía más que ver con el conformismo versus compromiso, con dos visiones de la vida más allá de las ideologías. Es como Casablanca: la Segunda Guerra Mundial es la circunstancia, no el tema central. Los temas son otros. La edad vuelve las decisiones más urgentes, más puras. El que lucha a los 90 años lo hace como actitud de vida.

Eso es lo que me pegó fuerte de Parque Lezama y lo que le pega a la gente: que vale la pena sostener las convicciones en todo momento. La obra pone en blanco y negro dos posiciones como si fueran de dos personas distintas, cuando en realidad uno tiene esas dos posiciones adentro, en conflicto. Y con el tiempo se llega a la sabiduría.

Ustedes construyen más subjetividad que los periodistas. Con la ficción influyen sobre los valores, sobre lo que es bueno o malo. Me parece un mensaje muy oportuno. La grandeza de quien lucha a los 90 años es que lo hace por puro ideal. No hay cosecha a los 90 años, solo siembra.

Sí, mirá, esto que dijiste me lo dijiste vos en un almuerzo con Jorge Estrada Mora hace como 15 años, y a mí me quedó muy grabado cuál es nuestro trabajo. En los últimos años, desde que resolví tratar de no hablar de política partidaria en público, me sostengo en eso, ¿viste? No es mi trabajo fundamental. Es verdad: a mí me ha pasado —no voy a hablar de mis películas— que muchos de mis pensamientos, valores y manera de encarar la vida los formó el cine, los formaron películas, y uno lleva eso después para analizar la realidad que ustedes nos dan.

Porque es verdad, además vivimos en una época en el mundo entero —esto no es la Argentina, no es para nada un fenómeno argentino— de relativismo moral, en donde parecería que vale todo, donde todo se naturaliza, donde cosas que hace no mucho, 15 años, significarían el fin de la carrera política de una persona, hoy se aplauden o se dicen al aire. Bueno, estamos viviendo en tiempos moralmente confusos y eso hace que nuestro trabajo sea también bastante relativo.

El teatro sobrevive más que las salas de cine. ¿Qué tiene el teatro que le da esa longevidad permanente?

Mirá, sí, evidentemente el teatro se recuperó después de la cuarentena, cosa que el cine lamentablemente no. El teatro es irreemplazable. Es como el turismo: vos no podés ver un libro sobre París y decir “estuve en París”. De la misma manera, en el teatro esa presencialidad, ese estar ahí con los actores, es como ir a ver un recital de tu músico favorito o escuchar un disco. Seguramente lo escuchás mejor en el disco que en el recital, pero no estás ahí, no sos testigo, no sos esa persona que parece estar escondida en un rincón viendo lo que pasa en esa vida que se desarrolla frente a vos.

Es una cosa maravillosa el teatro. Y hoy por hoy, además te digo, de las artes representativas —junto con los conciertos—, no estoy hablando de música en sí, sino de las artes como teatro, televisión y cine, por ejemplo, el teatro es el único en donde vos podés compartir con 600 o 700 personas un hecho, una historia, y se ríen todos al mismo tiempo, se emocionan todos al mismo tiempo. Todo es mucho más potente que verlo solo en tu casa. Mucho más potente.

La gente que va al teatro, cuando funciona, sale con eso: con lágrimas en los ojos, le queda horas, días pensando. A nosotros nos ha pasado que recibimos mails días después de gente que nos agradece lo que pasó, la euforia con la que reciben a los actores y con la que los despiden —más que con la que los reciben, porque ya vieron la obra—. Es algo que, estando solo en tu casa, no es tan potente. Entonces, la gente que hace el esfuerzo de ir al teatro, cuando conecta con una obra que le llega de esa manera, vuelve y vuelve porque es irreemplazable.

Vos viste Parque Lezama.

Sí, claro. En teatro, a los 10 minutos te parece que estás en el parque, y es cartón pintado, ¿viste? Esa convención: si vos filmás el teatro y mostrás eso en una pantalla de tu casa, decís “no, ¿qué es esto?”. Hay que estar ahí. Se genera una magia que es realmente única. Yo ponía el ejemplo —no sé si aquella vez con Jorge Estrada Mora— de que yo creía que los medios periodísticos son como el teatro, que van a perdurar siempre. Hay algo… digo, vos leés en papel los fines de semana o solo por internet. Pero leo lo que reemplazó al papel, no al leer, que es la tablet. Me reservo ese momento.

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Cuando leés en tablet, leés el formato de paginación de papel.

Los domingos me gusta desayunar tranquilo. En casa sabemos que no es momento de charla: es de leer el diario, las editoriales, las opiniones de la gente que uno sigue, y sí, estar dos horas con eso.

¿Cómo sigue el cine? ¿Hasta qué punto fenómenos como Netflix terminan vitalizando una industria o, al mismo tiempo, son un modelo que a largo plazo tiene limitaciones?

Mirá, el tema de las plataformas es de mucha complejidad porque creo que, en un sentido, es una evolución de la televisión, pero ha sido una involución para el cine. Yo lo que más lamento es que las plataformas podrían haber reemplazado a la televisión sin necesidad de haber lastimado al cine. Pero bueno, así serán los modelos de negocios.

Ya estoy empezando a leer bastantes notas al respecto, de gente con capacidad de decisión, que se pregunta si no han matado a la gallina de los huevos de oro.

No hay generación de estrellas. Ya cada vez menos existe el “voy a ver la última de tal”. Cuando se menciona ese nombre, estoy seguro de que es alguien de más de 50 años, una estrella de hace 15 o 20 años. Los nuevos… hace poco me cayó una idea: murió Brigitte Bardot, ¿te acordás? Hace poco. Yo no sé si alguien vio una película de ella. Yo no recuerdo haber visto nunca una película, pero es un ícono que muere 60 años después de ser famosa y la recuerda todo el mundo.

Y trato de pensar: ¿quién de hoy o de los últimos cinco años puede ser recordado dentro de 60 años como un ícono? No sé quién es la Brigitte Bardot de hoy, ni quién es el De Niro, ni quién es el Pacino, ni el Newman.

Esa cosa que cuando existía el Star System a veces la denostábamos como algo superficial, hoy me doy cuenta de que es necesaria. Seguir a esa gente es como seguir a un artista. Uno establece una relación emocional, sigue su trabajo, sus errores y aciertos. Es un elemento emocional que te llevaba al cine y te conectaba con eso.

Hoy da la impresión de que todo es más chico.

Vos sabés, permitime hacer un corolario con esto. Volviendo a cuánto la representación del espectáculo construye la realidad, incluso aquella idea de que la política se convertía en representación espectacular. Vos decís “no existe más el Star System” y alguien podría decir “no existen más los partidos políticos”.

Finalmente, la fragmentación lleva a famas instantáneas de poco tiempo. Creo que es algo común a la representación cultural a través de la ficción como a la representación política. Lo que estamos viviendo es, vuelvo a la idea del tiempo, una aceleración donde todo es efímero y todo se vuelve más pequeño.

MV/ff