La polémica sobre el patrimonio del petróleo venezolano se centra en quién controla los yacimientos tras la caída de Maduro y la intervención militar de Estados Unidos, así como en cómo Washington planea “cobrar” la operación con los recursos energéticos del país. Según una entrevista en el programa Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190), el politólogo venezolano Armando Armas analizó la situación actual, distinguiendo entre las nacionalizaciones legales de los años setenta y las expropiaciones arbitrarias del chavismo.
El politólogo, investigador y analista político venezolano Armando Armas está especializado en autoritarismo, movimientos extremistas y vínculos entre regímenes latinoamericanos y actores internacionales. Sus trabajos analizan especialmente las conexiones del poder venezolano con organizaciones armadas, estructuras de desinformación y alianzas geopolíticas no democráticas. Además, es cofundador del Observatorio de Extremismo, un espacio dedicado a investigar redes políticas, ideológicas y económicas asociadas a gobiernos autoritarios, con foco en Venezuela, Cuba, Irán, Rusia y China.
Primero, su balance de lo que pasó y de lo que está pasando en Venezuela.
Muy felices los venezolanos, porque vemos la intervención quirúrgica que realizó la administración Trump en Venezuela. Un acto de justicia que no está culminado, pero que nos deja muy conformes. Los puntos de divergencia son, directamente, desde el punto de vista técnico: operaciones militares, diplomacia e historia.
La verdad es que el presidente Trump fue ambiguo. Efectivamente, en Venezuela hubo nacionalizaciones en los últimos años que no fueron acordes a derecho. Hablo, por ejemplo, del caso de ConocoPhillips y de otras empresas, no solo petroleras. Se aplicó lo que en el argot inglés se llama hostile takeover: el gobierno imponía condiciones y decía “o aceptás el precio que yo digo o te vas”. Eso ocurrió no solo con petroleras, sino también con muchas otras empresas.
Simplemente para tratar de no tener sesgos de ningún tipo, ni a favor ni en contra, lo que estamos tratando de decir —y corregime si me equivoco— es que las nacionalizaciones de la época de Carlos Andrés Pérez son distintas a las que hizo Chávez. Las de Pérez fueron justas, se pagaron indemnizaciones y no hubo presiones extremas, mientras que las de Chávez sí se llevaron adelante de esa manera. ¿Es correcto hasta aquí?
Cuando se alude al proceso de los años setenta, hay que aclarar que se trataba de concesiones que estaban próximas a vencer. Cuando el presidente Carlos Andrés Pérez nacionaliza, realiza una compensación legal, con justo precio, a las empresas petroleras norteamericanas, que de otro modo no hubiesen recibido compensación alguna al finalizar las concesiones. Fue una decisión estratégica: se pagó la nacionalización y los venezolanos obtuvimos mayor control de nuestros recursos naturales a través de la empresa nacional, la Corporación de Petróleos de Venezuela y PDVSA.
Siempre existieron convenios operativos con empresas norteamericanas y buenas relaciones contractuales. Nunca se rompió ese vínculo, porque ellas aportaban capital. Lamento que hoy haya analistas con un sesgo ideológico respecto del presidente Trump y de la política estadounidense, que no observan el panorama completo. El panorama completo es que el derecho internacional nos falló a los venezolanos. El llamado orden liberal internacional nos falló, no solo a Venezuela, sino a muchas regiones del mundo. Falló a comunidades cristianas en Nigeria, a la comunidad judía en distintos países y a la comunidad palestina, que no encontró soluciones ajustadas a derecho.
Cuando se advertía que Venezuela podía convertirse en una Libia o un Irak, hoy vemos que no hubo un caos masivo. Existe una disposición del régimen a negociar una salida ordenada. Trump negocia desde una posición de poder, con cartas firmes sobre la mesa, lo que se conoce como upper hand. El mensaje es claro: lo que se hizo con Maduro puede hacerse con otros actores si no negocian una salida pacífica. A diferencia de Saddam Hussein y Muamar Gaddafi, Maduro tendrá un juicio justo en una corte de los Estados Unidos. Ese principio del derecho al debido proceso, del que poco se habla cuando se mencionan derechos humanos, hoy se está ejerciendo allí. No lo garantizó la Corte Penal Internacional ni las agencias de derechos humanos de Naciones Unidas. Ese orden internacional tampoco nos protegió.
Hoy los venezolanos estamos esperanzados y agradecidos con la administración Trump. Sabemos que es posible construir un futuro con una economía próspera, donde los recursos naturales beneficien a los venezolanos. Actualmente, la extracción de petróleo se realiza con ayuda de Irán, Cuba, China y Rusia, evadiendo sanciones y profundizando una crisis humanitaria. En un ejercicio de soberanía, los venezolanos elegimos a Edmundo González Urrutia en elecciones que el régimen decidió desconocer. Entendemos que una relación de amistad y cooperación con Estados Unidos es más beneficiosa que vínculos con potencias autoritarias y violadoras de derechos humanos.
Ejercimos la soberanía con el voto. La gente apoyó a María Corina Machado, que propone un esquema liberal denominado Venezuela Tierra de Gracia, donde se plantea la privatización de sectores estratégicos. Todo proceso tiene costos. Nada es gratis. Los venezolanos luchamos durante 25 años para desalojar a criminales del poder y optamos por no recurrir a una lucha armada. Solo una intervención permite minimizar el trauma y los costos.
Está muy bien, pero van a tener que pagar por eso. Venezuela es soberana y puede elegir el modelo que quiera: si decide privatizar PDVSA, las empresas deberán competir y pagar lo que corresponda para que el beneficio quede en el pueblo venezolano, como ocurrió con otras privatizaciones. De lo que se trata es de que el derecho sea de Venezuela y de no poner en discusión las estatizaciones de 1971, que sí fueron pagadas. Si empresas extranjeras quieren quedarse con PDVSA, deben pagar lo que corresponde, porque no fue estatizada de manera ilegal.
Eso genera gastos y dinámicas de poder que deben comprenderse. Queremos las mejores relaciones con Estados Unidos, un país con el que históricamente mantuvimos vínculos sólidos. La industria petrolera venezolana se desarrolló desde principios del siglo XX con empresas norteamericanas y europeas. El Estado moderno venezolano pudo consolidarse, incluso, gracias a la intervención estadounidense frente a bloqueos europeos por deudas impagas.
Creo en la libertad, en el Estado de derecho, en un sistema republicano eficiente y en la democracia. Eso fue cercenado en Venezuela. Por eso afirmo que el orden internacional liberal falló. ¿Por qué Maduro no tuvo una orden de captura como Putin o Netanyahu? Algo no funcionó. En este escenario global de competencia entre China y Estados Unidos, la política de Trump está beneficiando la liberación y el desarrollo de Venezuela.
¿Cuánto tiempo llevas fuera de tu país? Comprendo perfectamente tu sentimiento.
Patricia Bullrich citó a Perón para justificar la intervención de Estados Unidos en Venezuela
Sueño todos los días con regresar a mi país y contribuir a su reconstrucción. Hay un dolor humano que el análisis geopolítico suele dejar de lado: familias divididas, personas que no pueden despedir a sus muertos. Agradezco este espacio porque permite mostrar ese componente humano, además del análisis y la historia.
MV