Las pymes atraviesan una crisis profunda, con cierres, caída del empleo y ventas en retroceso, mientras los costos y la presión impositiva siguen erosionando la rentabilidad. Ante este escenario, Ricardo Diab, presidente de la CAME, analizó en Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190) el impacto de la apertura comercial, la falta de consumo y las dificultades para competir, y resume el clima que recorre al sector con una frase que condensa la paradoja actual: “Muchas PyMEs están mal pero no quieren volver al pasado”.
El dirigente empresario argentino, Ricardo Diab, está vinculado históricamente al sector comercial y pymes, con fuerte presencia en Rosario y la provincia de Santa Fe. Se desempeñó como presidente de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) y también condujo la Asociación Empresaria de Rosario (AER). A partir de esos roles se convirtió en una de las voces más activas del comercio minorista y de las pequeñas y medianas empresas, especialmente en debates sobre consumo interno, inflación, tarifas, presión impositiva y políticas económicas.
Tiene todas las credenciales para tratar de ayudar a comprender cuánto el conflicto por los caños de Techint de la semana pasada. Es un hecho puntual o es la punta del iceberg de una situación para toda la industria argentina que va a terminar derramando sobre empresas mucho más chicas que Techint y que, de alguna manera, demuestra que, si Techint no puede competir, mucho menos lo podrán hacer las medianas empresas y las pymes.
Sí, evidentemente son momentos muy complejos, en líneas generales, para lo que nosotros representamos, que son las pequeñas y medianas empresas. Estamos en una situación muy compleja, no tanto por lo que estamos viviendo en estos momentos, sino por lo que estamos avizorando hacia futuro, que también tiene mucho que ver con la reforma laboral pendiente o con una reforma tributaria que pueda haber.
Pero hoy la apertura de la economía, a nuestro gusto, no es de la manera que debería ser. Porque somos conscientes —yo soy un hombre que ha trabajado y sigue trabajando mucho en el comercio internacional— de que para poder exportar hay que importar. Sabemos que necesitamos mucha incorporación de tecnología, insumos, etcétera, con la mayor velocidad y capacidad posible, sin intermediación, sin corrupción de por medio, por supuesto. Pero nos resulta muy difícil, en líneas generales, a nuestras pequeñas empresas, poder competir con los precios de los productos que vienen de otra economía, otro tipo de producción, impuestos más arriba, impuestos más abajo.
A veces decimos, en una mesa común, que por más que nos bajen algunos impuestos hay veces que es imposible competir con los valores de los productos que vienen de China, independientemente de las calidades. Por lo cual, si no hay un comercio internacional administrado de alguna manera, como nosotros preferimos, vemos que va a haber mucha dificultad. Bueno, Techint es una multiempresa, multinacional, está en otra esfera de situaciones, pero es una muestra de dónde podemos llegar bajo este criterio de manejo del comercio internacional.
¿Cuántas pymes y medianas empresas que integran CAME son proveedoras de Techint?
Nuestro universo fundamental, lo que más nos compone, es el comercio. La parte industrial nuestra es una parte industrial pyme, pero sí están esos pequeños productores, como autopartistas o proveedores, y realmente creo que eso, de manera significativa, en la cadena productiva va a generar inconvenientes. No solamente en este caso: como estamos viendo, el sector nuestro de autopartes, que está diseminado en todo el país, se está viendo en peligro por la invasión de productos chinos, de autos chinos, que ya no van a hacer tan necesaria la autoparte que se fabricaba en una región, en un pueblo, en una localidad con una especificidad. Por lo cual creo que todo, de una u otra manera, está concatenado.
Entiendo que por su experiencia atravesó otras crisis similares, por ejemplo, a los años noventa, con apertura de importaciones y dólar barato. Me gustaría que hiciera una comparación de este momento de las medianas y pequeñas empresas con otros momentos críticos de la Argentina.
Me da la sensación de que en los primeros cinco años del presidente Menem vivimos una etapa de cierta distensión, donde muchos pudieron aprovechar para tecnificarse, porque era posible comprar maquinaria en el exterior, más aquello del dos por uno para viajar al exterior. Yo me ocupo y me preocupo más por aquel que supo invertir y tecnificarse en ese proceso. Luego vino la segunda etapa, donde, no sé, no soy erudito en la materia económica, si pagando lo que disfrutamos tal vez en la primera, vino la consecuencia después: esa segunda etapa donde se empezó a complicar la situación económica. Veo que este gobierno lleva dos años y todavía nosotros no sentimos el alivio que estamos esperando, con mucha vocación y voluntad. Yo mismo, si ven algunos reportajes míos del año anterior, esperaba que el acercamiento entre el poder adquisitivo y el valor de los productos se produjera ya hace tiempo y pudiera, en ese sentido, mejorar todo. Se viene dilatando el tiempo, por lo cual me hace acordar más al último período de Menem que al primero, pero lo veo diferente. Todavía no veo las bondades en lo productivo, que es lo que nos importa a nosotros.
Por supuesto, el equilibrio fiscal es importante, bajar el déficit, pero en lo productivo todavía no vemos ese desarrollo.
¿Es usted más pesimista hoy que hace un año?
No. Hoy les debería decir que hace un año la tenía más clara. Hoy no tengo elementos para poder decir qué puede pasar en los próximos, por lo menos, tres meses, si es que no hay algún anuncio extraordinario que pudiera modificar la situación. ¿A qué me refiero? A la falta de consumo, que tiene mucho que ver con el poder adquisitivo. El poder adquisitivo está menguado y se lo habla alguien que, cuando tiene que trasladar a sus asociados si tendríamos que mejorar en cuantía los salarios, ve que es casi imposible, porque las empresas hace mucho tiempo que están perdiendo rentabilidad.
Por lo cual, con el 1% que nos pueden homologar, acordémonos de que pasamos tres meses y pico sin que nos homologaran el convenio, estando de acuerdo del lado del comercio con nuestros paritarios, porque habíamos excedido ese uno por ciento. Así que aquel asalariado que hoy no puede comprar un producto porque no le alcanza, dentro de tres meses, con tres por ciento más y sumándole el aumento de los servicios, no creemos que tenga ese poder adquisitivo. Y menos si aún no ponemos cuotas. Cuando las cuotas aparecieron con una tasa razonable, hubo dos o tres meses de mejor venta, fundamentalmente en indumentaria, textil y calzado, que eran imposibles de pagar en cuotas.
Por lo cual, si no tengo incentivo al consumo, los salarios no escalan a un nivel que tampoco podemos llegar a pagar todavía. No veo por qué, dentro de tres o cuatro meses, esto vaya a cambiar los números.
La mayoría de los miembros de CAME, en su pálpito —obviamente no puede saberlo con exactitud—, ¿cree que votaron por Milei tanto en 2023 como en 2025?
“La empresa india que ganó la licitación en Vaca Muerta factura un décimo de lo que factura Techint”
Hay muchos que votaron y siguen, y debo decirle que muchos no quieren volver a lo que vivieron. Y aun estando no bien su comercio, hoy nos dicen, en un porcentaje muy elevado, que están esperanzados y siguen. O sea, no es que nosotros seamos obsesionados: nosotros representamos intereses, y los intereses que yo represento, la pequeña, mediana y microempresa, me dicen cuál es la realidad. La realidad hoy es que está mal, pero todavía hay un colchón que nos sigue diciendo: preferimos seguir esperando que pueda haber una mejora.
MV